Oliver Sacks tardó en decidir su vocación de escritor, tras sus investigaciones y ejercicios clínicos de neurología y neuropatología, en especial por los enfermos de trastornos cerebrales provocados por la posencefalitis. Y la chispa que necesitó su escritura fue literaria, unas palabras de Wells que él mismo cita en sus memorias En movimiento. Una vida. “El único lugar en que nos movemos con soltura o con gracia es con las ideas y con las palabras. Nuestro amor por la ciencia es totalmente literario.” (cito por la traducción de Damián Alou según la edición de Anagrama). Se trata de la propuesta del logos clásico: pensamos lo que dicen las palabras.

A veces pienso si no lo soñé: en 2003, durante un viaje por el sur de Francia con mi novia de entonces, tras detenernos de buena mañana a comprar agua en un bar, me encontré con Jean-Paul Belmondo en la terraza. Me quedé helado: sí, era nada menos que Belmondo.
Yo ya me había encontrado en París con Jean-Hugues Anglade, paseando el carrito con su bebé a la vera del Sena, le había reconocido y él me dio conversación y estuvimos charlando unos minutos. Muy agradable el tipo.

La obra del recientemente fallecido Ernst Nolte ha servido, entre otras cosas, para reiterar el carácter inestable del pasado, que es el objeto por excelencia del historiador. Certeau señala que, junto con el psicoanálisis, la historia se caracteriza por ocuparse de un objeto ausente: el inconsciente y el pasado. En efecto, el pasado no está presente porque, de hecho, ha pasado, y esta impresencia es la que vuelve imposible su condición de objeto y, por tanto, su trato científico.

La soledad está bien para los adultos pero en los niños es una anomalía. Esto pensaba después de leer las noticias de prensa sobre el francotirador de Munich. La infancia es una época terrible, que solemos idealizar porque ha pasado y porque entonces teníamos menos años. Pero en ella se incuban las mayores tristezas y hay heridas que nunca se cierran.

La prosa de Lucia Berlin es sinuosa, palpitante, directa y llena de expresiones curiosas. Lanza un misil con sus interrogaciones, paladea algunas palabras que le son queridas, traza un dibujo concreto de situaciones, lugares y personas. Es un lenguaje que va de dentro hacia fuera. Que parte de un lugar indeterminado del interior y se ofrece íntimo y cabal a los lectores.

Noventa páginas ocupa esta nouvelle que tiene un título potente y proviene de una autora con gran prestigio en China, su país, pero muy poco conocida en Occidente. El resto de la edición lo ocupa una segunda pieza narrativa: “Bloqueados” de apenas trece páginas.

Hay un momento al principio del libro en el que Lily Boyne y Rose Curtland se tropiezan en medio del jolgorio bullicioso y casi aristocrático de una fiesta de antiguos alumnos en Oxford. Las fiestas de antiguos alumnos tienen todas el mismo aire de nostálgica pesadumbre pero, en esta ocasión, también goza de un sí es no elitista, cuajado de promesas incumplidas, de brillantez venida a menos y de conflictos sin resolver. Lily y Rose no son amigas ni lo han sido nunca y por eso no se conocen lo suficiente como para saber, en realidad, lo que piensa la una de la otra y viceversa. Así que, lógicamente, malpiensan. Aventuran adjetivos que no existen y manejan conceptos que no son exactos.

El verano, estación de los calores, produce efectos físicos y simbólicos de cierta importancia cíclica. A veces, no obstante, tiene algún relieve excepcional, como este verano de 2016.

Mi relación sentimental con el Escuadrón Suicida comenzó gracias a Paul Dini y Bruce Timm, creadores de Harley Quinn en la teleserie animada de Batman que comenzó a emitirse en 1992. Diez años después, cuando este personaje se integró en las filas del Escuadrón, me interesé por este peculiar equipo, creado en 1959 y renovado desde sus cimientos por John Ostrander en 1987.

Ciertas declaraciones de un alto mando militar israelí –si mal no recuerdo, el segundo en la jerarquía del Estado Mayor– han abierto un espacio de reflexión sobre el tema de la convivencia entre israelíes y palestinos en el convulso mundo del llamado Cercano Oriente (¿cercano de dónde, lejano de dónde? sería la clásica pregunta judía que Claudio Magris recuerda en un libro sobre el escritor Joseph Roth).

Lo que distingue a esta nueva entrega de Star Trek es un optimismo asumido sin ningún esfuerzo. En más de un sentido, la película es una aventura clásica, ambientada en un escenario galáctico que nos demuestra cómo los sueños de la humanidad pueden hacerse realidad.

Alguna vez Andy Warhol puso un equipo de video sobre una pared de Nueva York para que filmara largamente –si no recuerdo mal ocho horas– lo que fuera capaz de captar desde aquel estático punto de vista sobre la lejana vida de la ciudad. Lo conseguido es un mamotreto amorfo, una de las tantas tonterías que hicieron a la celebridad de Warhol para facilitar su ingreso en la historia del arte. Una filmación impersonal, anónima y sin historia, una objetividad indiscutible y sin forma.

El sueño de una buena narradora es encontrar a alguien que la escuche. Sentarse a desgranar las horas y los días, los hechos del pasado, el anhelo que el futuro está esperando aún a cumplir. Contar es tan antiguo como el hombre y sirve el mismo verbo para las matemáticas y el lenguaje.

Izumi Kyōka es un escritor japonés que vivió entre 1873 y 1939. Influyó directamente en Kawabata y fue muy admirado por Yukio Mishima.

"Soy la única mujer que dejó a Picasso, la única que no se sacrificó al monstruo sagrado. Soy la única que aún está viva para contarlo. Después de todo, mire lo que les ocurrió a las otras. Tanto Marie-Thérèse como Jacqueline se suicidaron (la primera se ahorcó; la segunda se pegó un tiro). Olga se volvió histérica y casi loca. Dora Maar enloqueció."

Vamos a estar inmersos en la escucha de un disco que ha sido crucial en las vidas de muchos de nosotros. Un álbum clave por numerosos motivos, y es que, lo creamos o no, ya han transcurrido treinta años desde que Peter Gabriel publicara este cuarto trabajo en su discografía particular.

Una de las consecuencias de convertirse en mito es que ya no importan los orígenes, sino la supervivencia en el imaginario colectivo. Así, a los más entusiastas de Tarzán acaso les importen algo sus raíces literarias, pero el común de los mortales se conformará con que el Rey de la Selva reaparezca de cuando en cuando, sin perder la dignidad en nuestra memoria.

La reciente masacre de Niza ocurrió durante una fiesta, un Catorce de Julio con fuegos artificiales junto al mar. Sea que el asesino haya sido un simple psicópata o alguien cuya psicopatía resultase arropada por una ideología terrorista, logró reunir el crimen con la fiesta y darle un final trágico, sombrío, sangriento. Poco antes, un torero segoviano había caído corneado en plena faena y dos mozos del encierro de Pamplona recibían sendos topetazos con graves resultados. Dos festejos con resultados letales o cuasi letales.

La evolución por medio de la selección natural –la gran idea de Darwin– es la columna vertebral de la biología, y una de las más poderosas ideas producidas por la mente humana. Y sin embargo, es también una de las peor entendidas por la mayoría de la gente.

Enrique José Varona (Camagüey, 13 de abril de 1849 - La Habana, 19 noviembre de 1933) es un filósofo y pedagogo cubano al que no creo que nadie conozca, excepto en las escuelas de filosofía de Cuba. Yo lo encontré por pura casualidad en una de mis búsquedas azarosas en la base de datos de la Biblioteca Nacional.