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Tercera época - Nº 327. ISSN: 2530-7169. Lugar de edición: Madrid, España. Entidad responsable. conCiencia Cultural

Muchas son las lecturas que provoca Salomé. No casualmente, han imaginado a la princesa de Judea pintores como Gustave Moreau, Tiziano, Henri Regnault, Federico Beltrán-Masses y Georges Rochegrosse.

Jugar es inventar una regla del juego, pero el juego cortazariano está muy determinado por reglas muy claras, de una elegante y persuasiva rigidez. La gratuidad de su fantasía tiene que ver con otra cosa, con la gracia del humorista, que se ríe de lo más trágico y con la perdida Gracia de los dioses muertos.

Eduardo Úrculo (1938-2003) es un alto ejemplo de artesanía sin mundo: ha sido un neopicassiano, un abstracto expresionista con rasgos informalistas, un pop que acredita, en su más reciente manera, una síntesis de estéticas como la historieta, el cartelismo y las reminiscencias del kitsch alimentado de cine espectacular.

Difícil de encuadrar, resbaladizo a las clasificaciones, Ramón sigue siendo más un escritor del cual se habla que un escritor leído. Es como un autor sin textos, del que hubiese sobrevivido su figura anecdótica y se hubiera perdido la obra.

Todo el tiempo ha tenido su “bella época”, un pasado no muy lejano y al cual se atribuyen las notas de estabilidad, prosperidad y paz que contrastan con las miserias, pequeñeces y conflictos del presente. El período europeo que va de 1870 a 1914 (de la guerra francoprusiana a la primera guerra mundial) coincide con el último instante eurocéntrico de la historia y es mirado desde décadas posteriores como un tiempo de opulencia, amabilidad y candor.

Hay pintores que sólo se advierten en su latitud con un panorama comprensivo (eventualmente, exhaustivo) de su obra. Zurbarán pertenece a esta raza de cazadores de personajes, de psicologías, de gestos, de actitudes.

El viernes 2 de octubre de 1992, la Residencia de Estudiantes recibió al músico francés Pierre Boulez (1925-2016), en diálogo con su colega nativo Tomás Marco.

No todo es salvar el planeta de invasores extraterrestres en el mundo de los cómics, y tampoco tiene por qué serlo en las adaptaciones cinematográficas de esos mismos cómics (o “novelas gráficas”, para los que se quieran sentir adultos).

Uno se da cuenta de lo poco que sabe sobre negocios cuando se entera de que estrenan una nueva entrega de Piratas del Caribe. ¿No se suponía que las secuelas de la primera película (La maldición de la Perla Negra, 2003) no habían sido del agrado del respetable, en especial la cuarta entrega (En mareas misteriosas, 2011)?

Frente a ustedes, un genio de la viñeta, John Byrne, y al otro lado del cuadrilátero, tenemos a uno de los personajes más singulares y carismáticos de la Casa de las Ideas, Hulka, la superheroína verde capaz de aplastar a los villanos y de encararse con el lector sin perder ni un ápice de su encanto.

Ya lo verán. Es tan nostálgico como fácil de explicar... Parece que fue ayer cuando adquirimos en el kiosco el número 30 de 1984. Costaba 120 pesetas ‒creo‒ e incluía entre sus páginas la primera entrega de una nueva serie de Bruce Jones y Esteban Maroto, Nave prisión.

La experiencia soviética emprendió su camino como un estallido libertador y luminoso que, al cabo de los años, reveló su naturaleza liberticida y opresiva. El mito revolucionario y la carnicería del gulag fueron las dos caras de un fenómeno sociopolítico que define al siglo XX, y que dividió irremediablemente a sus intelectuales.

El pasado se encarnó en el presente de los primeros descubridores de América. Confundieron los manatíes con las sirenas de las antiguas leyendas griegas, y dejaron constancia de ello en sus diarios y escritos. Dio buena cuenta de ello el historiador, escritor y folclorista peruano José Durand Flórez en su libro irrepetible: Ocaso de sirenas. Esplendor de manatíes (FCE, 1950, reeditado en 1983).

 saltamontes rosa brillante y una araña con forma de sombrero de mago con increíbles dotes para el camuflaje; plantas que sangran y orquídeas que recuerdan a la representación del diablo junto a un par de animales con cientos de pies son algunas de las Top10 descubiertas el último año.

La manera de consumir imágenes por parte del público actual, aquejado de eso que llaman déficit de atención (la falta de paciencia y la concentración de un niño de tres años, hablando en plata), ha complicado la existencia del género de suspense, cuya esencia es, precisamente, forzar el temple del espectador para mantenerlo tenso y pendiente.

Leer a Zygmunt Bauman es una permanente gimnasia para el espíritu, sobre todo en estos tiempos en los que el pensamiento fuerte se ha desplomado en el sofá de la frivolidad digital.

Nos hallamos ante una novela de misterio que es, asimismo, una apología de la cordura y de la tenacidad. Digo esto último porque, gracias al talento de su autora, nos encontramos aquí con el modelo de tantos otros relatos, telefilms y películas en los que el protagonista debe justificar la verdadera existencia de otro personaje que su entorno considera imaginario.

¿Por qué ser autosuficiente? En principio, por la misma razón por la que el planeta nos lo agradecerá: porque fomenta una economía verde y sostenible. Pero más allá de este detalle, la idea de vivir respetuosamente de la tierra, por encima de otras alternativas que nos depara ese porvenir robotizado y digital, me parece una de las más nobles aspiraciones que un ser humano puede ambicionar.

El método de intercalar en su historia discursos que a menudo no han sido escuchados personalmente, como el propio Tucídides confiesa, pues debido a su exilio a partir de –424 no pudo presenciar la política interna ateniense, plantea muchos problemas de veracidad:

En el año 2011 tuve ocasión de conocer a Martin Roesch, el fundador de Sourcefire, actualmente arquitecto jefe de seguridad en Cisco Systems. En una pequeña conferencia muy esclarecedora sobre software malicioso, el señor Roesch nos dejó una conclusión abrumadora: "Esto es una guerra y la estamos perdiendo muy deprisa".