En el momento de su estreno, Zoolander (2001) no fue un fenómeno social ni armó especial revuelo, pero desde entonces ‒¡y ya han pasado quince años!‒, ha ido recolectando entregados fans, transformándose prácticamente en una comedia de culto.

Las redes sociales son algo que nunca antes había existido en la historia de la humanidad. Son, como he dicho en otras ocasiones, lo más parecido que tenemos a la telepatía: comunicación instantánea (a veces tan instantánea que tuiteamos o publicamos antes de pensar), sin filtros y de largo alcance… y que puede salirse de control y volverse “viral”.

Allá por los años ochenta del pasado siglo me tocó escribir para el diario La Razón de Buenos Aires una nota sobre la inauguración de las estatuas de Indalecio Prieto y Francisco Largo Caballero en la madrileña Castellana, a pocos pasos de donde estaba el monumento ecuestre de Francisco Franco.

Imagino la cara que debió de quedársele a Hrundi V. Bakshi cuando, después de ser expulsado del rodaje de una película que supuestamente tenía lugar en el desierto (que es un sitio lejano, con mucha arena, donde no se usan relojes de pulsera), recibe una invitación del productor de la misma para una fiesta en su mansión de las afueras de Hollywood.

En un rincón de Siberia, los científicos están tratando de reconstruir un ecosistema que se había perdido muchos miles de años atrás mediante la introducción de bisontes, bueyes almizcleros, alces, caballos y renos, un lugar que llaman Parque del Pleistoceno. Estos esfuerzos para ‘asilvestrar’ el paisaje son cada vez más populares en diversas partes del mundo.

Aunque todavía queda algún videoclub abierto, lo cierto es que ese tipo de negocio hace ya bastante tiempo que se extinguió, y durante varios años, las conocidas popularmente como “películas de videoclub” (cine de entretenimiento de presupuesto humilde, por lo general) han vivido en la cuerda floja.

Cuando yo era niño, la sensación en televisión era El hombre nuclear (The Six Million Dollar Man, 1974-1978), un programa sobre el Coronel Steve Austin, quien luego de un terrible accidente había sido dotado con piernas, un brazo y un ojo “biónicos”, lo que le daba poderes sobrehumanos.

Unir en una misma fórmula convenciones ya conocidas por el lector y sorpresas emocionantes, que nos obligan a sopesar desenlaces impredecibles, es la clave de eso que llamamos universos alternativos. A escala superheroica, lo habitual en estos casos es suscitar paradojas temporales, que sitúan a los héroes en nuevos escenarios históricos o en un cosmos de signo inverso al habitual.

Estoy seguro de que muchos lectores estarán pensando por qué razón he escrito una obviedad como la que da título a este artículo. Todo el mundo sabe que el pueblo no existe.

El tiempo, la diosa Casualidad o las ocultas leyes de las cosas, hicieron morir el mismo año a dos grandes barrocos: Cervantes y Shakespeare. Todo sigue yendo bien si nos atenemos a sus libros, a los textos que aparecen suscritos por ellos. Cuando se trata de rendir homenajes a la memoria de las personas, el panorama se oscurece.

Con motivo del estreno de EL RENACIDO (THE REVENANT), en cines desde el 5 de febrero, sorteamos entre nuestros lectores 5 camisetas de esta esperada película de Alejandro González Iñárritu.

La vida es dura y todo son problemas, pero los ciudadanos del primer mundo a veces nos ahogamos en un vaso de agua. ¡Hoy no me funciona Internet! ¡Estoy perdido! Bien, en esos momentos conviene recordar que gran parte de la población mundial se reiría de estas cosas, ya que la única tarea que muchas personas tienen al largo del día es llegar vivas a la noche.

Antes de actuar es un apasionante y práctico ensayo en el que se resumen las intuiciones interpretativas de Anne Bogart, prestigiosa directora de teatro y de ópera que dirige la compañía SITI, de la que fue cofundadora con Tadashi Suzuki in 1992, y que asimismo encabeza uno de los departamentos teatrales de la Universidad de Columbia.

En esta obra lúcida y sutil, debemos a John Fowles algo que trasciende su literatura y que, pese a parecerlo en algunos momentos, no es propiamente divulgación cientítica. A su manera, este libro nos habla de una vida que resulta incompleta sin la presencia de la naturaleza, entendida aquí como un motor de la creatividad y como un máximo valor de la existencia humana.

El viaje, o el anhelo de viajar, es una perspectiva literaria que resulta demasiado profunda como para solventarse con una simple descripción del itinerario. Buen ejemplo de ello es la nueva obra de Toni Montesinos, Los tres dioses chinos. Un viaje a Pekín, Xian y Shanghái, desde Nueva York y hasta Hong Kong.

A partir de un voluminoso libro de gran éxito, escrito por Michael Lewis, The Big Short. Inside the Doomsday Machine, el director de cine Adam McKay realiza una película cuyos aditivos principales son el sarcasmo, la ironía y la distancia inteligente.

Conocí a Oliver Sacks (como lector; nunca tuve el privilegio de verlo en persona) gracias a… no sé. Quizá leyendo reseñas de su libro más famoso: El hombre que confundió a su mujer con un sombrero. Quizá porque en alguna librería (¿El parnaso? ¿Gandhi?) su portada, que lucía una conocida pintura de Magritte, llamó mi atención. El caso es que se hablaba mucho del libro en los años posteriores a su publicación, en 1985.

Una de las piedras angulares del método científico, responsable en gran parte de su poder explicativo y predictivo, es el pensamiento crítico.

Con esto de los populismos puede ocurrir lo que pasa con cualquier moda: que pasa. Ambos, la moda y el populismo, son juveniles y ella, según dice Jean Cocteau, muere joven. Sin embargo, hay las recaídas, las famosas retombées, las nostalgias o, por decirlo con vocablo en boga, lo vintage.

Ambientada tras El Retorno del Jedi, esta novela del universo expandido de Star Wars llega a las librerías en el momento oportuno en el que las carteleras cinematográficas celebran el estreno de Star Wars: El Despertar de la Fuerza.