Spinosaurus aegypticus en "Parque Jurásico III"

Imagen superior: Patricia Simón, CC
La democracia es un ejercicio de reflexión y una elección entre diversas posibilidades. Si a las distintas contiendas electorales solamente se presentara un partido, no tendría sentido votar. Por suerte, el arco político tiene siempre, al menos, dos propuestas.

En los años 60, Marvel tuvo la buena idea de hacer que los superhéroes tuvieran que enfrentarse, además de a los villanos de costumbre, a la gente común. La Patrulla X o Estela Plateada veían cómo los humanos a los que protegían les rechazaban por miedo, o por ser distintos.

La tradición caballeresca, impulsada por la literatura del ciclo artúrico, dio lugar a un catálogo imborrable de personajes. Ese repertorio, conocido por los especialistas como la "materia de Bretaña", tiene dos fundamentos: la Historia Regum Britanniae (1136), de Geoffrey de Monmouth ‒que en España editó primorosamente Siruela‒ y las novelas y relatos que, hasta 1230, completaron la llamada Vulgata artúrica.

Imagínatelo. Camina por esa calle, plagada de tiendas de marca, de establecimientos llenos de objetos hermosos, de escaparates que te hacen un guiño y te dicen “cómprame”… Entra en esas tiendas y paséate por la calle con tus bolsas de ropa y de complementos, con tu sombrerera, con tus gafas de sol último modelo.

 Jari Sjölund, Turun normaalikoulu

Hay eventos que periódicamente modifican el ecosistema de los superhéroes. En 2011, The New 52 sirvió para remozar el universo DC, cancelando determinadas series, modificando otras e introduciendo nuevas tramas en un entorno ya de por sí complejo, fascinante y abigarrado.

Imagen superior: NASA 
Sir Martin John Rees es uno de los astrofísicos más notables del planeta. Fue  presidente de la Royal Society de Londres entre 2005 y 2010, rector del Trinity College de Cambridge entre 2004 y 2012 y, desde 1995, ejerce como astrónomo real de la Reina de Inglaterra, un título honorario al gusto de la alta aristocracia británica que lo convierte en consejero personal de Isabel II en asuntos científicos relacionados con el cosmos.

Un grupo de musulmanes españoles, mayormente conversos, ha pedido a la organización Podemos ser aceptados como partícipes del correspondiente movimiento. Ignoro qué ha resuelto Podemos pero me permito imaginar que habrá de rechazar el pedido. No por discriminación religiosa, pues no se trata de excluir a nadie porque lo que cree o deja de creer en tal materia, sino por lo contrario: por la pretensión de esos ciudadanos de entrar en una estructura cívica como creyentes.

Es muy lógico que los espejos siempre hayan ocupado un lugar en las historias de miedo. Al fin y al cabo, son una inquietante ventana a un mundo reverso, cuya prolongada observación provoca que nos empecemos a ver extraños, ajenos a nosotros mismos. ¿Quién no ha experimentado alguna vez esa sensación? Espero no ser el único.

Imagen superior: Alexander Calder junto al BMW 3.0 CSL que convirtió en obra de arte en 1975.

Es muy incómodo buscar lecturas con la etiqueta de novela de culto, porque esa denominación... bien, como poco es arbitraria. A veces, resume un gesto de excentricidad, una idealización más o menos nostálgica o una simple moda. Sin embargo, en el caso de Matemos al tío (1963), de Rohan O'Grady, uno puede echar un vistazo a ese pebetero ardiente de los libros de culto, y al mismo tiempo, sentir que se encuentra ante una obra encantadora y admirable.

«Si alguien me pregunta de qué trata la novela, le diré que de perder a un hombre, porque no sé qué decir»  escribe Lydia Davis, como una reflexión  propia o tal vez como una reflexión sólo propia de la narradora-autora de El final de la historia. Reflexión crucial, porque ciertamente el perder a un hombre no parece ser aquí sino el pretexto a partir del cual elaborar un escrito cuyo verdadero tema, contenido en ese no sé qué decir, es el proceso y acto de escribir y en el que se acogen también las ramificaciones que de ese tema derivan.

Albert Guillaume, "Los que llegan tarde", Museo Carnavalet, París, 1914

En pleno boom de un género que nunca volvió porque nunca se fue (ya entra dentro de cada uno examinar si el espiritualismo ruso de Raskolnikov o los crímenes de Edgar Allan son una semilla lo bastante sólida como para hablar de un género que, más que precisar algún cadáver, ahonda en la inmundicia y el sucio jugo de la condición humana), hoy vamos a acometer la insana, pero muy satisfactoria tarea, de recomendar siete autores de género que desarrollan su arte en el loco, innovador, y siempre cambiante, mundo del cómic, el tebeo, la novela gráfica, o como lo quieran llamar.

Susan Hill puede presumir de que su novelita La Mujer de Negro ha sido afortunada en la calidad de sus adaptaciones, tanto en las teatrales como en las audiovisuales, teniendo en cuenta las bondades de la versión televisiva de 1989 y de la cinematográfica de 2012, cuya secuela ha contado con la participación de la mismísima autora, encargada de escribir la historia sobre la que se desarrolla el guión.

En la película de Alex Garland se dice algo así como que la inteligencia artificial era algo inevitable, una cuestión de “cuándo”, no de “si”. La ficción nos lleva preparando para ella desde mucho antes de que fuera una realidad.

Hay tres tipos de seres: ovejas, lobos y perros pastores. Y cada uno puede elegir lo que quiere ser. Las ovejas piensan que todo el mundo es bueno y que nadie va a atentar contra ellas, y se acaban convirtiéndose en las víctimas de los lobos, que atacan siempre que pueden amparándose en la debilidad de las ovejas. Si decides ser un perro pastor, dedicarás tu vida a salvar a las ovejas de los lobos y a proteger al mundo del Mal.

Confieso que fui a ver la película de Sam Taylor-Johnson Cincuenta sombras de Grey sin la menor expectativa de hallar un buen filme. Me atraían dos elementos de sociología literaria, dicho con plena pedantería: el aspecto de correcta marujona de la autora del libro E.L. James y el hecho de que lleve vendidos cien millones de ejemplares. Conste mi admiración por las correctas marujonas que escriben novelas si se llaman, por ejemplo, Jane Austen, Vicki Baum o Daphne Du Maurier.

Es fácil imaginar la sonrisa burlona de Clint Eastwood ante las apasionadas (y despistadas) reacciones en contra y a favor de esta película por parte de exaltados y demagogos del calibre de Michael Moore o Sarah Palin.