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No teman aquellos lectores a quienes impacientan los autores checos poco divulgados. No nos encontramos ante un escritor de vanguardia, ni ante un raro cabalista. En realidad, Egon Erwin Kisch fue una gloria del periodismo, y sus crónicas, amenas y profundas, no han perdido ni un ápice (o casi) de su vigencia.

Para los lectores que se toman su afición como si fuera un oficio, acostumbrados a que los días sean demasiado cortos y los descubrimientos demasiado pasajeros, Clarice Lsipector (1920-1977) es una figura legendaria. Y no sólo por la densidad de su literatura, sino también por su imagen personal. Al fin y a al cabo, aquella gran dama de Río de Janeiro parecía eternamente poseída por un glamour ‒un hechizo‒ que ni siquiera se apagó con su muerte, ocurrida en 1977.

La mayor contribución de Walt Disney a la industria e historia del cine fue el genio que aportó al arte de la animación. Sin embargo, desde la Segunda Guerra Mundial, su estudio también fue conocido por sus películas con actores de carne y hueso y sus programas para la televisión. Muchas de aquellas películas fueron producciones relativamente modestas, pero otras, como Mary Poppins o la cinta que nos ocupa, disfrutaron de un amplio presupuesto y una grandiosidad propia del mejor Hollywood clásico. Lo que todas tenían en común es que habían sido cuidadosamente pensadas para un público familiar.

Desde que a principios del siglo XIX los Hermanos Grimm escribieran, a partir de la tradición oral, el cuento de hadas La Cenicienta, este se ha convertido en el espejo en el que se han mirado incontables obras artísticas. La historia de la muchacha que pasa de ser fregona a princesa es tan atractiva que sigue funcionando.

Inquietante. Este es el mejor adjetivo que puede usarse para calificar esta película. El contraste entre el aparentemente voluble y divertido locutor de radio y la acosadora que convierte su vida en un infierno abre posibilidades dramáticas que están muy bien aprovechadas.

El crítico de El País, Miguel Ángel Palomo, la definió así: “Sólo una comedia, a ratos divertida, a ratos irritante”. Es la única crítica negativa que le he encontrado. Aunque quizá no sea algo malo ser “sólo una comedia”. Con o sin tilde diacrítica, que la RAE ha modificado la cosa hace poco tiempo.

El mito, ligado a la eternidad, siempre promete nuevas revelaciones y renace de generación en generación. Continuamente reaparece porque, como escribió el historiador de las religiones Mircea Eliade, las estructuras míticas aún nos afectan por dos vías igualmente poderosas: los medios de masas y la cultura popular.

¿Recuerdan la locución Natura nihil facit frustra? En efecto, la naturaleza no hace nada en vano. Lo dijo Aristóteles en su Política, subrayando que el hombre, por naturaleza, es una especie de animal social, y que "se diferencia de los demás animales al tener, por ello, el sentido del bien y del mal, el de lo justo y de lo injusto y todo lo demás que le es propio". Leucipo de Mileto dijo algo similar: "Todo lo que sucede lo hace por una razón y necesidad".

¿Jackie Chan en una adaptación de la obra que Albert Camus publicó en 1942? Habría sido la bomba, pero no es el caso. Esta película pone en imágenes la novela The Chinaman, de Stephen Leather, un thriller de conspiraciones terroristas y acción que supone la primera entrega de la saga protagonizada por Mike Cramer. Aunque esa es otra historia.

La vida en nuestro planeta no es ajena a ello, tuvo su origen en el medio acuático y está inexorablemente ligada al agua. Efectivamente, la vida se originó en el mar hace más de 3.500 millones de años (ma), con un dominio inicial exclusivo de las bacterias anaerobias.

Podría decir que el kraken es, casi con total seguridad, el monstruo marino por antonomasia. Quizás porque el término Kraken ha ido englobando y engullendo multitud de monstruos diferentes, valgan como ejemplo la Scilla de la mitología griega, el “pólipo” de Cayo Plinio Segundo (Plinio el Viejo), la “Soe Orm” de Olaus Magnus, el monstruo de siete cabezas de Gesner, el del clérigo Egede y un buen número de otros monstruos, que podrían asimilarse a calamares gigantes, serpientes marinas (Regalecus glesne Ascanius, 1772) o agrupaciones de cetáceos, que fueron recogidas por los enciclopedistas del Renacimiento.

¿De ciencias o de letras? Esa es la pregunta que todo estudiante de secundaria escucha repetidas veces tras escoger el itinerario académico en sus últimos años de instituto. Pero, ¿qué significa realmente ser de ciencias o de letras?

Hija de Matías Merian, grabador de talla dulce o a buril, nació en Frankfort del Meno (Alemania) en 1647 cuando la Guerra de los 30 Años llegaba a su fin. El nombre de su padre la acompañó siempre, a pesar de que éste muriera cuando ella tenía tres años y de que su madre se volviera a casar un año más tarde.

¿Por qué hablar de ‘basura marina’? Simplemente porque todos los residuos que se producen en tierra acaban, directa o indirectamente, en el mar.

A mediados del siglo XVIII, Antonio de Ulloa poseía ya un más que sobresaliente bagaje científico: había formado parte junto con Jorge Juan de la expedición geodésica franco–española (1735– 1746) que, dirigida por La Condamine, tenía como objetivo efectuar la medición de un grado del meridiano terrestre en el ecuador y determinar así la forma de la Tierra.

Los conos son caracoles marinos muy populares entre el gran público por la gran variedad en forma, tamaño y color de sus conchas, además de por ser animales altamente venenosos. Debido a la belleza de sus conchas –el pintor Baltashar van der Ast, por ejemplo, solía incluirlos frecuentemente en sus bodegones– son, desde hace siglos, objeto de interés y parte importante de numerosas colecciones de historia natural tanto públicas como privadas.

Igual que el hombre, la mayoría de los animales distribuyen su espacio de forma ordenada para cubrir sus necesidades vitales; así, dentro de los límites de su territorio establecen zonas para dormir, para cazar, para comer, otras como retrete, etc. Para esta breve exposición, me he limitado a enunciar algunas de las características de las moradas de peces, mamíferos y aves.

Dicen que los ingleses tienen un ‘espíritu explorador’ innato. Puede que no más, tampoco menos, que los habitantes de otros países, si tenemos en cuenta diferentes épocas de su historia. Si no, que se lo digan a Marco Polo, a Alvar Núñez Cabeza de Vaca, o a un número ilimitado de reconocidos viajeros y viajeras (aunque la de estas últimas es otra historia) de todos los tiempos y naciones.

Montado sobre una peana de madera con formato rectangular y cubierta por una vitrina de cristal con junquillo de madera, llegó al Museo Nacional de Ciencias Naturales un ejemplar de oso hormiguero gigante, Myrmecophaga tridactyla (Linnaeus, 1758), que el equipo de conservadores se encargó de restaurar.

Un fuerte ruido despierta de madrugada a los vecinos de Terrassa en Cataluña. No es el camión de la basura, como podrían pensar en un primer momento, sino una familia de jabalíes hurgando entre los desechos. Esta escena se repite cada vez más en numerosos municipios españoles.