Pese a tratarse de un ensayo histórico, este espléndido libro de Robert Goodwin no apela sólo al intelecto, sino también a las emociones. En Goodwin descubrirá el lector español un espíritu muy de su agrado: un hispanófilo británico, profundo conocedor del concepto de la vida que asoma desde el fondo de nuestro Siglo de Oro.

De tres elementos está hecha la obra de James Shapiro: el conocimiento cabal de la literatura shakespeariana, la comprensión del momento histórico en que ésta llegó al público y la amenidad narrativa que le permite transformar una imponente documentación ‒que sería apabullante en otras manos‒ en un ensayo que leemos con extraordinaria ligereza.

Uno de los relatos de terror más admirados y adaptados es La pata de mono, del autor británico W.W. Jacobs. Dicha narración se basa en el principio “ten cuidado con lo que deseas”, y funciona a la perfección a la hora de proporcionar escalofríos al lector, pero también aporta una valiosa moraleja: no es saludable no aceptar la muerte de los seres queridos.

No se trata de un nombre en clave para ocultar y señalar, al mismo tiempo, a una persona real. Se trata de un personaje imaginario que, como todos ellos, acaba por cobrar una realidad cotidiana.

Hay cuatro cosas que me apasiona encontrar en este volumen: intriga, fantasía, terror y madurez literaria. Híbridos y engendros, segundo tomo de los tres que Gigamesh ha editado con la narrativa breve de George R.R. Martin, plantea un reto muy agradecido para el lector, tanto por su poderosa energía como por lo bien engrasado de su estructura.

Genio es una palabra bastante rotunda. Los lectores con experiencia procuran usarla con mesura, y siempre tras el proceso científico que lleva a confirmar la calidad de este o aquel autor con una atenta relectura de su obra. ¿Un ejemplo? Pongamos que usted necesita reafirmarse en la idea de que Jardiel Poncela es un escritor genial en el teatro, en la novela y en la narrativa breve. O sea, en casi todo.

Los lectores de la era Bruguera gozamos de una mínima ventaja respecto a quienes abran este volumen sin esos recuerdos: nosotros ya conocíamos el enorme talento del dibujante Piet Wijn y del guionista Thom Roep a la hora de inventar las peripecias de Bermudillo, el genio del hatillo.

Richard Matheson es uno de los autores que menor presentación necesitan en el mundo de la fantasía. Su fama está más que justificada, dado que hablamos de un narrador metódico, inspirado, inteligente, capaz de moverse por entre los engranajes del delirio y del terror con un objetivo en su punto de mira: descifrar los misterios de la condición humana.

Jane es la más “hermosa y dulce” de las hermanas Bennet. Por eso mismo a ella le corresponde la obligación de asegurar el sustento de la familia a través de un casamiento ventajoso. La propiedad familiar está vinculada a la rama masculina y, dado que los señores Bennet “sólo” han tenido hijas, pasará a manos de un primo lejano, a la sazón clérigo, el señor Collins.

La canción de Cyndi Lauper a la que hace referencia el título de este artículo ha sido un himno para varios colectivos, especialmente el de LGTB. Y no es de extrañar. El mensaje es claro y contundente, y la reivindicación positiva, no agresiva, y conciliadora.

Desde su publicación en 1973, La saga de Hrolf Kraki ha disfrutado del favor de los lectores y de la crítica. Y no es para menos. Su autor, Poul Anderson, que figura en el panteón de los mejores autores de fantasía y ciencia-ficción, combinó en esta obra su amenidad habitual con un rigor extraordinario a la hora de aprovechar las fuentes literarias e historiográficas.

Los fantasmas nos sumergen en el éxtasis de la eternidad. Reciben el poder evocador del pasado y marean a sus espectadores con el perfume secreto de la muerte, que excita sentimientos de miedo y de fascinación.

No es necesario remarcar la trayectoria ideológica de Ludwig Renn para calificarle como un personaje fascinante: uno de esos que achican fronteras y convierten el idealismo en un efecto secundario de su empuje vital.

Todas las historias, incluso las más inesperadas, tienen un punto de partida. Esta no es una excepción. En 2006, los lectores de cómics ya nos habíamos acostumbrado a encontrarle un lado oscuro a los superhéroes. Gracias a esa rutina, no creo que a Mark Millar le llevase mucho tiempo decidir que una bronca en condiciones era lo que necesitaba el universo Marvel para convencernos de que el espíritu boy-scout era cosa del pasado.

Sostenemos un romance con el videojuego por un millar de razones. Poderosas o triviales, por diversión o por hechizo tecnológico, de modo compulsivo o reticente, cayendo en la narcosis e intoxicación o sintiendo que el joystick anula fatigas y aplaca el mal humor.

En el Evangelio según San Juan (8, 11) se registra la parábola de la adúltera, de la cual hemos conseguido la expresión de “tirar la primera piedra”. Unos cuantos samaritanos se han reunido para lapidar a una mujer acusada de adulterio y Jesús los detiene invocando la culpabilidad de los improvisados jueces, no exentos de culpa. La mujer es salvada de la muerte. Ella, de tal forma, se considera exculpada. “Yo tampoco te condeno” dice el Mesías. “Vete y no peques más” añade. Cabe pensar que sabrá ella, y no ningún juez, si peca o deja de hacerlo.

Cuando pensamos en cine de terror, vienen a nuestra mente los fantasmas, los vampiros o los psicópatas como temas estrella del género, pero casi nunca la brujería.

La relación del ser humano con el medio físico y biológico se remonta al origen del hombre mismo, pudiendo señalarse que en las diferentes culturas dicha relación, manifestada a través de las de las expresiones materiales y espirituales, ha presentado diversos grados de complejidad de acuerdo a la naturaleza y nivel de desarrollo de cada pueblo. Sin duda, este desarrollo ha ido repercutiendo en los niveles de convivencia establecidos con el entorno, ya que ésta se ha visto severamente deteriorada al convertirse el hombre en ciudadano.

El árbol genealógico que enlaza el ensayo idealista y la propaganda suele tener ramificaciones complejas. De ahí que, en el caso de esta obra, uno acabe por no distinguir ese punto donde acaban el quijotismo o el pensamiento elevado y empiezan el fervor o la maniobra imperial.

La infame Caza de Brujas en el Hollywood de los 50 sigue dando juego. Además de tratarse de una historia llena de dramatismo, todo aquel turbio asunto del macarthismo y las “listas negras” sirve para hablar de diversos temas, en su mayoría vigentes.