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Cuando se habla del Glam hay siempre una serie de nombres recurrentes: David BowieMarc BolanLou Reed y, por supuesto, Brian Eno Bryan Ferry. Éstos dos bribones (por decir una palabra que empezara por “bri”) formaron la banda, como tal, más influyente del género. David Bowie era David BowieBolan era Bolan (en T. Rex, sí, pero bueno), pero Brian Eno y Bryan Ferry eran Roxy Music. Y Roxy Music fue la gran innovadora del Glam. Sonido decadente, texturas ingeniosas, teatralidad, instrumentación variada, estructuras atípicas… todo lo que se puede esperar de cinco estudiantes de arte un poco excéntricos.

Sin duda usted ha oído hablar de la vaquita marina. Es uno de los mamíferos marinos más carismáticos, al menos para los mexicanos, pues es endémico de nuestro país (es decir, no se halla en ningún otro sitio en el mundo).

Vamos a acercarnos hoy a la música de un viejo amigo. Estoy hablando del batería Guillermo McGill, nacido en Uruguay y afincado desde niño en nuestro país, donde ha contribuido a elevar la categoría del jazz que se hace en España.

El canadiense Glenn Gould (1932-1982) es uno de los mayores pianistas del siglo XX y este es un juicio que me atrevo a adjetivar de unánime aún entre quienes cuestionan tal o cual velocidad, tal o cual alternancia de fraseo en tal o cual de sus interpretaciones. No es exagerado considerarlo un genio, en el estricto sentido de creador de géneros, de ser un ejecutor de la música que la toca como si nadie antes lo hubiera hecho.

En el verano de 1882, Yamakawa Sutematsu pronunció un discurso de despedida, como delegada de su clase, en Poughkeepsie, Nueva York, en la sede del Vassar College. Era la primera mujer japonesa en graduarse en una universidad occidental. Así lo cuenta la historiadora Eri Hotta en su magnífico libro Japón 1941, publicado por Galaxia Gutenberg en 2015.

Sin la forma documental, Martin Scorsese, galardonado con el Premio Princesa de Asturias de las Artes 2018, estaría perdido. El estilo de sus filmes, muchas veces directo y urgente, la escritura del guión, incorporando las improvisaciones de los actores, la estimulación de lo espontáneo y lo imprevisible en los rodajes, la influencia de la tradición oral a través del uso de la voz en off, la utilización de actores no profesionales en pequeños papeles, el impulso instintivo, visceral, a la hora de montar, sin concernirse con el desarrollo de una trama, estos y muchos otros recursos de su plástica fílmica beben directamente del cine documental.

El 8 de noviembre de 2018, la Comisión Europea lanzó su iniciativa para fomentar “el liderazgo mundial de la UE en el ámbito de los vehículos limpios”. El desafío es doble. Por un lado, posicionar la industria automovilística europea a la vanguardia de la innovación y el desarrollo tecnológico. Por otro, reducir un 40% nuestras emisiones de CO₂ de aquí a 2030, que es el compromiso adoptado en el Acuerdo de París.

A principios del siglo XIX comenzaron las campañas de vacunación. Todo gracias a los experimentos de Edward Jenner con la vacuna contra la viruela, originada a partir de las secreciones de las lesiones que producía en las vacas la variante bovina de esta enfermedad.

De aquí a 2020 habrá en el mundo cerca de cinco mil millones de personas que usarán un smartphone o teléfono inteligente. Cada dispositivo se fabrica con numerosos metales preciosos, y muchas de sus principales funcionalidades no serían posibles sin ellos. Algunos de estos metales, como el oro, son de sobra conocidos, pero otros, como el terbio, nos suenan menos.

Una voz de escándalo. Activista social. Colaboradora artística. Diva. Mientras despedimos a Aretha Franklin [1942-2018], la reina del soul fue recordada merecidamente en una serie de homenajes que reflejan el inmenso legado de su vida y su música.

Antes de que lo pregunten, debería decir que el de Barbara Ehrenreich es un libro científico. Rigurosamente científico. No esperen hallar en sus páginas el menor asomo de seudociencia. Merece la pena señalarlo, porque Ehrenreich es bióloga y doctora en inmunología celular.

Sarah Bakewell publicó en 2016 En el café de los existencialistas (At the Existentialist Cafe: Freedom, Being, and Apricot Cocktails). Se trata de un ensayo biográfico muy bien estructurado, y a veces divertido, en el que repasa las figuras de los filósofos existencialistas y las de sus antecesores.

No son pocos los filósofos que en cierto momento de su trayectoria sintieron la necesidad de analizar distintas facetas del arte. En este caso, Wilhelm Dilthey (1833-1911), que también se ocupó de cuestiones tan graves como la metodología científica o las pautas de los historiadores, dirige su interés hacia la música alemana.

Era cuestión de tiempo que alguien hiciera una película utilizando programas de Internet como herramienta audiovisual. Al fin y al cabo, una enorme parte de nuestras vidas se desarrolla entre redes sociales, correos electrónicos, compras online y demás zarandajas de la era digital.

En el marco del Festival de Martina Franca, especialista en exhumaciones curiosas y versiones infrecuentes, Rodolfo Celletti ideó una reposición de Norma para la temporada 1977.

Aunque el romance científico había florecido en las revistas de literatura popular de finales del siglo XIX, el primer cuarto del siglo XX fue testigo de un largo y profundo declive en el género. Su recuperación en la década de los treinta se debió a los esfuerzos de un puñado de escritores que imaginaron extravagantes y alarmistas fantasías sobre la posibilidad de una nueva guerra mundial y su inevitable consecuencia: la destrucción total de la civilización.

En 1981 se detectó un fenómeno tan novedoso como refrescante en el mundo de la distribución y venta de comic-books: la aparición por todo el país de una red de varios cientos de tiendas dedicadas exclusivamente a la venta de tebeos y productos relacionados con ellos. Estos establecimientos contaban con distribuidores de comic-books diferenciados de aquellos que suministraban material a los quioscos.

Se calcula que hace más de 10.000 años que el ser humano cría animales para sacar provecho de ellos en forma de carne, leche, tejidos y otros materiales. La ganadería de hoy poco se parece a la de entonces, pero para muchos urbanitas, cuyo único contacto con una granja se remonta a las excursiones de los años escolares, la idea de una granja sigue siendo la de una casa, un establo y un corral en el campo donde un puñado de animales corretea por los prados verdes.

Aquellos que no están verdaderamente familiarizados con el trabajo del cuarteto electrónico de Düsseldorf se divierten señalando que, en su empeño por celebrar la fusión del hombre y la máquina, se convirtieron (literalmente) en robots. De hecho, en una de sus giras, a veces fueron reemplazados por autómatas modelados a partir de ellos mismos. Precisamente por eso, a muchos les extrañó que este Minimum-Maximum (Kling Klang, EMI, Astralwerks), su primer álbum oficial en vivo, se revelase como un un espectáculo de considerable calidez y humanidad. Y lo que es más (y aquí los cínicos sacuden la cabeza), ¡suena genial!

El hombre araña tiene características que ningún guionista debe ignorar. Con él, sentimos la cálida sensación de que es uno de los nuestros ‒se trata de un tipo corriente‒. Al decidirse por una vida peligrosa, no lo hace por razones grandilocuentes, y salvo en determinados momentos, su épica surge en las azoteas, en los pequeños centros comerciales o en los semáforos. Nunca enseña la cara a sus adversarios, pero nosotros sabemos que es un hombre entrañable, cercano y divertido.