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Los venecianos amantes de la tradición neoclásica tanto como de la ópera bufa, Goldoni y Galuppi, se unieron repetidamente para construir artefactos escénicos de variado talante.

En la segunda mitad de los años setenta, el dibujante yugoslavo afincado en Francia, Enki Bilal, inició una fructífera colaboración con el guionista Pierre Christin. Juntos, realizaron varios álbumes para la serie Leyendas de hoy, historias que combinaban la política ficción, el realismo mágico o la fantasía, siempre con un trasfondo humano y social.

Inglaterra ha sido conquistada y anexionada a Alemania. Esta es la inquietante –para los británicos– premisa inicial de When William Came: A Story of London Under the Hohenzollerns, escrita en los turbulentos momentos que precedieron a la Primera Guerra Mundial.

Con la modestia de los personajes de serie B, el Llanero Solitario animó nuestra infancia a través de aquellos inolvidables tebeos del sello mexicano Novaro. Más tarde fuimos descubriendo que este ranger enmascarado y su compañero inseparable, el indio Tonto (rebautizado Toro en los países hispanohablantes), eran unas figuras icónicas para los estadounidenses.

En el prefacio de La conexión cósmica ‒su libro de 1973 que llegó hasta nosotros cinco años después‒ Carl Sagan dejaba clara su postura frente a esa ciencia a la que hemos acabado llamando exobiología o astrobiología, y que plantea la posibilidad de vida extraterrestre sin caer en los delirios anticientíficos de los cazadores de ovnis.

El personaje de Isabel I de Inglaterra, llamada la Reina Virgen (no hace falta explicar el porqué), obtuvo un interés inusitado en la operística italiana del XIX. Y puede otorgarse a Rossini el punto de partida de tamaño interés, cuando en 1815 estrenó su primera ópera napolitana (Elisabetta Regina d’Ingliterra), aunque seis años atrás Stefano Pavesi ya se había medido con la soberana inglesa para un estreno turinés hoy olvidado.

Con los hermanos Lumière el cine inició su andadura como una maravillosa revelación, para después ser relegado a entretenimiento de feria itinerante. Más tarde fue rescatado por los trucos de Méliès. Pero al terminar el período primitivo del cine mudo, entramos en una época en la que se empiezan a vislumbrar las inmensas posibilidades comerciales del nuevo medio.

En el cine mudo, una vez acabado el llamado “período primitivo”, el sonido, un sonido no incorporado a la película, pero sí añadido en las salas con orquestas, piano o discos de Vitaphone, cumplió funciones muy interesantes.

En El sonido antes del sonido nos preguntábamos si el cine fue realmente mudo alguna vez. Tras el período primitivo del cine silente, se consideró que la música podía jugar un papel semejante en el manejo de la emoción del espectador como el que jugaba el montaje. Por ejemplo, al modificar sensaciones mediante el orden en el que eran presentadas las imágenes (relaciones de causa-efecto). Gracias a mecanismos como el efecto Kuleshov, la escuela soviética se dio pronto cuenta de la capacidad de manipulación ideológica e idealógica del montaje

¿El cine fue mudo alguna vez? Esa era la pregunta en El sonido antes del sonido. En la proyección histórica de los Lumière (1895) un pianista acompañaba las imágenes. Además, Edison y Dickson ya habían rodado una película, o al menos una escena, sonora (1894), que también puede considerarse el primer film gay de la historia.

En El guión de cine y los prejuicios dije que cualquier cosa que pueda hacerse en cine ya se inventó en el cine mudo, con excepción del sonido.

Productivo como pocos escritores ha dado el género, Brian Aldiss acumuló prestigio como crítico, poeta, autor de ficción convencional e incluso ilustrador. Pero en el núcleo de su reputación siempre se hallan docenas de interesantes novelas de ciencia ficción y cientos de historias del mismo género, escritas de manera regular desde que comenzara su carrera a mediados de los años cincuenta.

Se sabe que Marilyn Horne sacó a la luz, recuperó, esa categoría vocal rossiniana que se conoce como la del contralto in travesti, aquella que de alguna manera venía a sustituir en la nomenclatura canora del compositor al castrado, por aquellos años en lógico periodo de extinción.

Publicado originalmente por la Editorial Cepim en la colección “Un uomo un'avventura”, este álbum nos traslada a la guerra colonial –aunque nunca reconocida como tal– que sostuvieron los Estados Unidos en Filipinas a principios del siglo XX contra los “insurgentes” que se oponían a la intervención americana en su tierra.

Mientras lees este artículo, en algún lugar del Pacífico Norte, una ballena vaga solitaria por sus aguas. Se la conoce como la ballena de los 52 hercios porque es esa la frecuencia en la que emite su canto, una frecuencia mucho más alta que las otras ballenas (la ballena azul canta a entre 10 y 39 hercios, y la ballena de aleta a 20).

Irmin Schmidt se las ha ingeniado para entrar en la historia del rock y de la música electrónica con la máxima intuición, guiado por esa heterodoxia que caracterizó a un grupo ya mítico, Can, que Schmidt formó en Colonia a fines de los sesenta, junto al bajista Holger Czukay, el guitarrista Michael Karoli y el percusionista Jaki Liebezeit.

La astrología es una ciencia. De hecho, es la que más tiempo ha tenido para ser puesta a prueba: no ha dado un solo resultado fiable en más de 4000 años de estudio. Por eso es una ciencia, sí, pero una ciencia fracasada.

Tras Faust (1859) y Roméo et Juliette (1867), la partitura más popular de Gounod es Mireille (1864), aunque su difusión internacional viene algo lastrada por su argumento bastante localista, basado en el poema provenzal de Frédéric Mistral, apellido por cierto que se corresponde con el viento de ese nombre que azota intermitentemente el corazón de esa provincia como bien saben muchos espectadores del Festival de Orange, amén de sus cantantes, que lo han tenido que soportar.

Werther, originariamente escrito para tenor (lo estrenó en Viena y en alemán un wagneriano, el belga Ernest van Dyck, en 1892), fue adaptado por el propio Massenet para el célebre barítono Mattia Battistini.