Hace muy poco se ha estrenado en Estados Unidos la adaptación televisiva de las tres novelas que Guillermo del Toro y Chuck Hogan escribieron sobre un apocalipsis vampírico, publicadas en 2009.

En octubre de 1940, el Instituto Tecnológico de Massachusetts (MIT) dio luz verde para acoger un proyecto secreto de defensa promovido por la Inteligencia de los Estados Unidos: el “Rad Lab”, o Laboratorio de Radiación.

Así comentan los jugadores de mus en La verbena de la Paloma y añaden, abusando de la rima: una brutalidad, una bestialidad. Dicho esto por los años de Comte, Darwin y Spencer, la cosa tiene guasa. El sonsonete sainetero me vino a la memoria leyendo a Ervin Laszlo en El paradigma akáshico, lectura que debo al buen consejo de Juan Arnau, mucho más provisto que yo de cosas cuánticas e hinduístas.

En los años sesenta, el sociólogo Stanley Milgram ideó un experimento para responder a la pregunta que durante años se venían haciendo muchos: ¿cómo era posible que tantos millones de personas hubieran sido cómplices del Holocausto nazi? ¿Se podía justificar con que sólo estaban siguiendo órdenes? ¿Se les debía acusar a todos de ser cómplices?

La música de Eels se mantiene siempre pegada a la tierra, igual que el mago que se esconde tras la cortina de toda esta magia, Mark Oliver Everett, cronista de vicisitudes grandes, pequeñas, alegres y tristes de su vida, que podría ser la de cualquier otro.

Biblioteca de Sélestat, en Alsacia, presidida por la estatua del impresor Jean Mentel (1410-1478). Autor: Claude Truong-Ngoc, CC

Nica Rothschild y Thelonious Monk en el club Five Spot (Nueva York, 1964).

En 1946, Albert Einstein escribió una autobiografía para la colección “Living Philosophers” de Paul Arthur Schilpp. Se buscaba que los protagonistas se centrasen en las preguntas trascendentales del ser humano, así que nuestro científico dejó resumidas unas inquietudes religiosas que habían ido creciendo con el tiempo, sobre todo a partir de la década de los años treinta.

Soy poco y nada afecto a las novelas de espías, por la sencilla razón de que las mejores están en los libros que los historiadores componen sobre el espionaje. La realidad documental suele exceder a la más audaz fantasía novelesca.

A veces, el intercambio epistolar entre dos amantes carece de esa fluida equivalencia de sentimientos que distingue a los romances más duraderos. Este es el caso de Napoleón Bonaparte y Josefina de Beauharnais. Aunque la cultura popular se empeña en equiparar los sentimientos que ambos se profesaron, lo cierto es que, a la hora de examinar su correspondencia, solo disponemos de cinco cartas firmadas por Josefina, frente a las 265 de Bonaparte que el tiempo ha tenido a bien preservar.

Una de las razones que explican por qué disponemos ahora de una visión global del suicidio es que la opinión los filósofos y de los sociólogos, evidentemente valiosa, se suma al enfoque integral que proponen los estudiosos del cerebro.

Para el ejercicio de la divulgación resulta muy tentador asumir los postulados de la llamada tercera cultura. Esta corriente no solo invita a un saludable maridaje entre ciencias y humanidades: también propone repensar las claves de nuestra sociedad y nuestra cultura desde la perspectiva científica.

Seguro que usted, como yo, tiene pocas dudas de que el humor y la erudición, cuando llegan en el mismo envoltorio, certifican un talento de uranio enriquecido. Enrique Gallud Jardiel se gana ese elogio con esta obra en la que practica un fabuloso ejercicio de ventriloquia literaria.

Arthur Conan Doyle traducido por Manuel Machado. Ahí es nada. Esta es una de esas oportunidades en las que dos maestros de la literatura colaboran –uno con su creación original y el otro interpretándola desde otra lengua– en la consecución de una pieza admirable.

Desde que Random House publicó en 1993 Historia de la guerra (A History of Warfare), este sensacional ensayo de John Keegan ha pasado a formar parte de la lista de clásicos que cualquier interesado por la historia militar ha de leer.

En Colosseum, Simone Sarasso (Rizzoli, 2012), viajamos a la Roma del año 80 d.C., un escenario de alto riesgo, en el que la violencia, el drama y la épica sobresaltan al lector gracias a la eficacia narrativa de este popular novelista.

 
OCHO APELLIDOS VASCOS ya está a la venta en DVD, Blu-ray y Edición Especial Combo con casi dos horas de extras. Con motivo de este lanzamiento, sorteamos entre nuestros lectores un pack que incluye un DVD y un póster, ambos firmados por Clara Lago.

En la cultura popular estadounidense Al Yancovic es bien conocido. Tanto, que ha logrado aquello que corona a una personalidad: aparecer en un capítulo de Los Simpson y doblarse a sí mismo.

La cadena americana de cable Showtime quería su propia serie de terror, igual que AMC tiene The Walking Dead y HBO, True Blood. Para ello confió en John Logan y Sam Mendes, responsables de guión y producción. Así nació Penny Dreadful, cuyo título es una referencia a las historia de terror que se vendían por capítulos, normalmente no de gran calidad literaria, en el siglo XIX y al precio de un penique.

El regreso de Arnold Schwarzenegger al mundo del cine después de su sonada carrera política y sus escándalos personales ha sido, cuanto menos, modesto. Las nuevas películas de la otrora estrella austriaca han destacado por sus moderados presupuestos (justo por encima de la frontera que separa las películas de cine de las "directas a DVD") y los guiños autorreferenciales, en especial los que tienen como objetivo la edad de Schwarzenegger.