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Tercera época - Nº 326

El lobo tibetano (Canis lupus chanco) aún recorre las estepas y áreas montañosas de Asia Central en busca de sus principales presas, la gacela de Mongolia, el caballo Przewalski y el ciervo. Sin duda, es un depredador poderoso y de imponente aspecto. ¿Pero qué tiene esta criatura para fascinar al cineasta Jean-Jacques Annaud?

Ghost in the Shell se consolidó dentro de la mitología pop casi desde su lanzamiento por parte de la editorial Kodansha ‒luego replicado por Dark Horse en Estados Unidos‒ durante el mes de mayo de 1989, en las páginas de "Young Magazine".

Quizá el lector lo haya comprobado con otras obras. Cada vez es menos anecdótico encontrarse con científicos que superan esa asfixiante ley del embudo que nos condena a una sola especialidad. Se trata de investigadores que, además de mostrar su talento en el laboratorio, acreditan que son unos escritores magníficos.

Con la obra literaria de William Gibson como Biblia (en especial Neuromante, de 1984) y con la revista de cómics Métal Hurlant y la película Blade Runner (Ridley Scott, 1982) como principales referentes visuales, la cultura cyberpunk tuvo su mayor auge en las décadas de los 80 y los 90, justo antes de que Internet se instalara en todas las casas y cerebros del mundo, haciendo que lo que era ciencia-ficción se convirtiese en algo cotidiano.

El 19 es un número recurrente en la obra de Stephen King. Pero que no se entusiasmen los fans del archiconocido autor de La Torre Oscura, porque esta película no tiene nada que ver con su escritor favorito.

Es habitual considerar que la miscelánea es un género subalterno de la literatura, cuando no un cajón de sastre que rehúsa ser un género. Un recopilador hacendoso busca y rebusca textos sueltos y dispersos y encuaderna con ellos un volumen.

Aunque muchos de sus habitantes lo desconocen, España es el país de la Unión Europea con mayor biodiversidad y es asimismo un referente en la protección de espacios naturales, con 48 reservas de la biosfera y 15 parques nacionales. Paradójicamente, ese patrimonio no ha recibido la merecida atención por parte de los documentalistas actuales, sobre todo si comparamos su impacto mediático con el logrado en los setenta por Félix Rodríguez de la Fuente.

Para el que no lo conozca, Richard Pinhas es un sofisticado guitarrista progresivo francés que lleva grabando de forma casi ininterrumpida desde 1972 y del que apenas hace un par de meses nos acaba de llegar un nuevo trabajo, Reverse (Bureau B, 25 de enero de 2017).

Después de casi una década de ausencia en Madrid, el prestigioso pianista y profesor de jazz Barry Harris (Detroit, 1929) vuelve a la ciudad para impartir un intensivo workshop desde el lunes 24 hasta el viernes 28 de abril en el Bogui Jazz (C/Barquillo 29), que concluirá con tres conciertos suyos en el mismo club, los días 28,29 y 30 de abril.

El largometraje Océanos, una cinta que han visto más de 12 millones de personas en 40 países y que ganó el premio César al mejor documental en 2011, amplía su impacto divulgativo a través de una de una ambiciosa exposición itinerante, cuyo paso por distintas capitales del mundo demuestra lo necesario que es descubrir esa prodigiosa biodiversidad que prospera bajo la superficie del mar.

Trabajar con Jacques Perrin en una nueva película significa asumir nuevos retos. Está claro que volar con los pájaros por encima de la Tierra, o nadar con criaturas marinas por los mares es un reto, y además es un reto sin duda espectacular. Pero, ¿cómo podemos ver con nuevos ojos a esos animales tan familiares y tan filmados como lo son los de nuestros bosques, los erizos, los zorros, los ciervos o los jabalíes?

"¡El océano! ¿Y qué es el océano?", pregunta un niño al comienzo de la película. Con el fin de darle una respuesta, comencemos por olvidar cifras, explicaciones y análisis.

Un grupo de personajes recluidos en un recinto concreto a causa de una amenaza externa tendrá que enfrentarse no sólo a dicho peligro, sino a la eterna verdad ‒Homo homini lupus‒, en situaciones en las que el miedo y la desconfianza sacan lo peor que llevamos dentro.

El drama pugilístico parece ser uno de esos géneros que nunca pasan de moda, aunque el propio boxeo ya no sea algo tan popular como antaño. Lo cierto es que no ha evolucionado demasiado a lo largo de su historia: recordemos que Arthur Conan Doyle, Jack London o Robert E. Howard escribieron no pocas líneas sobre los modernos gladiadores del ring.

La ligereza y el vacío intelectual, disfrazados de brevedad, han convertido a buena parte del periodismo digital en una constante apuesta por transformar cada titular en un tuiteo, en un click, en un reguero de pólvora viralizado... En definitiva, en algo que mejore la estadística de visitas de cada revista o periódico, sin que importen ya el rigor, la comprobación de hechos y datos, o la pulcritud literaria del texto.

Los géneros cinematográficos evolucionan parejos a la sociedad, y lo común en las películas de misterio y/o terror actuales es que las tecnologías digitales formen parte importante de la trama. Ahí tenemos, por ejemplo, títulos como Open Windows (Nacho Vigalondo, 2014) o Eliminado (Levan Gabriadze, 2014), donde típicas historias de suspense y miedo se narran a través de las pantallas de diferentes redes sociales o aplicaciones informáticas.

Nadie duda de que España se inscribe, por lo que tiene que ver con su tradición, con su religiosidad y con su folclore más ancestrales, en ese relato misterioso que explica, con ecos de cripta e interpretaciones heterodoxas, la historia secreta de Europa.

Todos los que tratamos con la Naturaleza como tema del conocimiento, de la comunicación o de la pedagogía, solemos aceptarnos como portadores de un cierto valor incombustible.

En 1888, las conferencias de Georg Brandes en Copenhague empiezan a poner de moda la obra de un filósofo ignorado, un profesor de filología aficionado a la música que edita sus opúsculos en tiradas ínfimas para repartir entre los amigos y someter a la indiferencia de los libreros: Federico Nietzsche.

"Como a todos los hombres ‒decía Borges sobre un antepasado‒, le tocaron malos tiempos por vivir". En esas épocas de zozobra, que siempre coinciden con las que conocemos de cerca, son imprescindibles los intelectuales que modifican nuestro enfoque, evitan los lugares comunes como si fueran un residuo envenenado y aluden al quid de cada problema tratando de no perder los nervios.