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Vamos conservando, en libros y en películas, o en la caja de los recuerdos, imágenes que a menudo no son fidedignas, pero que nos sirven para imaginar a los personajes históricos. Quizá por esta razón, algunas de esas figuras han sido mitificadas de tal forma que ya resulta imposible separar la realidad de la leyenda.

El día que murió Elvis, un 16 de agosto de 1977, yo estaba con mi padre en un pueblo de la costa. Tal vez estaban también mi hermana y Ana, una amiga de mi padre, pero los recuerdos de fechas próximas a veces se mezclan de tal modo que es imposible asegurar que no nos estamos inventando parte de la historia.

Xue Tao (768-831) fue una cortesana y poeta de la época Tang. Provenía de una buena familia de la capital, hija de un funcionario que se preocupó de darle una buena educación literaria. A los nueve años ya escribía versos. La tradición cuenta que una vez su padre le pidió que compusiera un poema sobre un árbol, ella escribió este dístico:

El cineasta griego Yorgos Lanthimos llamó la atención entre la cinefilia mundial con su segundo film, Canino (2009), una marcianada a medio camino entre el terror psicológico y la comedia grotesca.

El celebrado videojuego Grim Fandango (1997), el cortometraje Hasta los huesos (René Castillo, 2001) y el film El libro de la vida (Jorge R. Gutiérrez, 2014) son obras animadas que nos han transportado al “más allá” basándose en la iconografía del Día de Muertos mexicano. Ahora, Disney y Pixar aportan su granito de arena en un film que, dados los citados precedentes, carece de esa originalidad con la que nos han sorprendido a lo largo de los años los responsables de Toy Story, WALL-E o Up.

No es fácil convencer al lector moderno de que la idealización del pasado tiene vacuna. Por ejemplo, lo que le da fuerza a la versión popular del mundo grecolatino es, de forma justificada, esa imagen solemne, grandilocuente y legendaria que nos brindan el cine y cierta novela histórica. Frente a esa simplificación, es muy saludable leer un libro tan ameno e informativo como el de Jerry Toner, un verdadero modelo de divulgación y repleto de datos que contarrestan los viejos clichés sobre el mundo antiguo.

En este segundo programa de Una cita con las musas, en Madrid con los cincos sentidos (Radio M21), José Luis Casado y yo hablamos de cómo vencer los primeros bloqueos y cómo llega a trabajar incluso cuando estamos tomando copas.

No siempre podemos decir qué es lo que nos asusta, lo que detestamos con secreta admiración, lo que nos invita a sentir cómo la sangre empieza a bombear... Por eso necesitamos un arquetipo, un símbolo, alguien que detente ese poder supremo, y bajo cuya pisada prosperen las malas hierbas y el olor de la muerte.

Cuando leemos al filósofo francés Luc Ferry, el asombro ante los avances tecnológicos va tiñéndose de una inquietud que, llegado el caso, él mismo se encarga de excitar. Y es que, a su modo de ver, el transhumanismo ‒ese avance evolutivo que no es biológico, sino digital y mecánico‒ y la economía colaborativa ‒que también tiene un trasfondo digital‒ vienen a prolongar la esencia del humanismo democrático, pero a un precio que no siempre deberíamos pagar.

La historia, si se analiza desde cierto ángulo, está poblada de lecciones acerca de casi todo. A la manera de fábulas o mitos, esas lecciones se encarnan en determinadas figuras cuya biografía plantea modelos, metáforas, advertencias en el camino y detalles ejemplificantes.

El Cosmere... Con sólo hacer mención a este territorio imaginario, miles de lectores reaccionarán con esa fidelidad que Brandon Sanderson (Nebraska, 1975) ha logrado entre sus seguidores. Un mérito plenamente justificado, puesto que hablamos de uno de los escritores de fantasía mejor valorados de estos últimos años.

Louise Labé nació en Lyon entre 1520 et 1525. Su padre se preocupó de que recibiera una completa educación, cosa poco habitual en aquella época, y más tratándose de la hija de un cordelero, que, en como heredera suya en el oficio, era llamada “la bella cordelera”.

La promoción de esta película se apoya en unos entrecomillados de la prensa especializada en los que se establecen comparaciones con Taxi Driver (Martin Scorsese, 1976). Un arma de dos filos, claro, porque por un lado es un halago, pero por otro levanta expectativas difíciles de cumplir.

Asiste uno fascinado, como le sucederá a casi cualquier lector, al repertorio que nos ofrece Nuccio Ordine. Un breviario de textos clásicos, comentados por alguien que ha leído mucho y que agradece las lecciones recibidas con una perspicacia y una claridad asombrosas.

La nueva entrega de la exitosa saga de thrillers llega a España con el título de Saw VIII, aunque su título original es Jigsaw (Puzle), el apodo de John Kramer (Tobin Bell), cerebro criminal detrás de las retorcidas tramas de estas películas.

La reciente puesta en el Teatro Real de El gallo de oro, de Rimski-Korsakov, permite repensar en la relación, aparentemente incongruente, entre lo serio y lo cómico. Un rey que se pasa la vida en la cama mientras tiene el enemigo a las puertas, que cuenta como consejero áulico a un astrólogo que le regala un gallo de oro como fetiche mágico y se viste, quijotescamente, con una armadura abollada y herrumbrosa para encabezar una tropa de pacotilla, todo eso hace reír.

Un escritor loco, Robert E. Howard, introdujo en todos los relatos protagonizados por Conan el mismo escenario: civilizaciones decadentes, entregadas a cultos malignos, a los que se enfrentaba con repugnancia su héroe bárbaro. "La barbarie es el estado natural del hombre. La civilización es antinatural. Es un capricho de de las circunstancias. Y, en última instancia, la barbarie siempre saldrá triunfante", decía el tejano en boca de su famoso cimmerio.

En la moda, como en tantas cosas que atañen a la vida social, los creadores se valen de referencias que, inicialmente, no proceden del universo textil. Hay en este juego de modistas y diseñadores bastantes apelaciones históricas, literarias, y como ahora veremos, también cinematográficas.

Si fuese verdad la mitad de las predicciones que difunden los comentaristas de la red, veríamos por la calle los signos del apocalipsis, como ocurre en esas obras de ciencia-ficción cuya lógica narrativa es la del desastre absoluto de la civilización humana.

Va pasando la vida, y uno parece advertir que los cambios resultan cada vez más difíciles, y que lo que podríamos llegar a ser no es fácil sin una dosis suplementaria de sufrimiento. Y cuando nos ofrecen un remedio para esa melancolía, solemos dejarlo archivado para leerlo más tarde.