Dalí ilustrador. Sueños en papel


De los sueños caprichosos de Pantagruel

Ver las 25 ilustraciones que Salvador Dalí recreó sobre la afamada obra de Rabelais y que se presentan en la presente exposición es fácil. Mirar –al modo que nos dice Gracián– ya es más difícil pues supone un esfuerzo intelectual que nos lleva y obliga, en primer lugar, a considerar el llamado Pantagruel con la finalidad y propósito con que fue escrito en el siglo XVI.

No sabemos a ciencia cierta la fecha de nacimiento de François Rabelais, singular médico y escritor satírico francés, generalmente se considera próxima al año 1495 en la localidad de Chinon de la Touraine. Falleció entre 1550–1560.

Rabelais se inició en la vida religiosa y realizó su noviciado en el convento de Fontenay–le–Comte, en el Poitou, donde recibió las órdenes eclesiásticas, probablemente en el año 1520. En este centro religioso residió hasta 1524 cultivando las lenguas clásicas, por ello y debido a su saber sobre el mundo cultural heleno fue perseguido en un tiempo en el que el protestantismo iniciaba su auge en el país galo. Sabemos que en el año 1523 le fueron confiscados sus libros, donde se encontraban algunos escritos de Erasmo.

Poco tiempo se mantuvo en el estado conventual. Sin licencia de sus superiores abandonó la abadía tomando los hábitos de sacerdote secular y se dedicó a complacer sus gustos sin traba alguna, alternó su ministerio sacerdotal con la medicina; un anárquico comportamiento ejemplo de una vida considerada poco menos que licenciosa y que dejará su huella en las estampas que aquí se presentan.

También en el ejercicio de la medicina manifestó su carácter solitario, independiente e insubordinado y, por abandonar su puesto de trabajo, fue cesado en el hospital de Lyon. En esta ciudad, centro importante de la imprenta y del saber en la Francia del siglo XVI, Rabelais compuso varias publicaciones sobre jurisprudencia, arqueología, medicina e incluso en astrología.

Pero Rabelais alcanzó gran notoriedad a través de las composiciones literarias que fueron fiel ejemplo de su incomparable personalidad, de su carácter burlón e independiente. Su Gargantúa supone una refundición de una antigua novela de leyendas tradicionales francesas que en el año 1532 llevó a la imprenta con el título Les grandes et inestimables chroniques du grand et énorme géant Gargantua.

El primer volumen de esta novela fue Pantagruel y se compone de cinco libros que fueron condenados tanto por la Sorbona como por el Parlamento francés al considerarlo inmoral y obsceno, lo que ya desde su origen le confirió una singular popularidad.

Y es que el libro de Rabelais es más que un libro de entretenimiento, constituye una sátira feroz contra las instituciones más respetadas de su tiempo, todo ello a través de un aire despreocupado, reflejo de su manera personal de entender y de comportarse en la vida. Tras la muerte de Francisco I, quien le concedió permiso para la edición de sus libros, tuvo que huir de Francia refugiándose, como lo hicieron otros intelectuales perseguidos, en Metz.

Sin duda, la obra que le universalizó fue su Gargantúa y Pantagruel, novela traducida a todas las lenguas europeas por ser un paradigma de la fantasía, de la sátira que, en lo absurdo, traduce la verdadera realidad. No extrañará, en consecuencia, que un artista de similares características como Salvador Dalí, ilustrara esta obra de Rabelais, tesoro de la literatura universal.

Varios libros componen Gargantúa y Pantagruel. El primero de ellos se publicó en 1535 con el título La vida inestimable del Gran Gargantúa, el segundo apareció con anterioridad en 1532 y se dio a conocer como Los horribles y espantosos hechos y proezas del celebérrimo Pantagruel, rey de los Dipsodas, hijo del gran gigante Gargantúa. En 1546 se editó el tercero de los libros Tercer libro de los hechos y dichos heroicos del noble Pantagruel, en 1552 publicó el cuarto de sus libros llamado El Cuarto libro de Pantagruel. El quinto y último, con el título de la Isla Sonante, apareció en 1562. La obra completa se editaría póstumamente en 1564 con solo 16 capítulos; diferentes escritores y comentaristas fueron completándola hasta darle la forma conocida en la actualidad.

La novela, cuya fuente responde al mundo medieval, fue magistralmente refundida por Rabelais, no presenta una trama definida, pues se compone de episodios muy variados. Su propósito es aparentemente cómico ya que aprovecha las desmesuradas dimensiones del hijo de Gargantúa, a quien se conoce como Pantagruel, para prodigar toda una fantasía que, fundamentada en consideraciones populares, establece una sátira social con crudo realismo.

La novela de Rabelais comienza a contar el nacimiento de Gargantúa, hijo de Grandgousier y de Gargamelle. El joven, príncipe heredero del reino de Utopía, es criado y educado en París según los principios de la pedagogía escolástica que se presentan claramente cuestionados y escarnecidos. Posteriormente, su padre, le encarga rechazar la agresión de un vecino, el nombrado rey Pricochole, y en esta acción el desmesurado jovencito obtiene una singular victoria aprovechándose de la ayuda y el consejo de un curioso fraile ignorante y bebedor, pero leal y heroico, Jean des Entommeurs. Terminada la guerra, para recompensar dignamente al alegre fraile, es fundada la célebre abadía de Thélême, nuevo tipo de convento hecho para las honestas delicias del cuerpo y del espíritu, cuya regla se resume en el afamado lema: Haz lo que quieras.

En el libro II nos narra como Gargantúa se casa con Badebec y tienen al gigante Pantagruel, quien será educado por su sabio padre y, posteriormente, enviado a París. En el Barrio Latino, Pantagruel hace amistad con Panurgo, una especie de clérigo vagabundo, erudito y enredador, pródigo y sin blanca, alegre, malicioso, astuto, miedoso e impertinente, pero en el fondo un excelente camarada. Con él hace la guerra a los Dipsodas, de los cuales se convierte en rey, y más tarde a los Gigantes.

El libro III relata sus viajes con el inseparable Panurgo y con fray Juan, a quien su padre nombró preceptor. Esta nueva peregrinación tiene un objetivo preciso: Panurgo ha sido preso del deseo de tomar esposa y no sabe si hará bien o no en iniciar un nuevo estado. Para aclarar esta cuestión acude a consultar a Sibila; también al poeta Raminagrobis, a un mago, a un médico y a un filósofo. Otras tantas ocasiones para Rabelais de trazar truculentos y extravagantes cuadros satíricos y de ensartar una porción de episodios inesperados y pintorescos.

Aconsejados por el loco Triboulet, los tres con su séquito deciden ir a consultar al oráculo de la “Divina Botella” e inician una larga peregrinación por mar, que es objeto de análisis en el libro IV. Sus viajes los trasportan por los más extraños países. Helos en la tierra de los Chicanous con los litigantes, que son los leguleyos; en la isla de los Papefigues con los Papahigos o protestantes; en la de los Papimanes con los papimanos, es decir, los católicos...

Finalmente, en el libro V, después de haber narrado la larga permanencia de nuestros viajeros en la isla Sonante donde figura la curia romana, los conduce al lejanísimo país de Lanternois que parece querer significar la tierra de los embusteros y allí, la sacerdotisa Bacbuc, les comunica la respuesta de la “Divina Botella”: el único y verdadero remedio para adormecer toda duda más o menos angustiosa es ¡Trink!, que quiere decir: ¡Bebe!.

La esquemática trama que resumimos está adornada con una exuberante foresta de episodios, digresiones, aventuras y accidentes burlescos, extravagantes discusiones y disertaciones filosóficas, filológicas, políticas, científicas y pedagógicas. En consecuencia, aunque la obra a primera vista se presenta como una enorme bufonada, una sucesión de episodios típicos de la farsa que nacen unos de otros bajo el impulso de una fantasía caprichosa e inagotable, podemos precisar que en su profundidad se convierte en un claro ejemplo doctrinal.

Atribuido a Rabelais fueron Les Songes Drolatiques de Pantagruel, (Los Sueños Caprichosos de Pantagruel) conjunto de ilustraciones que vieron la luz en el año 1565 y por lo tanto, tras la muerte del escritor. Las láminas se divulgaron sin texto alguno en la edición que Breton elaborara en París y se conforman con 120 entalladuras que definen, por su galería de retratos, los diferentes tipos humanos.

Son estas fantasías ilustradas –nuevamente las fantasías–, las que nos transportan a la Comedia de la vida, pero a una comedia poco divina por ser plenamente humana. Y así, estas imágenes se convierten en Caprichos del autor, en una estética muy personalizada que traduce el artista y en la que quiere manifestar un espíritu propio e individual que, si bien Rabelais lo propone en su literatura satírica, ahora, en la estampa, Dalí quiere definirlo por esperpentos visuales.

Las veinticinco láminas que componen esta serie litográfica que gestara el artista catalán remiten, a manera de seres monstruosos, a las aventuras burlescas de Pantagruel de las que hemos dado cuenta. Los modelos, por muy extraños que nos parezcan, tienen su precedente en las llamadas drolerías, es decir, caprichos del artista, argumentos novedosos como definió Carducho que se configuran en la imaginación del propio genio creador y que podemos observar en la peculiar iconografía del Bosco, de Pieter Bruegel “el viejo”, de Callot, Goya, y de tantos genios del arte que a partir de estos “caprichos” manifiestan su individual y creativa visión del mundo.

Salvador Dalí nada dijo de las fuentes que pudo consultar para la elaboración de estas láminas –si lo hizo con los Caprichos de Goya donde en cada lámina pone el nombre del inventor– y se han considerado una creación propia del artista. Tampoco estableció orden alguno para las mismas. En consecuencia, cabría preguntarse si el genio catalán inventó o tomó como modelo grabados antiguos para la composición de sus litografías.

La respuesta tiene sin duda una clara y precisa solución. Las fuentes de Dalí son más concretas y se pueden encontrar en la edición citada que en 1565 publicó Richard Breton en París con 120 entalladuras siguiendo presumiblemente los dibujos del propio François Rabelais y que fueron abiertas por la gubia del maestro grabador François Desprez. El texto de Rabelais fue ilustrado con el título Les songes drolatiques de Pantagruel, curiosamente el mismo que ocupa la edición de Dalí y al que se añade como explicación: …ou sont contenues plusieurs figures de l’invention de maistre Francois Rabelais: & derniere oeuvre d’iceluy, pour la recreation des bons esprits.

En el propio título que citamos y que acompañó a la edición de 1565 se desprende el sentido didáctico y doctrinal de la obra ilustrada, por ello no extraña que las láminas fueran interpretadas ya en el siglo XIX con un contenido plenamente alegórico en relación con personajes destacados del siglo XVI. Este mismo sentido doctrinal se desprende del prólogo que en el año 1565 ofrece Richard Breton a su edición.

El artista, François Desprez ejerció como grabador y editor en el siglo XVI parisino. Entre los años 1562 a 1565 trabajó para el librero Richard Breton destacando entre sus obras la presente que referimos ya que actuó como ilustrador para Les sognes drolatiques de Pantagruel. Sobre su figura hemos de precisar los estudios de Jean Porcher. Entre sus estampas podemos señalar argumentos sobre la Guerra de Troya o la Historia de Jonás. Como se ha precisado y así lo señalan los estudiosos, la obra de Desprez tiene claras influencias del Bosco y esencialmente de estampas editadas por Cock en su editorial Aux Quatre Vents en base a los citados diseños de Bruegel de los que hemos dado cuenta.

El estudio de estas láminas editadas por Breton y abiertas por Desprez suponen la fuente gráfica en todas y cada una de las litografías de Salvador Dalí, de ahí su importancia, pues nos permitirá ordenarlas por vez primera de una manera ajustada y con un criterio concreto que dista mucho de la clasificación ofrecida en el catálogo Prestel sobre la obra gráfica de Dalí, donde no se precisa titulación precisa y se disponen las estampas sin orden preciso.

Sabemos que generalmente la fuente literaria informa la creación gráfica, así hemos de reparar en los escritos de Edwin Tross para la edición de 1823 preparada por Esmangart y Johanneau sobre Les sognes drolatiques de Pantagruel. Por ella sabemos que estas composiciones remiten a varios afamados personajes del siglo XVI entre los que podemos destacar a los reyes franceses Francisco I y Enrique II, el emperador Carlos V, el pontífice Julio II, los cardenales Claudio de Lorena y Du Bellay, además y entre otros, al médico erudito, Cornelio Agripa.

En este sentido y como daremos cuenta en la serie sobre los Caprichos de Goya, toma como modelo de su composición la obra original, en este caso las entalladuras de Desprez, a las que añade algunos pequeños detalles.

En consecuencia, analizar las fuentes de Dalí en sus ilustraciones para Pantagruel nos lleva a considerar varios aspectos que enumeramos:

1.– La serie de 25 litografías de Dalí toma el título de la edición ilustrada por François Desprez y editada por Breton en 1565 Les Songes Drolatiques de Pantagruel, de cuyas 120 entalladuras Dalí toma 25.

2.– Al comparar tales imágenes de Desprez con las litografías de Salvador Dalí encontramos que de las 120 entalladuras del siglo XVI, el artista catalán nos ofrece una clara identidad iconográfica.

3.– El estudio comparativo permite por vez primera establecer un ordenamiento ajustado y justificado de las litografías de Dalí.

4.– Las entalladuras de Desprez fueron reeditadas en el año 1823–26 por Dabilon en París y comentadas por Esmangart y Johanneau. Este comentario nos permite titular las litografías de Dalí de manera precisa.

5.– Por otra parte, el comentario de Esmangart y Johanneau posibilita una lectura concreta del argumento visual en las 25 litografías de Dalí .

En la edición de Artco France titulada El Universo Fantástico de Dalí (París 1989) se recoge una afirmación de Dalí:

“Las multitudes desfilan y seguirán desfilando ante mis cuadros porque su instinto sospecha confusamente y con admiración que mis obras esconden tesoros de una autenticidad deslumbrante que nadie ha logrado percibir, tesoros artísticos que lo serán cada día más, quizá y sin quizá…”

Tras este análisis sobre las fuentes del Pantagruel que grabara Dalí sacamos a la luz el tesoro de una autenticidad deslumbrante que hemos logrado percibir despejando sospechas confusas. Aunque Desprez se convierte en la fuente de inspiración y, en consecuencia, matiza la citada autenticidad deslumbrante, la serie de 25 láminas es y será –sin quizá– un gran tesoro artístico.

 

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