El Museo Estatal del Hermitage
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- Category: Arte
- Creado en 09 Noviembre 2011
- Published: 09 Noviembre 2011

Ubicado en un conjunto de edificios palaciegos al lado del río Neva y, sobre todo, en el Palacio de Invierno que fue la residencia en el siglo XVIII de la Zarina Catalina la Grande, el State Hermitage Museum de San Petersburgo es uno de los más grandes y espectaculares museos del mundo.
Sus colecciones abarcan el Egipto de los faraones, las culturas siberianas, el mundo grecorromano y llegan hasta el arte renacentista, la escultura neoclásica, y la pintura de Matisse y Picasso.
Es uno de los poquísimos museos que, fruto del coleccionismo de los zares, empezando con Pedro el Grande (1672-1725), así como del coleccionismo privado de vanguardia del siglo XX, se puede considerar verdaderamente enciclopédico.
“El Hermitage en el Prado”. Secciones de la exposición
Con el objetivo de transmitir una idea lo más precisa posible de la riqueza de las colecciones que conserva y expone el Hermitage, las ciento setenta y nueve obras que forman parte de la exposición que organiza el Museo del Prado se presentan agrupadas a través de las siguientes secciones:
I. Los zares fundadores del Hermitage
La exposición comienza con los retratos de Pedro el Grande, Catalina la Grande y Nicolás I, de cuyas colecciones proceden la mayoría de los fondos del Hermitage. Pedro el Grande (r. 1682-1725), fundador de San Petersburgo, consolidó el poder autocrático de los zares, modernizó Rusia y la transformó en una potencia europea. Reformó el ejército y creó la marina rusa. Fundó la Kunstkámera, o cámara de curiosidades, el primer museo de la nueva capital, alguna de cuyas colecciones se encuentra hoy en el Hermitage. Catalina II (r. 1762-96), nieta política de Pedro el Grande, contrajo matrimonio con el zar Pablo III y se convirtió en emperatriz tras un golpe de estado en 1762.
Amante de la música, el teatro y el arte, sentó las bases de la magnífica galería de pinturas del Hermitage comprando colecciones completas en Rusia y Europa occidental y encargando obras a artistas como Chardin o Wright of Derby.
Nicolás I (r. 1825-55), nieto de Catalina II, completó el complejo de edificios que constituye el actual Hermitage con la construcción del Nuevo Hermitage, junto a la residencia imperial, que abrió al público en 1852.
II. San Petersburgo y el Hermitage
Esta sección introduce al visitante en la ciudad de San Petersburgo a través de los lienzos pintados por el artista sueco y pintor oficial de la corte imperial, Benjamin Patterson (1748-1815), que muestran la grandiosa ciudad bajo cielos luminosos, y destacan su naturaleza elegante y ordenada.
Una ciudad que se erigió sobre las pantanosas riberas del río Neva en 1703 como resultado de la ambición de Pedro el Grande de construir una gran capital en el norte de Rusia, tomando París y Amsterdam como modelos, con acceso directo al mar Báltico. Para ello empleó a arquitectos e ingenieros italianos y franceses y movilizó una enorme cantidad de trabajadores para el dragado de canales y la construcción de diques, fortalezas, palacios e iglesias.
A continuación, el carácter emblemático del complejo del Hermitage, compuesto por el Palacio de Invierno, edificado entre 1754 y 1762 para la emperatriz Isabel Petrovna, hija de Pedro el Grande; el Pequeño Hermitage; el Gran (o Viejo) Hermitage y el Nuevo Hermitage de Nicolás I, queda plasmado en las vistas de sus salas y galerías suntuosamente decoradas, obra de artistas rusos que trabajaron entre las décadas de 1830 y 1850.
III. El oro de los nómadas de Eurasia
En esta sección se presenta una cuidada selección de piezas de la primera colección arqueológica rusa, conocida como Colección Siberiana de Pedro I, formada en el primer cuarto del siglo XVIII con piezas procedentes de los hallazgos de las primeras excavaciones científicas y de los saqueos de los sepulcros de estructura compleja, con cámara funeraria y cubiertos con túmulos (kurganes), donde las tribus nómadas de la estepa sepultaban a sus reyes y grandes guerreros.
Desde el siglo VII a. C. al s. III a. C. nómadas escitas dejaron en la zona sur de Siberia y en la región de las montañas Altái suntuosos kurganes, caracterizados por la presencia de armas, de adornos de oro de “estilo animalístico”, y de los caballos del difunto lujosamente embridados y ensillados.
IV. El oro de los griegos
La colección de orfebrería griega del Hermitage contiene joyas antiguas de gran relevancia artística e histórica, procedentes de adquisiciones, regalos personales y donaciones, así como de los hallazgos de las excavaciones de la costa septentrional del mar Negro.
Varias de las piezas de esta sección proceden del túmulo (Kurgán) de Kul-Oba en la península de Kerch, en los alrededores de Panticapea, antigua capital del reino del Bósforo, en el que los cuerpos sepultados en la cámara funeraria debieron de pertenecer a miembros de la alta nobleza a juzgar por la riqueza y abundancia de las joyas encontradas, que constituyen un magnífico conjunto de obras maestras de la toréutica (trabajo en relieve sobre metal) griega y escita del siglo IV a. C.
Años más tarde, el hallazgo del túmulo de Artiujov en la península de Tamán aportó a la colección rusa piezas del siglo II a C. que reflejan la influencia de los maestros orientales en la orfebrería griega durante el periodo helenístico, como consecuencia de las expediciones de Alejandro Magno.
Una meticulosa selección de estas obras permitirá contemplar en esta sección cómo en el período helenístico la nota dominante es la policromía, conseguida con incrustaciones de piedras, y en particular de granates rojos, las más populares.
V. Pintura, escultura y dibujos
El Hermitage posee extraordinarios fondos del arte de Europa occidental que abarcan pinturas, dibujos, estampas y esculturas de los siglos XIII al XX. Pedro I fue el primero en incorporar un cuadro de Rembrandt, y sus sucesores, particularmente Catalina II y Alejandro I, compraron colecciones enteras en Rusia y en el extranjero con el fin de llenar las grandiosas salas del Palacio de Invierno.
En el Hermitage está muy bien representada la pintura holandesa y flamenca del siglo XVII (Rubens, Van Dyck, Rembrandt y Hals) y también el barroco italiano y español, cuyas obras se adquirieron a través de diplomáticos y agentes artísticos en Berlín, Londres, París y Ámsterdam.
La selección que aquí se muestra es de una calidad especialmente alta e incluye famosísimas pinturas del Hermitage, como el San Sebastián, de Tiziano, obra tardía de su autor comprada en Viena en 1850, y El tañedor de laúd, de Caravaggio, pintado para el marqués Giustiniani, y adquirido en París en 1808. La de pintura española cuenta con obras de Velázquez, El Greco y Ribera y la pintura holandesa está representada por dos cuadros de Rembrandt, uno de Hals y un impresionante bodegón de Willem Kalf.
La adquisición en París en 1772 de la espectacular colección de Pierre Crozat, antiguo ministro de finanzas de Luis XV, sentó las bases para la excelente selección de arte francés del Hermitage. Aquí se muestran obras de Champaigne, Poussin, Le Nain y Boucher, junto a dibujos de Lorena y Watteau.
Las obras más tempranas de la exposición son un dibujo de Durero y una escultura de Antonio Lombardo, fechadas en la década de 1510. Entre la escultura del siglo XVII destaca un modelo de terracota para el Éxtasis de santa Teresa, de Bernini, incomparable demostración de su maestría técnica.
VI. El Hermitage, escenario de la Corte
En esta sección, el visitante encontrará un singular conjunto de obras que reflejan el esplendor de la corte rusa. Emulando la corte de Versalles, Catalina II mandó construir el Pequeño Hermitage, donde celebraba reuniones con exclusivos invitados para disfrutar de las artes y de relajadas diversiones.
Asimismo, introdujo la moda de usar lujosos vestidos de estilo ruso, realizados con terciopelo y brocados, y decorados con joyas y piedras preciosas que sorprendían a los extranjeros. Su corte se convirtió en el lugar de encuentro de numerosos monarcas europeos y personajes célebres de la época.
Todas las actividades cortesanas se regían por estrictos protocolos y existían normas acerca de los uniformes, los vestidos y sus accesorios. En el siglo XIX, el emperador Nicolás I estableció el corte, los colores, las telas y los motivos de los trajes de gala que las damas debían llevar en las grandes ceremonias, y desde aquella época se mantuvieron sin grandes cambios hasta la desaparición de la monarquía en 1917.
VII. Pintura, escultura y dibujos del siglo XVIII
El edificio del Hermitage combina los estilos del barroco tardío y del neoclasicismo y es muy significativo que albergara no solo la biblioteca de Voltaire, adquirida por Catalina la Grande tras su muerte, sino también una espléndida colección de pintura y escultura europea del siglo XVIII, que incluye dos esculturas del filósofo realizadas por Houdon; una de ellas es el busto que se muestra en esta selección.
En 1769 Catalina compró la colección del primer ministro de Sajonia, el conde Von Brühl. Contaba con aproximadamente un millar de dibujos, casi seiscientas pinturas y una gran cantidad de estampas.
El cuadro de La Kreuzkirche en Dresde de Bernardo Bellotto, pintor de corte de la ciudad, fue originalmente un encargo del propio Von Brühl. La gran alegoría mitológica de Mengs Perseo y Andrómeda se pintó para un cliente inglés, pero fue adquirida por la emperatriz en 1780.
Catalina encargó directamente a Chardin el cuadro Los atributos de las Artes para la Academia de Bellas Artes de San Petersburgo, pero no pudo resistir la tentación de quedársela para su propio disfrute.
El Hermitage alberga una de las mejores colecciones de escultura neoclásica del mundo, en la que destacan una de las esculturas más sensuales y emocionantes del italiano Antonio Canova, Magdalena penitente y el busto del emperador Alejandro I del danés Thorvaldsen que pueden verse en estas salas.
VIII. Orfebrería de Oriente y Occidente
En esta sala se reúnen una selección de piezas procedentes de las colecciones de joyas y valiosas rarezas de los zares. Sus palacios y colecciones se enriquecieron con regalos diplomáticos y curiosidades procedentes del comercio de mercancías preciosas. Pedro I reunió, en un gabinete de maravillas, extraños objetos de la naturaleza junto con joyas y obras de arte, siguiendo el ejemplo de otros monarcas europeos.
Su hija Isabel Petrovna adquirió piezas de orfebrería en los principales mercados de Europa y San Petersburgo. De este periodo destacan las piezas que el artista de origen suizo Jérémie Pauzié realizó para la corte y la nobleza de la capital.
En el Palacio de Invierno, bajo sus propios aposentos, Catalina II atesoró una colección de filigrana de oro y plata oriental, insólita por su variedad y composición, a la que llamaba “Museum”.
Instaló también la “Sala de los Diamantes”, con multitud de adornos y objetos preciosos, realizados por artífices europeos establecidos en la capital rusa, como los maestros Jean-Pierre Ador o Jean-Louis-David Duval. Los más valiosos objetos de estos fondos se exhibieron al público en la llamada “Galería del Tesoro” como un museo de orfebrería independiente que formaba parte del Hermitage Imperial creado por Nicolás I.
La colección de joyas continuó incrementándose a lo largo del siglo XIX, a través de adquisiciones y regalos, con obras contemporáneas de la casa Fabergé.
China
La fascinación por Oriente que surgió en la Rusia del siglo XVIII se refleja en las magníficas manufacturas chinas de los siglos XVII y XVIII. Cajas y arquetas, bandejas y horquillas fueron producidos en filigrana, a veces realzada con piedras y esmaltes de colores.
India y Asia Central
La colección de joyas indias del siglo XVII probablemente es única en el mundo. La embajada del gobernante de Irán, Nadir Sah (r. 1736-47), trajo a San Petersburgo en 1741, como regalo para el heredero al trono ruso Iván VI, un conjunto de piezas de la India adornadas con piedras preciosas (diamantes, rubíes y esmeraldas) y esmaltes de colores, procedentes de los tesoros que habían arrebatado a los Grandes Mogoles.
Estos objetos están elaborados con la compleja técnica llamada kandán, tradicional de la orfebrería india, en la que las piedras se fijan a unas cavidades profundas de forma que no sobresalen de la superficie de la pieza. En 1885, tras la integración definitiva de Asia Central en el Imperio Ruso, ingresaron en las colecciones del Hermitage un buen número de objetos preciosos procedentes de los regalos diplomáticos de los gobernantes orientales a los últimos zares.
Europa
El Hermitage conserva obras maestras tanto de la orfebrería alemana, como raros ejemplos producidos por otros artesanos europeos en los siglos XVI y XVII, que sirvieron como adornos o amuletos, así como lujosos conjuntos litúrgicos encargados por la familia real a joyeros de la corte de Moscú. A mediados del siglo XVIII, durante el reinado de Isabel Petrovna estuvieron de moda los relojes de oro y plata decorados con piedras preciosas y esmaltes, que se colgaban de la cintura con unas cadenas especiales denominadas chatelaînes.
Catalina II propició la etapa de esplendor de la orfebrería en San Petersburgo, caracterizada por la combinación de las tendencias artísticas de los centros rusos y de los europeos. La corte imperial y la aristocracia encargaban refinados artículos de lujo: relojes, candelabros, ramos de flores, anillos, broches…, que se mantuvieron en boga durante más de un siglo.
En el siglo XIX la orfebrería rusa alcanzó su momento culminante con las creaciones que el taller de Carl Fabergé realizó en San Petersburgo, demandadas por la realeza, la aristocracia y las familias adineradas de las capitales europeas.
IX. Arte de los siglos XIX y XX
La presencia de arte de los siglos XIX y XX en los fondos del Hermitage se debe a la nacionalización, durante la Revolución Rusa de 1917, de las grandes colecciones imperiales, aristocráticas y privadas de Rusia. Obras que se pueden contemplar en esta sala como las pinturas de Friedrich o la escultura de Rodin pasaron directamente desde estas residencias al Hermitage.
Otras, como el Conde Nikolái Gúriev de Ingres, engrosaron el Fondo Estatal de Museos, donde fueron cuidadosamente seleccionadas para completar los fondos del Hermitage.
La carencia de obras impresionistas y de las vanguardias europeas se cubrió más adelante, en 1948, tras la disolución del Museo Estatal del Arte Occidental de Moscú, formado principalmente a partir de las colecciones de arte vanguardista de dos moscovitas, Serguéi Schukin e Iván Morózov.
Los fondos de arte moderno del Hermitage han continuado creciendo gracias a donaciones ―como la del conjunto de obras de Matisse donado en 1971 por Lidia N. Delektórskaia, amiga del artista― o por importantes adquisiciones del propio Museo, como Beethoven, gran máscara trágica, de Bourdelle, que ingresó en 1973. Muchas otras obras de las vanguardias, como el Autorretrato de Soutine, fueron adquiridas gracias a la intervención del presidente Boris Yeltsin en 1996.
Más recientemente, en 2002, el Estado ruso compró el Cuadrado negro de Malévich.
Copyright del texto © Museo del Prado. Cortesía del Área de Comunicación del Museo del Prado. Reservados todos los derechos.
Copyright de las ilustraciones:
Hamán reconoce su suerte (Hamán recibe la orden de honrar a Mardoqueo)
Rembrandt Harmensz. van Rijn Óleo sobre lienzo, 128 x 116,5 cm
1660 - 1665 San Petersburgo, State Hermitage Museum
Niño con un perro
Pablo Picasso
Aguada de pigmentos opacos y pastel sobre cartón marrón, 572 x 412 mm 1905 San Petersburgo, State Hermitage Museum © Sucesión Pablo Picasso. VEGAP. Madrid, 2011
El almuerzo
Diego Velázquez
Óleo sobre lienzo, 108,5 x 102 cm h. 1617
San Petersburgo, State Hermitage Museum











