El Zócalo de Puebla

altCualquier plaza tiene que aceptar los vaivenes de la nomenclatura, y ésta de Angelópolis no es una excepción. Ha sido Plaza Principal, Plaza de Armas, Plaza Pública y Plaza Mayor.

En todo caso, ningún historiador duda en situar el Zócalo en la etapa inaugural de la ciudad, pues ya en 1531 servía de eje a la retícula callejera. Según es norma en este tipo de espacios, muy pronto los comerciantes ocuparon sus rincones. En este caso, los indígenas vendían sus mercaderías con el mismo afán que antes de la llegada de los colonizadores.

Claro que en este caso el criterio gubernamental tenía sus intereses, a tal extremo que un mandatario llegó a legislar en 1545 que el pan se vendiera en ese punto. ¿Las razones? Animar a los feligreses más reticentes a visitar el Zócalo y, de paso, las iglesias cercanas. No obstante, ese ambiente varió a fines del siglo XVIII, cuando los vendedores ocuparon un nuevo ámbito, el Parián, que hoy es el mercado de artesanías más interesante de Puebla.

En nuestros días, vemos con cuánta frecuencia se plantean en la plaza representaciones festivas, lo cual lleva a imaginar cómo era este escenario en tiempos de la Colonia. Tal cosa, por supuesto, pertenece al campo evocativo y sirve para recordar que acá hubo funciones teatrales, lances taurinos y otros esfuerzos de naturaleza festiva. Con distinto rigor, también hubo reos en la picota y colgando de la horca, cumpliendo así los veredictos de la Real Audiencia. Tampoco faltaron los desfiles procesionales, por lo común en ruta hacia la soberbia catedral

Aparte del conjunto catedralicio y del Palacio Municipal, otros lugares dignos de admirar dentro de la plaza son el Portal Hidalgo, el Portal Morelos y el Portal Benito Juárez. No obstante, uno de los elementos más característicos del Zócalo es un vestigio del antiguo sistema de distribución de agua: la fuente de San Miguel, instalada en 1777.

Sin duda, esta fontana es atractiva para los estudiosos de la tradición emblemática y de las representaciones alegóricas características del barroco. Pero quizá debamos canalizar ese interés por medio de la siguiente cita:

«El tema de Hércules -escribe Santiago Sebastián López- no era extraño en la Puebla del siglo XVIII, como demuestra la fuente de San Miguel en la plaza de la Catedral (1777) de esta ciudad. Es un monumento conmemorativo cargado de simbolismo, y por ello presenta en su base un octógono mixtilíneo, cuyo pilar central muestra en el remate a la figura del Príncipe de los Ángeles venciendo al demonio bajo la forma de hidra cual una transposición del héroe mitológico; la taza superior es sostenida por cuatro figuras de Hércules y arroja agua por medio de cabezas solares. Existen en Puebla representaciones herácleas desde el siglo XVI, como las de la Alhóndiga, entre otras» («Arte iberoamericano desde la Colonización a la Independencia», Segunda parte, Summa Artis. Historia General del Arte, volumen XXIX, Madrid, Espasa-Calpe, 1985, p. 177).

Hubert Robert. Vue Imaginaire de la Grande Galerie en Ruines (1796) © Museo del Louvre. Reservados todos los derechos.

Esta es una versión expandida de un artículo que escribí en el Centro Virtual Cervantes (www.cvc.cervantes.es), portal en la red creado y mantenido por el Instituto Cervantes para contribuir a la difusión de la lengua española y las culturas hispánicas.

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Lobo (Oberon7up), ratonero de cola roja (Putneypics) y paisaje montañoso (Dominik Bingel), CC

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Caballo islandés (Trey Ratcliff), garza real (David MK), vacas de las Highlands (Tim Edgeler), pavos (Larry Jordan) y paisaje de Virginia (Ed Yourdon), CC