Historia del grabado
- Detalles
- Categoría de nivel principal o raíz: SECCIONES
- Category: Arte
- Creado en 09 Noviembre 2008
- Published: 09 Noviembre 2008
- Escrito por Emilio C. García Fernández
La era de las luces
Durante el siglo XVIII, se introducen nuevos procedimientos creativos que vienen a completar las posibilidades que ofrecen los ya conocidos. Especialmente, destaca el aguatinta, una media tinta a partir del aguafuerte.
Jean-Baptiste Le Prince (1734-1781) es su impulsor, y Francisco de Goya uno de sus más claros promotores. A lo largo de este periodo, conviven la reinterpretación de las obras pictóricas de autores conocidos con los grabados originales, realizados por los propios pintores. En esta última categoría podemos incluir las estampas del inglés William Hogarth (1697-1794), uno de los principales maestros en el arte de la estampa.
¿Y qué decir de las caricaturas de Hogarth? A imagen de los grabados caricaturescos del grabador británico, no escasean por esta época las estampas de contenido satírico. Estampas que proliferan en las revistas ilustradas y que cumplen la misma función que los humoristas gráficos desempeñan en la prensa de hoy.
Sin duda, durante la Ilustración, el grabado también se ocupó de plasmar todos aquellos contenidos que surgían del campo de las ciencias naturales y mecánicas, ofreciendo documentos gráficos de indudable valor sobre la fauna y flora, los variopintos recursos médicos y otros temas y novedades científicas. No faltaban, también, descripciones de tácticas militares, composiciones pictóricas, ejemplificaciones físicas o químicas, planimetría urbana o sobre construcción de edificios. También en el campo de la cartografía este tipo de técnicas permitió una producción en serie que fue esencial para su difusión. Si buscan un ejemplo de todo ello, quédense con éste: la Enciclopedia de Diderot y D’Alembert, profusamente ilustrada con bellísimas estampas.
Claro que aún faltaba por llegar una gran novedad. La invención de la litografía por Aloys Senefelder (1796), supuso uno de los avances más importantes en el campo de la comunicación.“El descubrimiento de Senefelder tuvo dos consecuencias notables. Liberó al artista o dibujante original de la tiranía de las redes de racionalidad del grabador de interpretación y, por primera vez en muchas generaciones, permitió al público ponerse en contacto directo con manifestaciones gráficas exactamente repetibles sobre cosas vistas e imaginadas susceptibles de imprimirse en ediciones de un volumen prácticamente ilimitado. Llegaba a su fin el reinado de la información visual de segunda mano” (Ivins, págs. 130-31).
Según nos explica Rosa Vives, el procedimiento litográfico de Senefelder se basa en el antagonismo del agua y los cuerpos grasos. La tinta grasa se aplica sobre una piedra calcárea y porosa. “Se acidula la superficie con una mezcla siruporosa a base de goma arábiga y ácido nítrico. La imagen queda fijada y las zonas blancas impermeabilizadas, manteniendo siempre esta superficie húmeda. Cuando se pasa el rodillo entintado, la tinta sólo se deposita sobre las zonas previamente dibujadas, mientras que el resto de las partes húmedas la rechazan. Poniendo una hoja de papel encima y pasándola por la prensa litográfica, obtenemos una estampa. Se pueden sustituir las piedras por planchas metálicas tratadas ex profeso (zinc y aluminio) y entonces se llama zincografía o metalografía” (Vives, Rosa, op.cit., p. 192)
La litografía facilita a los impresores grandes y rápidas tiradas, lo cual permite una difusión masiva. Este procedimiento es aprovechado por un buen número de pintores que deciden adaptarse a los nuevos medios, al tiempo que dan un nuevo estatus artístico a las imágenes impresas por este procedimiento, en un principio relegado y aplicado a obras más vulgares.
El impulso definitivo de la litografía, no obstante, se debe a cartelistas como Jules Chéret, Toulouse-Lautrec y, sobre todo, Alfons Mucha. Cuando ellos divulgan sus coloridos trabajos, los talleres de Gustave Doré (1832-1883) y Thomas Oldham Barlow (1824-1889) parecen haberse especializado en la realización de grabados para ilustrar ediciones de lujo.
Llegado a su mayoría de edad, el grabado no tarda en ser sustituido por otros métodos de impresión mecánica. El XX es el siglo del offset y el fotograbado, que desplazan a las viejas técnicas fuera de los talleres de artes gráficas. Por fortuna, los grandes creadores de la vanguardia –desde Picasso hasta Andy Warhol– han recurrido a la estampa como método creativo de primer orden.
En definitiva, podemos decir, con el grabador Esteve Botey, que “el grabado, índice de cultura desde los tiempos felices de su aparición, casi simultánea con la Imprenta, manifestación susceptible desde los comienzos, de variadas aplicaciones de utilidad, hará estampas piadosas; dispondrá ostentosas portadas de libros genealógicos o de devoción; trazará retratos representativos por el brillo de sus empresas; pergeñará viñetas, letras ornamentadas y decoraciones de floreado encuadramiento; reproducirá a veces obras de la Pintura, de la Escultura y de la Arquitectura –monumentos que no hubieran podido ser conocidos ni divulgados fuera de su emplazamiento–, y lo hará libremente, sin el servilismo de los procedimientos seguidos por las modernas fotomecánicas, totalmente desprovistas del sentimiento artístico que les comunica el acento personal del grabador. Y otras veces hará obra original sobre motivos filosóficos, históricos o que recojan el sentir popular, siendo en no pocos casos auxiliar de las Ciencias y de las Artes en sus investigaciones preciosas, difundidas en todo el mundo por su medio gráfico de poderosa extensión.
Desde entonces, el Arte no será sólo patrimonio de príncipes y prepotentes. Todas las clases sociales, hasta las más modestas, podrán disfrutar merced a la peregrina invención del Grabado, de la belleza plástica expresada por la estampa, asequible a todos por su humildad económica y por su pequeño tamaño, en la pluralidad de ejemplares lanzados a todos los ámbitos en favor de la general ilustración” (Esteve Botey, F.: op. cit, págs. 42-43).
Ilustración (The Cult): Violinista burlesco en Varie Figure Gobbi (1616), de Jacques Callot
Copyright © Emilio C. García Fernández. Los textos originales del autor en los que se basa este artículo fueron publicados en El Diario de Ávila, en la revista Todo Pantallas, en la Enciclopedia Universal Multimedia (Micronet), en la Enciclopedia Universal Multimedia (Micronet) y en los libros Historia Universal del Cine (Planeta, 1982), Guía histórica del cine (en colaboración con Santiago Sánchez González, Film Ideal, 1997; Editorial Complutense, 2002), Historia General de la Imagen (Universidad Europea-CEES, 2000) y La cultura de la imagen (Fragua, 2006). Cortesía de Emilio C. García Fernández. Reservados todos los derechos
- << Anterior
- Siguiente









