La ciudad moderna
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- Categoría de nivel principal o raíz: SECCIONES
- Category: Arte
- Creado en 25 Septiembre 2001
- Published: 04 Enero 2011

Los modernos iconos del paisaje urbano constituyeron una fuente de inspiración y fascinación inagotable para los artistas de principios del siglo XX.
Dejando a un lado los paisajes bucólicos que predominaron en el siglo XIX en favor de símbolos industriales como la Torre Eiffel o Times Square, artistas parisinos, neoyorquinos y berlineses captaron la atmósfera de modernidad y progreso que se respiraba en estas grandes metrópolis.
Los fondos de la Colección Permanente del Museo Guggenheim Bilbao, que reúne la exposición La ciudad moderna, que se inaugura el 25 de septiembre, evidencian este giro hacia el tratamiento moderno de temas netamente urbanos.
Duramente vilipendiada durante su erección para la Exposición Universal de 1889, la Torre Eiffel fue finalmente considerada un símbolo de modernidad y vanguardia, sobre todo entre los círculos intelectuales y artísticos.
Robert Delaunay expresó su pasión por este icono inmortalizándola en varias series.
Su vocabulario inspirado en el cubismo, como se aprecia en los planos cambiantes y en su paleta cromática a menudo atrevida, infunde a sus imágenes de la torre un soplo de energía y vitalidad.
Marc Chagall en su obra París a través de la ventana (Paris par la fenêtre) 1913, nos ofrece una visión no menos optimista de la ciudad, llegando incluso a insertar la imagen de un paracaidista para añadir un toque ultramoderno.
Al igual que las visiones de París de Delaunay, al otro lado del Atlántico, las sensaciones que arrebataron a Albert Gleizes a su llegada a Nueva York en 1915 pasaron por el calidoscopio del cubismo.
La energía y vitalidad que desprende esta gran urbe sacudieron de inmediato a Gleizes, quien plasmó los excesos visuales que le proporcionaban lugares como Times Square y Broadway en piezas como Kelly Springfield .
Fue la majestuosidad del Puente de Brooklyn lo que más habría de inspirarle, al punto de que le dedicó tres de sus obras mayores, dos de ellas pertenecientes a la Colección Guggenheim.
En Alemania, además de ilustrar la arquitectura de Berlín, los artistas retrataron también a sus peculiares y variopintos habitantes.
En su obra Paseo (Promenade) 1909, Rudolf Bauer nos muestra a las estilosas mujeres y atildados hombres del Berlín de la época.
George Grosz sintió igualmente el impulso de inmortalizar a sus paisanos, como lo atestiguan sus dibujos y acuarelas de los años treinta, pero lo hizo desde un prisma radicalmente distinto, criticando la opulencia y el exceso que se vivía en los salones de baile y cabarets de la elite.
Todas estas obras retratan a las personas como elementos definitorios de la ciudad moderna.
Como complemento a la exposición La ciudad moderna se proyectan una serie de películas en las que quedan plasmadas las más significativas creaciones de las vanguardias artísticas, cinematográficas y escénicas de la primera mitad del siglo XX.
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