Cómo clonar un dinosaurio a partir de su ADN
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- Categoría de nivel principal o raíz: SECCIONES
- Category: Ciencia
- Creado en 17 Mayo 2012
- Published: 17 Mayo 2012

La novela Parque Jurásico, de Michael Crichton, convirtió la idea en literatura. Y como a veces la ficción tiene más poder que la realidad, en poco tiempo muchos repetíamos esta posibilidad como un mantra: ¿y si un día fuera posible devolver la vida a las bestias prehistóricas que hoy duermen en las vitrinas de los museos?
En el libro de Crichton, el ADN preciso para esta hazaña se obtenía de insectos antiquísmos atrapados en el ámbar. En realidad, el proyecto de obtener sangre de su interior para investigar su procedencia no es nuevo.
"El entomólogo Alfonso Dampf Tenson (1884-1948) –escribe Herbert Wendt– descubrió por fin entre las innumerables incrustaciones en ámbar del coleccionista Richard Klebs una pulga excelentemente conservada. Se trataba de una especie a la que unía el más estrecho parentesco con la pulga parásita de los Tupaidos actuales del Sureste asiático. Estos mamíferos son auténticos connecting links, es decir, formas de transición entre los insectívoros y los prosimios. Así pues, parece que la pulga del ámbar testimonia que estos animales, tan importantes desde el punto de vista genealógico, se dieron también en Prusia oriental durante la primera parte del Terciario. En el ámbar se encuentran incluso pruebas testificales de la existencia de grandes mamíferos en los pinares de aquella época. Se han hallado en él moscas de gran tamaño emparentadas con los tábanos, esa plaga punzante y vampiresca que atormenta sin cesar a animales y hombres del campo en días calurosos. Las hembras de los tábanos se nutren de la sangre de los grandes animales de sangre caliente, cosa que sin duda alguna hacían ya en el Terciario. De cualquier modo, estas moscas no han revelado a qué especies pertenecían los animales por ellas torturados" (Antes del diluvio. La novela del mundo de los fósiles, Editorial Noguer, 1968).

Resucitar a los dinosaurios equivaldría a convertir en realidad otra quimera: la convivencia entre los seres humanos y los dragones del Jurásico. Curiosamente, esa convivencia ha sido referida en innumerables películas.
"En realidad –señala el paleontólogo René Hernández Rivera–, la idea de que los humanos y los dinosaurios hayan convivido es descabellada. Pero no sólo en las películas se ha expuesto esta idea, incluso en algunas papelerías ha ocurrido el caso de que se venden monografías donde aparecen un dinosaurio, un mamut y el hombre y no se especifica que uno habitó en la tierra antes que otro, y esa información llega a los niños".
"A partir de Parque Jurásico –continúa Hernández Rivera–, la pregunta más recurrente, cuando me entrevistan, es si sería posible crear dinosaurios a partir de un ADN extraído de la sangre de un mosquito, etc.... Si yo tuviera la posibilidad de obtener el ADN de un dinosaurio, usaría esa información para conocer con qué grupos está relacionado. Sería más interesante saber si el árbol filogenético que estoy haciendo está bien o no, para eso me interesaría nada más, no para hacer un dinosaurio" ("Dinosaurios en México: entrevista con el paleontólogo René Hernández Rivera", Patricia Muñetón, 30 de abril de 2012, Revista Digital Universitaria).

"Los científicos modernos –escriben Rob DeSalle y David Lindley– han recuperado antiguo material genético humano. Han hallado fragmentos de ADN -ácido desoxirribonucleico, la larga molécula helicoidal que transmite nuestra composición genética– de momias egipcias, así como de un desgraciado individuo que murió en los Alpes hace miles de años y quedó atrapado en hielo. Se han recuperado partes del ADN de un pariente extinto de la cebra a partir de pedazos de piel seca en un museo de Berlín. (...) Aún más emocionante resulta que un investigador de la Universidad de California en Berkeley, George Poinar Jr., haya podido separar un fragmento diminuto del material genético de un escarabajo que se halló encerrado en ámbar en Líbano; se cree que dicho ámbar tiene aproximadamente 125 millones de años y, por consiguiente, es de una época en la que aún vivían los dinosaurios. Se trata de acontecimientos científicos reales, grandes avances logrados en la última década. ¿Es tan irrazonable imaginar que, de aquí a varios años, pueda extraerse de un resto antiguo el ADN de un dinosaurios?" (Cómo fabricar un dinosaurio, Alianza Editorial, 1999).
Irrazonable no lo es. Difícil, sí. De hecho, es endemoniadamente complicado que eso se logre en un laboratorio algún día.
"Según me parece a mí –le dice el paleontólogo José Luis Sanz a Luis Guijarro–, hay improbabilidades técnicas que van más allá de la biotecnología para clonar un dinosaurio". Dice Sanz que resulta poco probable que una molécula de ADN de dinosaurio permanezca intacta dentro del tracto digestivo de un mosquito, precisamente por que los insectos hematófagos tienen unas enzimas que lo impiden. "Tanto en la novela como en la película que dirigió Spielberg –añade–, no hay moléculas completas, sino fragmentos, pero fragmentos suficientemente significativos como para completarlos con otros ADN que pueden ser informativos, que en la película, no se por qué, son de anfibios, y no entiendo por qué no utilizan ADN de los dinosaurios actuales como son las aves".

"No sé –continúa– si se podría coger un huevo, eliminar digamos las materia en principio genética, el ADN de un huevo de cocodrilo o de ave, e implantarle un ADN para clonar un dinosaurio. Creo que eso también tiene muchas dificultades hoy por hoy".
Eso, desde luego, no quiere decir que dichas dificultades no puedan solventarse en un futuro próximo. Al final, la cuestión entra dentro del terreno de la ética.
"En cuestiones de ingeniería genética –escriben Rob DeSalle y David Lindley–, al final, la opinión pública es la que parece ganar las batallas. Si las bacterias resistentes al frío permiten que haya fresas todo el año, lo más probable es que la preocupación por los posibles efectos tecnológicos se desvanezca. Si en alguna ocasión parece posible resucitar a los dinosaurios, quizá el entusiasmo público impida que las cabezas responsables, más frías, detengan el proyecto, e incluso ni discutan sus implicaciones éticas (...) John Hammond tenía razón, seguramente, al pensar que muchas personas considerarían la idea, con todos sus riesgos, tan fascinante y asombrosa, que darían su apoyo entusiasta y fundamental" (Cómo fabricar un dinosaurio, Alianza Editorial, 1999).











