Dinomanía: los dinosaurios en la cultura pop
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- Categoría de nivel principal o raíz: SECCIONES
- Category: Ciencia
- Creado en 17 Mayo 2009
- Published: 17 Mayo 2012
De los dinosaurios hablan profusamente los paleontólogos. Sin embargo, nuestra imagen de esa espléndida estirpe de criaturas no proviene de los estudios académicos, sino del cine, el cómic y la novela. En este sentido, el mito de los dinosaurios es más poderoso, en todos los órdenes, que las certezas que manejamos sobre ellos.
Uno de los principales estudiosos de este fenómeno es José Luis Sanz, catedrático de Paleontología en la Universidad Autónoma de Madrid. Sabemos de él que ha visto más de veinte veces King Kong, y que su cinefilia es casi tan intensa como su afición a los grandes saurios. Entre sus méritos, figura la dirección de las excavaciones de los yacimientos de Las Hoyas (Cuenca), Bastús y El Montsec (Lérida).
"El interés por los dinosaurios –le cuenta José Luis Sanz a Alicia Rivera– me llegó con una película, El monstruo de tiempos remotos. Yo tenía 10 años y me quedé fascinado. Tenía el corazón partido, entre los dinosaurios y el cine, y todavía lo tengo"
En esa entrevista con Rivera, el paleontólogo conjetura una posible razón para la dinomanía: "Es difícil saberlo, pero creo que han sustituido, en la mente colectiva, al mito de los dragones, a esos animales que en las creencias populares medievales proceden del inframundo. Además, hay dinosaurios de gran tamaño y muchas culturas han desarrollado leyendas de bichos enormes, gigantes, ogros... con su capacidad de dominación" (El País, 16 de septiembre de 2010).
Dragones auténticos. Quién lo diría. En todo caso, no es el único motivo de esta perdurable fascinación cultural. "Hay muchas respuestas –aquí Sanz responde a una pregunta de Amelia Die–, yo creo que forman un mundo alternativo de animales terrestres que no tienen nada que ver con los que ahora conocemos y produce una especie de vértigo pensar que este planeta estuviera dominado hace muchos millones de años por ellos. Además, el mito del dragón está muy extendido, tanto en la cultura oriental como en la occidental. Otra cuestión es el tamaño, había algunos dinosaurios descomunales. Imagina un tetrápodo que pese diez veces más que un enorme elefante. Como dice una frase publicitaria de la película Godzila: “el tamaño sí es importante” (Risas). Ya sé que tiene muchas lecturas..."

El cine y las bestias del Jurásico
"Soy un apasionado de la paleontología desde niño –le dice Sanz a Die–. Comenzó a fascinarme cuando vi las películas de los años 50, como El monstruo de tiempos remotos, que trata de un animal que sale de los hielos en el océano Ártico y llega al puerto de Nueva York y organiza una trifulca, empieza por comerse a un policía (Risas). Estas películas me dejaron impactado, y ya de niño, en Soria donde nací, iba a un yacimiento que se llama El Mirón, donde cogía fósiles marinos. No conseguía huesos de dinosaurios, pero al menos tenía animales que habían sido testigos de aquél mundo" (Muy Interesante, septiembre de 1998).
Evidentemente, los cineastas se dejan llevar por la fantasía, y muchas veces nos ofrecen una visión distorsionada. "Yo no creo que haya errores –le explica el paleontólogo José Luis Sanz a Luis Guijarro–. Lo que sucede es que históricamente ha habido cineastas con un nivel de información muy bajo. Pero yo pienso que más que errores han sido decisiones tomadas en aras de una supuesta mayor espectacularidad del cine. El cine prehistórico, por ejemplo, aparte de tener la atracción de las señoras que aparecían, como sucedió con Raquel Welch en la película Hace un millón de años, dirigida por Don Chaffey en 1966, proponían que los dinosaurios y nuestros supuestos lejanos antepasados cavernícolas eran sincrónicos y simpáticos, es decir que habíamos convivido con ellos. Eso es una propuesta de siempre del cine prehistórico, y yo estoy convencido de que estos directores debían tener muy poca información para no saberlo y, de hecho, también lo dudo, porque muchos de los dinosaurios que se hacían en estas películas estaban diseñados por técnicos en efectos especiales, algunos muy en particular, como Ray Harryhausen, que han sido entusiastas de los dinosaurios y aunque no fueran científicos profesionales, estoy seguro que conocían todo este tipo de cosas".
Ah, la vieja lucha entre la certeza científica y la espectacularidad...
Supongo que todo depende de los números. Hay más gente deseosa de ver un tiranosaurio enseñando sus fauces que paleontólogos atentos al detalle.
"En la película de Spielberg –cuenta Sanz en la misma entrevista– uno de los mayores problemas que tuvo con sus asesores paleontólogos, como Jack Horner, es que estaba absolutamente en contra de que el tiranosaurio fuera considerado como un cazador activo. Él siempre ha defendido que con ese tamaño y un peso, que en el tyrannosaurus podría ser de entre 5-6 toneladas, como el peso de un elefante grande, pero sin la estructura y la arquitectura de un elefante, pues un elefante podría caminar a una velocidad probablemente mayor que la de un tyrannosaurus, por lo que este animal, en definitiva, sería un animal con tendencias carroñeras muy claras. Pero, lógicamente, en el cine, un carroñero es básicamente un tipo aburrido, mientras que un cazador activo siempre ofrece más acción, diversión y suspense" (Divulga, febrero de 2005).

Un icono cultural
"Los dinosaurios son un icono cultural en nuestra sociedad", dice el paleontólogo madrileño José Luis Sanz. Entrevistado por Jacinto Antón, Sanz añade: "Todo el mundo tiene un rinconcito dinomaniaco. Es un fenómeno semejante a otras manías y que hace que un niño ponga un póster de un tiranosaurio en su habitación como podría ponerlo de un futbolista" ("El Museo de Ciencias Naturales explora el mito de los dinosaurios", El País, 30 de junio de 2005).
"La mitología dinosauriana –escribe Sanz– procede de mediados del siglo XIX, cuando, por vez primera, se reunieron un naturalista y un artista para producir las primeras representaciones de dinosaurios en vida. El científico era Richard Owen, primer director del Museo de Historia Natural de Londres e “inventor” del término “Dinosaurio”. El artista fue Benjamin Waterhouse Hawkins, escultor y pintor implicado ya, en época tan temprana, con la divulgación popular de la geología y la paleontología. El genio de ambos produjo los famosos dinosaurios de aspecto mamiferoide que todavía se pueden admirar en el parque de Sydenham, en el suburbio londinense. Desde el punto de vista mitogénico esta etapa puede entenderse como una primera sorpresa por parte de la opinión pública. Nadie podía haber supuesto que, mucho antes de la aparición del hombre, la Tierra estuvo dominada por enormes bestias de extraña apariencia".
"Durante las últimas décadas del siglo XIX –continúa– la vanguardia de la investigación en dinosaurios pasó de la Inglaterra victoriana a los EEUU. Dos paleontólogos, Edward Drinker Cope y Othniel Charles Marsh, protagonizan una de las epopeyas más conocidas de la historia de la paleontología. Ambos científicos, inmersos en una rivalidad mutua rayando lo patológico, se afanaron en coleccionar y estudiar el mayor número posible de fósiles de dinosaurios en las tierras del Oeste americano, incluso con el peligro de indios hostiles".
Los hallazgos de ambos paleontólogos –Sanz cita el Triceratops, el Stegosaurus y el Camarasaurus– sirvieron para que el público estadounidense insertara la búsqueda de grandes saurios en su ADN cultural. Si añadimos a ello las expediciones del Museo Americano de Historia Natural de Nueva York al desierto de Gobi, durante los años veinte, tendremos todos los datos para comprender por qué la prensa y los creadores americanos han tenido siempre presentes a los dinosaurios.
"A partir de comienzos de los años 1970 –concluye Sanz– se establece un nuevo modelo paleobiológico de los dinosaurios denominado El renacimiento de los dinosaurios (Dinosaur Renaissance) que implica nuevas ideas, interpretaciones y hábitos sobre la forma de vida de los dinosaurios y su significación en la historia de los organismos vivos. La Dinosaur Renaissance acerca los dinosaurios a la normalidad. En términos ecológicos, un depredador como Velociraptor podría ser comparable a un análogo carnívoro mamífero como un guepardo. O un gran herbívoro, como un saurópodo, a un elefante. Este nuevo paradigma es el que explica la aparición de relatos como Parque Jurásico, impensable en la década de 1960" ("Los dinosaurios, un mito cultural", Revista Digital Universitaria, 10 de febrero 2009)
Ilustraciones:
Carteles de The Valley of Gwangi (1969), de Jim O'Connolly, King Dinosaur (1955), de Bert I. Gordon, y The Land That Time Forgot (1975), de Kevin Connor. El cartel de Jurassic Park es una edición de Alamo Drafthouse, destinada a la celebración del Mondo Mystery Movie Wednesday, ilustrada por Aaron Horkey (© Mondo / Alamo Drafthouse).












