Entrevista con Eduardo Punset
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- Categoría de nivel principal o raíz: SECCIONES
- Category: Ciencia
- Creado en 04 Mayo 2012
- Published: 04 Mayo 2012

La unanimidad acerca del talento de Punset como divulgador científico no se da solamente entre los especialistas, sino que la encontramos también entre los miles de lectores y espectadores que le siguen a través de sus libros e intervenciones televisivas.
Una de las grandes diferencias entre Eduardo Punset y otros divulgadores es que el primero tiene un currículo admirable: licenciado en Derecho por la Universidad de Madrid y máster en Ciencias Económicas por la Universidad de Londres, fue redactor en la BBC y director económico para América Latina de The Economist. Durante la Transición española, fue ministro para las Comunidades Europeas con Adolfo Suárez y consejero de Finanzas de la Generalitat en el Gobierno de unidad de Josep Tarradellas.
Posteriormente, asumió otras responsabilidades en la empresa privada y en el ámbito académico, pero su popularidad se debe a un programa de televisión, Redes, consagrado a la ciencia en todas sus facetas.
Además de su interés por las nuevas tecnologías y por el impacto social e íntimo de los más recientes descubrimientos científicos, el pensamiento de Punset se caracteriza por su interés en transformar los esquemas educativos y fomentar la capacidad innovadora de nuestro país. Para ello, propone el liderazgo de los jóvenes, con el fin de "ir superponiendo gradualmente a la cultura de división entre derechas e izquierdas, que condujo a la cruenta Guerra Civil, la división más productiva entre los que están delante de las masas y los que están detrás".
¿Cuándo dio el paso de la economía y la política al mundo de la divulgación científica?
Bueno, fue hace muchos años... Quince o veinte años. Una multinacional me pidió, como economista, que les asesorara a la hora de comprobar el impacto de la revolución tecnológica –que estaba entonces en ciernes– en la dirección de las empresas y las industrias. Básicamente, la revolución tecnológica estaba subdividiendo los mercados, y esto iba en contra de lo que considerábamos un fundamento sacrosanto en economía. Me refiero a las economías de escala. Ante tanta diversidad, el beneficio de las economías de escala se venía abajo, y había que inventar unas economías de mayor flexibilidad.
Cuando empecé con eso, y comencé a asistir a congresos en torno a esta cuestión, no me encontré con economistas. Había sólo tecnólogos. A partir de ahí, decidí quedarme en el campo de la ciencia.
A lo largo de estos años, ¿en qué medida ha mejorado la divulgación científica en nuestro país?
Empieza a verse esta mejoría. Pero tenemos un gran problema, y es que los científicos apenas –y cuando digo apenas, estoy hablando de tres, cuatro, cinco años– apenas acaban de ingresar en el mundo de la comunicación.
No sucede así en otros países.
En esto nos distinguimos del mundo anglosajón, en donde se incorporan al mundo de la explicación y de la comprensión pública de la ciencia profesionales que no sólo procenden del periodismo, sino de la economía, la química y la biología.
¿De verdad, como usted dice, sobran las razones para pensar en un futuro mejor? No es fácil pensar así en medio de una crisis como la que ahora padecemos.
Es un momento particularmente interesante... He cumplido 75 años. Son bastantes años vividos. Mi generación vivió el franquismo, la dictadura y el exilio, pero después vivió lo que llamaron en Europa el milagro económico español.
De pronto, a partir de los años sesenta, nuestro país experimentó un crecimiento económico inusitado. Fue algo sorprendente para todo el mundo, en particular para el resto de Europa y para los propios españoles, y eso nos dio una especie de reconocimiento social muy alto. Se consideraba que España era lo que realmente es: un gran país, que además lo estaba demostrando.
Luego ha venido esta crisis, y en esta crisis, se ha producido un hundimiento increíble de este reconocimiento. Prestar a los españoles era una locura. Era tanto como decir que para ello se debía cobrar una importante prima de riesgo.
¿Qué explicación le encuentra a esta coyuntura económica?
Cuando analizas lo que ha estado pasando, te das cuenta de que no se le había explicado a la gente la verdad. ¿Cómo han podido decir que hay una crisis universal? No es cierto que la crisis se debiera a una crisis planetaria. Para un economista como yo, una crisis planetaria no existe. En la escala global, las cuentas se equilibran. Es decir, los déficits de unos países tienen que ser iguales a los superávits de otros.
Para que hubiese una crisis planetaria como yo digo, haría falta generar un déficit con Saturno, con Neptuno, con Urano... o sea con los demás planetas. Eso sí que sería una crisis planetaria. A lo mejor un día llega, pero estamos muy lejos de generar un déficit con Saturno.
Ahora, por primera vez, estamos constatando que la crisis no es planetaria. En realidad, es una crisis de unos países específicos –poquitos, entre ellos España– a causa de un endeudamiento excesivo.
El hundimiento de estos países ha convivido con la expansión de otros, como China o la India. También ha coincidido con el crecimiento regular de otros, para quienes era menos importante crecer, porque ya eran muy poderosos, como Estados Unidos.
Esto tiene que ver con algo que a mí me ocurrió hace poco, en mi piso de Pineda de Mar, cerca de Barcelona. De pronto, apareció en el techo una humedad, una gotera... Lo primero que tuve que hacer fue avisar a Miquel, mi amigo el fontanero, para que diera con la causa de esta "crisis acuática". Le pregunté: "Oye, Miquel, ¿eso es culpa de los desagües, de las tuberías o del vecino, que está haciendo algo raro?
Le llevó toda la tarde, pero pero al final me dio un diagnóstico. "Eduardo –me dijo–, es simplemente el filtro de la terraza, que no te funciona porque está embozado. Hay que levantarlo todo y poner un filtro nuevo". Y así fue. Después del arreglo, la cosa se solucionó en dos minutos.
Con esto quiero decir que es muy importante saber la razón de la crisis: la razón concreta de lo que está pasando. Y esto es lo que no se les había dicho a los españoles.
El milagro español del pasado tiene que ver con la Transición: el proceso de apertura democrática en los mecanismos de convivencia social, y también la apertura al exterior. La España aislada del resto del mundo no es la España que nos conviene.
Esa apertura al exterior fue una fuente de innovación y de conocimiento impresionante, y claro, lo hicimos tan bien –o casi tan bien– que aquello supuso un reconocimiento en el resto del mundo.
¿Que lección podemos extraer de todo ello?
La incorporación de España a la democracia y a las relaciones internacionales se convirtió en un ejemplo de cómo hacer bien las cosas... Ahora, con la prima de riesgo, este reconocimiento se había hundido. España estaba en el fondo del pozo.
La buena noticia es que ahora los españoles están dispuestos a hacer lo necesario para recuperar ese reconocimiento del resto del mundo, como uno de los grandes países europeos, como Alemania, Francia o Inglaterra. También el resto del mundo está dispuesto a correspondernos.
Es otra razón para el optimismo.
Es muy curioso... Recuerdo muy bien cuando unos médicos, en concreto un colegio de médicos británico, hizo una encuesta muy amplia entre miles de personas buscando las razones de la felicidad de la gente. En los resultados, se observó que el reconocimiento social es fundamental. Resulta que el último mono, el que está al final de la cadena –lo comprobaron en los experimentos efectuados– es muy infeliz. Todo el mundo le da patadas, nadie le hace caso... En cambio, el primer mono es feliz.
Lo que demostraron estos médicos británicos es que el reconocimiento social es fundamental para experimentar felicidad.
Entre los diez mil elementos que favorecen o alimentan este optimismo, es imposible no citar lo que ha ocurrido con la esperanza de vida... Sé que en España hay millones de jóvenes en paro, pero... ¿cómo ser pesimista sabiendo que la esperanza de vida aumenta dos años y medio cada década? Yo he cumplido 75 años. Tengo veinte o treinta años de vida redundante. Alguien debería estar pensando en lo que debemos hacer con esos años, que no pueden ser inactivos.
En todo caso, esto nos permite decir hoy que hay vida antes de la muerte... Cuando la gente me para en la calle, yo le digo esto: "Tenga en cuenta que ahora hay vida antes de la muerte". No había ocurrido nunca en la historia de la evolución. Es la primera vez... La gente estaba obsesionada, intentando saber si había vida después de la muerte, pero palpar, constatar la vida antes de la muerte... esto no lo había hecho nunca.
El incremento de la esperanza de vida también influye en la situación laboral.
Yo he preguntado a varios científicos alemanes y lo que ellos me anticipan, después de estudiar muy bien la situación en su país, es que en los próximos años se considerará que el siglo XXI ha sido el siglo de la redistribución del trabajo, de la misma manera que el siglo XX fue el siglo de redistribución de la riqueza. Alguien me dirá que ésta última fue una redistribución mal hecha... Hombre, sí, pero se intentó con el estado del bienestar, y algo se hizo.
No obstante, aún no ha habido ningún científico ni estadista que haya pensado en qué es lo que habría que hacer para repartir el trabajo tan bien como se repartió la riqueza.
Usted señala que, en momentos difíciles, la manada se vuelve hacia los jóvenes para que ejerzan su liderazgo.
Cuando observas la evolución de la especie, te das cuenta de que, cada vez que entra en crisis, recurre a los jóvenes. Cada vez que la manada tenía que atravesar un río o subirse a una montaña, otorgaba a los jóvenes el liderazgo.
Sin embargo, desde los años de la Transición, en España no se ha recurrido a los jóvenes para aprovechar su capacidad creativa y sus cualidades para el liderazgo, no sólo político, sino social.
Por mi edad y porque hablo inglés, asisto a encuentros organizados por fundaciones y a otros cónclaves, y no veo nunca suficientes jóvenes.
Decía que nuestro país no ha recurrido al liderazgo de los jóvenes. Y eso es algo que se hará, y lo veremos en los próximos años. De lo contrario, no saldremos de la crisis.
Otro asunto que le interesa especialmente es la gestión de las emociones y la adquisición desde la infancia de esas competencias emocionales.
A lo largo de la historia de la humanidad, nunca se nos había hablado de las emociones... de la capacidad de empatizar con alguien, de odiar a alguien, de cómo controlar la ira... No se nos había hablado nunca de las emociones. Y sin embargo, hoy hemos descubierto que la intuición es una fuente de conocimiento tan válida como la razón.
Ahora sabemos más sobre nosotros mismos... Entre los cuatro y los diez años, tenemos que ser capaces de infundir el optimismo, la autoestima necesaria para seguir luego profundizando en todo ello.
Las declaraciones aquí reunidas pertenecen a dos momentos diferentes. La primera parte corresponde a una entrevista en el Euroscience Open Forum (ESOF), donde Eduardo Punset atendió al Servicio de Información y Noticias Científicas (SINC). El resto de las reflexiones forman parte de un encuentro con la prensa durante el cual Punset presentó su libro "Viaje al optimismo" en el Hotel Astoria de Valencia.
La entrevista, que reproducimos por cortesía de SINC, tiene una licencia Creative Commons 2.5.
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Cortesía de Grupo Punset Producciones. Esta fotografía se encuentra bajo la licencia Creative Commons Genérica de Atribución/Compartir-Igual 3.0











