Oliver Sacks y los misterios de la mente
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- Creado en 17 Mayo 2012
- Published: 17 Mayo 2012

Entre 1915 y 1926 una epidemia de encefalitis letárgica se extendió por el mundo. Millones de afectados acabaron muriendo y gran parte de los que sobrevivieron quedaron en un estado semicomatoso del que no se recuperaban, de forma que muchos de ellos eran ingresados en instituciones mentales sin esperanza de recuperación.
Cuarenta años después, un joven neurólogo observó que una gran parte de sus pacientes con encefalitis letárgica padecían también parkinsonismo, así que decidió probar con los pacientes del hospital un nuevo tratamiento utilizando un agente antiparkinsoniano, la L-Dopa. Sorprendentemente, gracias a este fármaco sus pacientes despertaron de su letargo y volvieron a moverse, a caminar, a hablar, como si nunca hubieran estado años dormidos.
Desafortunadamente, esa vuelta a la conciencia no duró demasiado. Poco a poco los pacientes dejaron de responder a la medicación y cayeron de nuevo en el sueño letárgico.
El hospital en que sucedieron los hechos anteriormente descritos era el Beth Abraham y el joven neurólogo, el Dr. Oliver Sacks. La historia puede que les suene si han visto la película Despertares, interpretada por Robin Williams y Robert De Niro. La película está basada en el libro homónimo que Sacks escribió en 1973 para dar a conocer el caso, y que se convirtió en un éxito de ventas.
Después de esta experiencia y el éxito conseguido, Sacks se centró en su labor asistencial y docente, convirtiéndose en un reputado neurólogo de reconocido prestigio. No fue hasta unos diez años después que retomó su carrera literaria, que ya no ha abandonado y a la que ha añadido artículos, conferencias y documentales en los que ha sabido transmitir como nadie la fortaleza y la fragilidad de la mente humana.
Oliver Sacks nació en 1933 en Londres, en el seno de una familia judía, hijo de un médico de familia y de una de las primeras cirujanas del país.
Oliver era un niño inquieto y curioso, interesado por la ciencia y por saber cómo funcionaban las cosas. Aunque todo apuntaba a que se iba a dedicar a la química, al final se decantó por seguir la tradición familiar y estudiar medicina.
Estudió en Oxford donde consiguió su titulación, pero ha desarrollado su carrera médica en los EUA, donde se trasladó a principio de los años sesenta. Después de unas cuantas rotaciones, en 1965 empezó a trabajar en el Beth Abraham Hospital, en el Bronx (Nueva York) y permaneció allí hasta 2007.
Paralelamente ha sido profesor del Albert Einstein College of Medicine, de la facultad de Medicina de Universidad de Nueva York y profesor en la Universidad de Columbia, donde actualmente todavía trabaja.
Oliver Sacks y la literatura
La mayoría de sus libros de Oliver Sacks son compendios de casos clínicos en los que, desde el respeto y sin ahondar en detalles morbosos, describe sus experiencias con algunos de sus pacientes que sufren curiosos y llamativos síntomas resultado de lesiones cerebrales u otros trastornos que afectan la memoria, la percepción, la atención o la capacidad de reconocer a los demás y a nosotros mismos. Estos casos no sólo sirven para acercarnos a otras realidades, sino también para ilustrar cuáles son las bases biológicas que subyacen a estos trastornos y cómo estas personas consiguen re-adaptarse a sus nuevas vidas.
Su libro más conocido es El hombre que confundió a su mujer con un sombrero (1985), que toma el título del relato de un paciente que sufría una agnosia que le impedía reconocer visualmente los objetos, y le llevó a confundir a su propia esposa con un sombrero.
En una conversación con Eduardo Punset, emitida en el programa Redes, Sacks resumía de este modo el caso: "Bueno, con este hombre -que era un gran músico y cantante- lo que sucedió es que la parte visual del cerebro empezó a degenerar y empezó a tener problemas para reconocer por la vista lugares y personas; aunque tan pronto como hablaban las podía reconocer, y también lo conseguía si las tocaba. Pero empezó a cometer errores visuales absurdos, y en una ocasión cuando alzó la mano para ir a coger el sombrero le tocó la cabeza a su mujer en su lugar, y ese fue su absurdo y tan famoso error. Él pudo hasta cierto punto reemplazar el reconocimiento visual por el reconocimiento musical. No podía encontrar su ropa, pero si cantaba y componía un fragmento musical lo conseguía. Este es un ejemplo del mecanismo de supervivencia del cerebro, de la persona que se adapta y encuentra otras maneras de hacer las cosas".
El hombre que confundió a su mujer con un sombrero recoge un total de veinticuatro casos, entre los que hay pacientes con síndrome de Korsakoff que no son capaces de recordar lo que ha sucedido cinco minutos antes, unos gemelos autistas con un don especial para las matemáticas o una mujer que después de una lesión cerebral dice sentirse “descarnada” al haber perdido la percepción de su propio cuerpo.
Otro de los compendios de casos más famosos de Sacks es Un antropólogo en Marte (1995). En esta ocasión el libro recoge un total de siete casos, descritos en mayor profundidad que en El hombre que… ya que Sacks estableció una relación más estrecha con estos pacientes y hace una descripción más detallada no sólo de sus síntomas sino también de su personalidad y de su sentir.
Entre ellos está un cirujano con el síndrome de Tourette que sólo controla sus tics cuando opera, el caso de Stephen Wiltshire, un niño autista con una habilidad especial para el dibujo y la música, y Temple Grandin, una autista de alta funcionalidad con la que convive unos días y que declara sentirse como una antropóloga en Marte frente a la complejidad de las emociones que sienten los demás.
Sacks también ha escrito obras más especializadas, en las que ahonda en un tipo de trastorno concreto. Así encontramos Migraña (1970), en el que profundiza en los síntomas y alucinaciones visuales que acompañan a los ataques de migraña; Despertares (1973), donde relata su experiencia personal con pacientes de encefalitis letárgica y el uso de la L-Dopa como tratamiento; Con una sola pierna (1984), en el que describe su experiencia al perder el control de una de sus piernas; Veo una voz (1990), un ensayo sobre la sordera congénita y el lenguaje de signos; La isla de los ciegos al color (1996), en el que analiza el caso de una comunidad indígena que padecen ceguera al color (acromatopsia); Musicofilia (2007), compendio de casos clínicos en los que la música juega un papel relevante; y su última publicación El ojo de la mente (2010), en el que describe las experiencias de pacientes con problemas visuales, entre ellos el suyo propio tras sufrir cáncer en uno de sus ojos.
Aparte de este nutrido grupo de compendios de casos clínicos, Oliver Sacks ha publicado un par de libros de carácter más personal. El primero El tío Tungsteno (2001), un relato autobiográfico de su infancia en Londres, que mezcla sus recuerdos de la guerra con el día a día de su hogar y su pasión por la química.
"Cuando era un niño –le cuenta Sacks a Punset–, durante la guerra me enviaron, como a muchos otros niños de mi generación, al campo, me separaron de mi familia y de Londres. El colegio al que iba era caótico y cruel, no te podías fiar de nada, todo era impredecible. Entonces, cuando regresé a Londres, un tío mío -le llamábamos el Tío Tungsteno porque fabricaba filamentos de tungsteno para las bombillas-, me introdujo al tungsteno, a la química, a la tabla periódica, y a un sentido de orden en el universo. Al menos uno podía fiarse de esto".
El segundo de los libros dentro de esta línea personal es Viaje a Oxaca (2002), un diario de viaje por la región mexicana de Oxaca, y en el que desvela otras de sus pasiones: la botánica y la biología.
Oliver Sacks en el cine y el teatro
La obra de Sacks no sólo ha servido como material divulgativo y didáctico, sino que ha sido fuente de inspiración para el mundo de las Artes.
Despertares inspiró la obra teatral A kind of Alaska (1982) del premio Nobel Harold Pinter, y fue adaptada en la cinta homónima de Penny Marshall (1990), nominada al Oscar como mejor película en 1991.
El relato que da título a El hombre que confundió…, también fue llevado al teatro, e inspiró a Michael Nyman una ópera con que mismo título (1986), que posteriormente fue llevada al cine (1987).
En cuanto a Un antropólogo en Marte, dos han sido los relatos que han sido llevados a la gran pantalla, “Ver o no ver” y “El último hippie”. El primero narra la historia de un hombre ciego desde la infancia que recobra la vista gracias a una operación, y que además de la adaptación cinematográfica (At first sight, 1999), inspiró la obra teatral Molly Sweeny (1994). En el segundo conocemos las vivencias de hombre que tras un tumor cerebral no recuerda nada excepto la música de los ’60. El relato ha sido guionizado bajo el nombre The music never stopped (2011) y presentado con éxito en el festival de cine independiente de Sundance.
Y finalmente, encontramos un guiño a la obra de Sacks en la película Memento, de Christopher Nolan, ya que curiosamente el protagonista, que padece amnesia y es incapaz de recordad qué ha hecho con anterioridad, se llama Jimmy G, como el paciente que padecía amnesia anterógrada a causa del síndrome de Korsakoff en El hombre que…
Sacks en la actualidad
Ya hace unos años que Sacks dejó su consulta como neurólogo para dedicarse de pleno a su labor como escritor, que le ha reportado numerosos premios como el premio de periodismo George S. Polk de la Universidad de Nueva York, o el premio de literatura Thomas Lewis de la Fundación Rockefeller, que reconoce a los científicos como poetas.
Además, ha recibido otros reconocimientos, como haber sido nombrado miembro honorífico de la Academia Americana de las Artes y de las Letras, y de la Academia Americana de las Artes y las Ciencias. También ha recibido varios títulos honoris causa en universidades tan prestigiosas como Oxford, Georgetown o el Karolinska Institute.
Pese a que sus detractores lo acusan de aprovecharse de sus pacientes y exhibirlos, es indudable que con su trabajo ha conseguido acercarnos a otras realidades, otras formas de sentir, de pensar y de estructurar la realidad. Nadie discute que ha despertado el interés de miles de estudiantes por conocer cómo funciona el cerebro y que ha acercado al gran público a una disciplina hasta entonces poco conocida, ayudando a derribar el tabú contra ciertas enfermedades neurológicas y psiquiátricas. Y lo ha hecho intentando transmitir un mensaje de optimismo y esperanza, mostrándonos que el afán de superación es fundamental a la hora de recuperarse y enfrentarse a la vida.
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Autor de la fotografía: Alan Scourfield.












