Ávila y el cine

Ávila y el cine

En 2001, la muerte de Stanley Kramer nos trajo a la memoria aquel rodaje de Orgullo y pasión, una película repleta de estrellas, con un numeroso equipo de producción al frente del cual estaba el propio Kramer. Cuando recaló en Ávila, después de recorrer las otras tierras españolas, quiso dar verosimilitud a las escenas que pretendía rodar en el lienzo norte de las murallas. El realismo que buscaba le llevó a decir que tenía que derribar a cañonazos dicha muralla.

Ni que decir tiene que las autoridades le dieron un buen consejo y el productor, finalmente, construyó una falsa defensa delante de la original, sin que apenas nadie se diera cuenta del cartón piedra.

Eran años de cine. Fue una época en la que el paisaje abulense –tanto de la ciudad como de la provincia- se convirtió en decorado de singular belleza para múltiples y diversas historias, actividad que se mantuvo firme durante años y que, con menos intensidad, todavía se aprecia.

Entre las cintas que encontraron en Ávila un plató de rodaje figuran Los viajes de Gulliver, Los señores del acero, Campanadas a medianoche, The Black Knight, El reino de los cielos y Golfus de Roma.

Cuando en 1990 inicié la investigación sobre Ávila y el Cine tenía la certeza de que me llevaría más de una sorpresa, algo que ya me había pasado en anteriores estudios. Era consciente de que irían apareciendo títulos que, bajo enfoques diferentes, tenían que ver con Ávila, sus personajes históricos, su provincia y actividades festivas o sociales.

Además, por la cercanía con Madrid, por su entorno paisajístico -especialmente por las murallas que rodean la ciudad- e histórico, se convertiría en un plató cinematográfico de numerosas películas nacionales y extranjeras.

Es así como, poco a poco, fui confirmando mis sospechas que tenían en principio, y como punto de referencia, varios títulos producidos a lo largo del periodo mudo cinematográfico.

La constatación de la existencia de películas como Jura de Bandera en Ávila -imágenes producidas por la casa Gaumont y estrenada en el Teatro Principal el 31 de octubre de 1914-, Un domingo en Ávila - título del que desconocemos el autor, aunque sabemos que fue estrenada en el Teatro Principal el 9 de agosto de 1915-, Santa Teresa de Jesús -una producción de Juan Vila, dirigida y fotografiada por (¿Arturo? y) Francisco Beringola y estrenada en el Teatro Principal el 1 de junio de 1925- y, por último, Ávila y América, la película que hoy nos ocupa, suponen la mínima garantía de que además de estos títulos hay otros de los que no tenemos, de momento, referencia alguna; creemos que, y derivados tanto de los rodajes habidos en la provincia como de la exhibición cinematográfica local y ambulante, todavía tienen que aparecer más datos al respecto.

Ávila y América

El primer paso, sin duda importante, ha sido el que ha permitido la recuperación de Ávila y América.

No obstante, en una primera aproximación, todavía no se aclaran una serie de dudas que existen sobre su datación y la estructura de la película, circunstancias que permitirían una mayor precisión. Vamos, sin embargo, a detenernos en estos aspectos con el fin de apuntar algunas cuestiones. Debemos recordar que con motivo de la celebración en 1929 de las Exposiciones Iberoamericana (en Sevilla) e Internacional (en Barcelona), se crea un año antes el Patronato Nacional de Turismo en el que intervenían diversas entidades y que tenían como objetivo “divulgar en todos sus aspectos el conocimiento de España” fomentando todo tipo de imágenes tanto dentro como fuera del país. Con tal motivo, pues, por todo el territorio español se inicia una intensa actividad documental con el fin de aprovechar la historia, el paisaje y los eventos más representativos de la sociedad española para mostrarla en ambas Exposiciones.

Se trataba, en líneas generales, de documentales turísticoregionales, de los que tenemos una buena muestra entre los años 1928-30. Lo que no sabemos, a ciencia cierta, es si Ávila y América se enmarcaba en esta línea de trabajos, aunque un dato quizá nos confirma que sí podía situarse en ese contexto. Y para descifrar este aspecto nos centramos en el hecho de que el fotógrafo de la película fuera el madrileño Agustín Macasoli, quien con el salmantino Leopoldo Alonso formó, en 1928, la sociedad “Información Cinematográfica Española” con el fin de realizar trabajos documentales sobre diversas provincias españolas.

Hay constancia del estreno en Ávila, el 21 de junio de 1929, de un documental titulado Ávila, que quizá fuese el realizado por ambos. Es probable que, en las fechas que rodaron ese documental, don José María Sánchez Bermejo hablara con ellos para que le ayudaran en la parte de imagen a la hora de trasladar el texto histórico que había escrito. Algunos detalles, no obstante, abundan en que también se puede tratar de la misma película. Y para ello aportamos la siguiente información. Alonso y Macasoli habían estructurado en tres partes sus trabajos, con similares planteamientos que le permitirían, en su momento, establecer productos homogéneos que darían lugar a su serie Estampas Españolas.

Esta película que hoy comentamos tiene tres partes -aunque las imágenes recuperadas confirmen que falta parte del material-, y que los planteamientos son autónomos dentro de la estructura inicial. Pero como este asunto nos ocuparía más espacio, debemos centrarnos en destacar, para esta ocasión, algunas de las ideas que surgen en el visionado de estas imágenes.

Ávila y América se nos ofrece como un relato histórico ilustrado con imágenes, sobre todo en su primera parte titulada “Ávila Histórica”. Como una tendencia de la época -y que hemos apreciado en otras películas existentes de otras provincias españolas- los largos textos intentan consolidarse como guión fundamental -¿conferencia ilustrada?- de lo que están viendo los espectadores.

En esta parte se hace un repaso histórico de la importancia abulense en la constitución del reino de Castilla a partir de sus personajes más relevantes, documentado con sucesivas panorámicas e imágenes fijas de lugares y espacios que transpiran historia. “Ávila panorámica” hace honor a su título.

Esta parte -segunda en el montaje que se muestra- se centra en un paseo por algunas de las poblaciones más importantes de la provincia abulense -Guisando, Candeleda, Barco de Ávila, Piedrahita-, recogiendo diversos momentos festivos y sociales en las mismas, para terminar con la procesión más importante de la capital, a la que acuden abulenses de toda la provincia.

La última parte, “Ávila documental” quiere ser un catálogo de los monumentos más representativos de la ciudad, que vistos desde hoy nos permite Sabemos que también impresionaron imágenes sobre Salamanca, Zamora, Segovia y otras provincias. comprobar en qué estado se encontraba el patrimonio en aquellos finales años veinte y cómo estaba la ciudad en algunos de sus rincones.

En líneas generales, y para no hacer extenso este comentario, debemos decir que en su concepción Ávila y América aprovecha en algunos momentos los trucos que permite el laboratorio para hacer avanzar las imágenes -encadenados-, al tiempo que se ve la intención creativa de Macasoli en varias imágenes exteriores -que toma con una silueta o caché simulando una arcada claustral- y en el buen aprovechamiento de la iluminación natural en algunos de los interiores de los diversos monumentos impresionados. Por lo demás se ajusta a un continuo movimiento proporcionado por las insistentes panorámicas paisajísticas y urbanas, algo común en muchos productos de la época.

En cualquier caso, hay que significar la importancia de estas imágenes y su recuperación. Ahora ya disponemos de referentes cinematográficos que vienen a completar todas aquellas fotografías que tenemos de los Mayoral y otros fotógrafos que pasaron por la provincia abulense.

Estamos hablando de patrimonio que requiere una protección por parte de las autoridades provinciales y locales, además de un apoyo a todas las iniciativas que surjan en este sentido. Sin duda, el que hoy podamos estar hablando de la película Ávila y América se debe a la intuición de María de los Ángeles López Sánchez y José María Rodríguez Sánchez al haber reparado en unas latas que se encontraban, como suele suceder casi siempre, entre los muchos recuerdos que una casa puede guardar con el paso de los años.

Esperamos que su ejemplo cunda y que los abulenses que conozcan o descubran el paradero de otras “latas” similares -o placas de vidrio fotográficas- lo hagan saber a la Asociación de Amigos del Museo de Ávila, que estará dispuesta siempre a ayudar en su recuperación. La colaboración de todos los abulenses en la recuperación el patrimonio cinematográfico y fotográfico, además de conservar todo aquello que de tradición etnográfica y antropológica existe todavía en los más diversos rincones de la provincia, es fundamental. Sólo nos queda esperar que aparezcan nuevos materiales que poder contemplar y, también, preservar.

Como bien es sabido también se conservan fragmentos de la películas de Juan Vila Santa Teresa de Jesús (1925) en otros lugares citada como “Escenas de Santa Teresa”.

Copyright del artículo © Emilio C. García Fernández. Este artículo se publica en TheCult.es con permiso del autor. Editado previamente en Diario de Ávila y en el Museo de Ávila. Reservados todos los derechos.

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Lobo (Oberon7up), ratonero de cola roja (Putneypics) y paisaje montañoso (Dominik Bingel), CC

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