Biografía de Jorge Mistral

Jorge MistralNacido en Aldaya, Valencia, el 24 de noviembre de 1920, Jorge Mistral fue uno de los galanes más importantes del cine español y también uno de los intérpretes peninsulares que con más asiduidad trabajó en América, encarnando por lo común personajes de temperamento romántico, pasional y muchas veces audaz.

Su educación universitaria le dio un buen conocimiento del Derecho, pero el actor buscó en la escena placeres que las leyes no podían proporcionarle. De ahí que abandonase muy tempranamente las aulas, con el fin de incorporarse a una compañía teatral.

Para llegar a cierto grado de madurez interpretativa, tuvo que adquirir experiencia junto a grandes intérpretes, como Enrique Borrás, Josita Hernán y Ana Adamuz, quienes guiaron sus primeros pasos de igual suerte que favorecieron su vena de galán.

Su elegancia y apostura fueron rasgos acentuados por el cine, un medio al que llegó con brillante facilidad, mediada la década de los cuarenta.

A partir de La llamada del mar (1944), de José Gaspar, el actor español compuso una carrera tan dilatada como infrecuente. Debemos citar, en su primera etapa, el contrato que le vinculó a la firma CIFESA, sin duda la compañía productora más significativa de aquellas fechas.

Dando forma definitiva a su estereotipo, rodó a las órdenes de Luis Lucia Currito de la Cruz (1948) y La duquesa de Benamejí (1949), películas con las que se dio a conocer popularmente. Por las mismas fechas, dio muestras de talento dramático y encanto masculino en Pequeñeces (1950), dirigida por Juan de Orduña.

Ese mismo director modeló su presencia en Locura de amor (1948), drama histórico escrito por Manuel Tamayo, Alfredo Echegaray, José María Pemán y Carlos Blanco. El enorme éxito de esta producción vino a dilatar considerablemente el horizonte profesional de sus protagonistas: Aurora Bautista, Fernando Rey, Sara Montiel y Jorge Mistral, quien había participado poco antes en otro filme de época, La dama del armiño (1947), dirigido por Eusebio Fernández Ardavín.

Nuevos éxitos estimularon el desenvolvimiento profesional del actor. En La manigua sin dios (1947), de Arturo Ruiz-Castillo, participaba en una aventura americana, protagonizada por misioneros y colonos españoles. Con distinto acento, Botón de ancla (1947), de Ramón Torrado, relataba las peripecias de tres jóvenes guardiamarinas, interpretados con gracia y claridad por Antonio Casal, Jorge Mistral y Fernando Fernán-Gómez.

Cuando en 1949 el actor se comprometió en una gira teatral por Iberoamérica, su destino varió muy notablemente, pues pronto comenzó a interpretar películas en México, Chile, Bolivia y otros países de habla hispana. Sin duda, la etapa mexicana fue rica en títulos, algunos tan conocidos (y melodramáticos) como Deseada (1950), de Roberto Gavaldón, Burlada (1950), de Fernando A. Rivero, Amar fue su pecado (1951), de Rogelio Hernández, y El mar y tú (1951), de Emilio Fernández.

Encabezando el reparto junto a María Félix, rodó Camelia (1953), de Roberto Gavaldon, e incluso llegó a ponerse a las órdenes de Luis Buñuel en Abismos de pasión (1953).

En todo momento era el suyo un estilo ardiente, idóneo para la pasión desenfrenada o la aventura folletinesca, tan abundantemente representadas en su filmografía. Así se pudo constatar en dos películas donde fue dirigido por cineastas argentinos: Más fuerte que el amor (1953), de Tulio Demicheli, y El conde de Montecristo (1953), de León Klimovsky.

Desplazando la acción a la Patagonia chilena, Mistral reiteró ese modelo de gallardía febril en Cabo de Hornos (1955), de Tito Davison, versión del texto literario de Francisco Coloane.

Su fama atrajo al mercado anglosajón, para el que rodó La sirena y el delfín (1957), de Jean Negulesco. Tampoco descuidó su carrera en España, en la que se intercalaron películas de cierta densidad conceptual, como La venganza (1957), de Juan Antonio Bardem, con otras destinadas a entretener al gran público, caso de La hermana San Sulpicio (1952) y Un caballero andaluz (1954), de Luis Lucia.

Lamentablemente, fracasó en su intento de convertirse en realizador, y sus dos películas, La fiebre del deseo (1964) y La piel desnuda (1964), fueron ignoradas por el mercado iberoamericano.

El paso del tiempo jugó en su contra. Quizá se imponía con exceso su antigua presencia de galán, ahora decadente y sin brillo.

Por todo ello, el último capítulo de su vida fue muy desdichado. Su última película, La invasión de los muertos (1971), de René Cardona, coincidió con un periodo depresivo que no pudo superar.

Casi arruinado, y ya sin esperanza, Jorge Mistral se quitó la vida en Ciudad de México, el 21 de abril de 1972.

Copyright © Guzmán Urrero Peña, The Cult. Esta es una versión expandida de un artículo que escribí en el Centro Virtual Cervantes (www.cvc.cervantes.es), portal en la red creado y mantenido por el Instituto Cervantes para contribuir a la difusión de la lengua española y las culturas hispánicas. Reservados todos los derechos.


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