"El desfile del amor" (Ernst Lubitsch, 1929)
- Detalles
- Category: Cine clásico
- Creado en 08 Agosto 2012
- Published: 08 Agosto 2012
- Escrito por The Cult

The Love Parade (El desfile del amor) es una divertida y elegante opereta que narra los conflitos sentimentales de la reina Louise de Sylvania (Jeanette MacDonald) y el Conde Alfred Renard (Maurice Chevalier), agregado militar en París y un consumado romántico que deja tras de sí una estela de escandalos.
Escrito por Guy Bolton y Ernest Vajda, a partir de la obra El Príncipe consorte, de Jules Chancel y Leon Xanrof, éste fue el primer film sonoro de Ernst Lubitsch.
Lubitsch, como bien saben los cinéfilos, es un director de cine estadounidense de origen alemán. Después de tantear la interpretación fílmica, pasó a la realización. Era ya famoso por algún drama histórico (Madame du Barry, 1919) y por sus comedias (La muñeca, 1919; La princesa de las ostras, 1919), cuando se instaló en EE UU., donde siguió abundando en el género y en las operetas (El desfile del amor, 1929).
En el medio cinematográfico se popularizó la expresión Lubitsch touch (el toque Lubitsch) para designar un estilo inimitable en el que privan la insinuación y la sugerencia, el sabio uso de la elipsis y el sutil salto de la comedia a la tragedia como en la corrosiva sátira del nazismo Ser o no ser.
Se le considera uno de los artífices de la sophisticated comedy americana, en la que los enredos y la comicidad son portadores de descripciones particularmente mordaces de una sociedad y sus códigos de valores.
Otros títulos a destacar son Ángel, Ninotchka, El bazar de las sorpresas, El diablo dijo no y Los pecados de Cluny Brown.
Comentarios y referencias
“El desfile del amor es la primera película sonora de Lubitsch –escribe Jonathan Rosenbaum– y la primera opereta contiene la emoción de reinventar el cine, cuando tanto el silencio como el sonido se convierten en un juguete nuevo.
Un estudio sobre el juego, una fantasia sobre un país preocupado por el matrimonio de su reina, en la que un perro ladra a tono durante un número musical y florece una sexualidad precódigo Hays”.
"Sólo un hombre con un destello de genialidad –escribe Manuel Villegas López– puede dar a la comedia humorística su mayor lontananza y dotarla de un horizontes de universalidad (…) Todo su sistema cómico, todo su gusto por esa suntuosidad un poco rococó, burguesa y de opereta, todo su juego de jerarquías, protocolos y ordenancismos sirven; todo su sentido burlón de tienda de confecciones para señoras y esa propensión a ver el mundo en cuestión de alcoba sirve también, con su tramoya automática de la vida corriente. (...) El 'toque Lubitsch' es el alquitarado estrato de la comedia y por eso es también la quintasencia de la ironía.
Porque una fugaz imagen de segundos es también el resumen de una obra, una vida y un hombre.
Ahí, en ese instante, está la Alemania rutilante de Guillemo II; la familia hebrea, con su sangre de siglos y de países; la cultura germánica de la Atenas del Spree; la tienda de confección para señoras con su mundo banal y ligero; el gran espectáculo de Max Reinhardt; los trucos cómicos de la serie de películas de Meyer, el judío emprendedor; las comedias de Ossi Oswalda, los dramas de Pola Negri; ese momento dramático que el 'toque Lubitsch' rompe en carcajadas casi intelectuales; la sencillez como sistema, aprendida en una tragedia de Chaplin y la fina, alada voluta irónica de Oscar Wilde en El abanico de lady Windermere, que le da el triunfo definitivo… Todo ello resumido en Hollywood, la capital norteamericana de un cine que es fundamentalmente la vida como aventura y como optimismo".
Manuel Villegas López, “Lubitsch o la ironía”, Temas de cine, nº 1, 1959.
Reimpreso en Nickelodeon, nº 18, primavera 2000.
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