Historia de Hammer Films

Hammer filmsAunque el nombre de Hammer se asoció a partir de los años cincuenta con el cine de horror, sus orígenes nada tienen que ver con este género. La historia de la firma se remonta al año 1934.

Es en esa fecha cuando William Hinds, un joyero londinense, decide diversificar su negocio invirtiendo una parte de su patrimonio en la producción de películas. La afición de Hinds por el espectáculo no es nueva. Durante su juventud había paseado su escaso talento por los escenarios del barrio de Hammersmith, en Londres, formando parte del dúo humorístico "Hammer and Smith", del que sólo cabe decir que es uno de los muchos que proliferaron en Inglaterra durante el apogeo del género cómico conocido como burlesque, caracterizado por los contenidos picantes y la sátira de costumbres. Aprovechando el nombre del dúo, Hinds llamará Hammer a su nueva empresa.

La primera película que estrenó fue The public life of Henry the ninth (1935), un largometraje de Bernard Mainwaring cuyo título hace referencia a un reciente éxito de Alexander Korda, La vida privada de Enrique VIII (1933). No obstante, no se trata de una producción que se pueda encuadrar en el género histórico, pues el protagonista es un cómico de la legua que escapa de la penuria recitando versos por las tabernas de Londres. Otros filmes del joven Estudio, como The mystery of the Marie Celeste (1936) y The song of freedom (1936), confirman la aparente falta de ambiciones del productor y, sobre todo, la estrechez de medios disponibles en los rodajes. Ni siquiera la presencia del inquietante Bela Lugosi en el primero de ellos atrajo al público.

Un inteligente hombre de negocios, Enrico Carreras, se acercó a William Hinds con la intención de cambiar en profundidad esta situación, ya que acechaba con convertirse en peligrosamente deficitaria. Carreras fue codirector de la productora desde 1937 y también fue el promotor de una filial que actuó como distribuidora, Exclusive Films. Su llegada, por otro lado, inauguró una dinastía cinematográfica que marcó los destinos de la empresa, pues su hijo James será uno de sus productores ejecutivos y el hijo de éste, Michael, uno de sus más renombrados directores y responsables. Algo parecido puede decirse del propio William Hinds, cuyo primogénito, Anthony, será asimismo productor y, ocultándose tras el pseudónimo John Elder, director de algunos largometrajes Hammer.

La política comercial de la reforzada dirección consistió en potenciar la realización de versiones cinematográficas de populares teleseries. Tal es el caso de Dick Barton, special agent (1948) y Dick Barton strikes back (1949), ambas inspiradas en un personaje detectivesco cuyas aventuras ya habían sido llevadas a la pequeña pantalla por la BBC.

El público acogió con simpatía estas películas, así que la fórmula fue explotada por Carreras y sus compañeros en otras producciones, casi siempre de género policiaco. Cabe citar en esta línea la interesante The adventures of P.C. 49 (1950), dirigida por Godfrey Grayson. Se trata en este caso de un guión inspirado en un serial radiofónico, también de la BBC, que desarrolla una intriga eficaz y emocionante. Por las mismas fechas, otro éxito de la radio británica, Celia, es convertido en largometraje por Hammer Films, cuyos beneficios anuales siguen siendo mínimos, lo que impulsa al equipo directivo a explorar nuevas posibilidades dentro de esa actividad adaptadora. El serial radiofónico "Return to darkness", de Lester Powell, dio origen a la película The black widow (1951), de Vernon Sewell, cuyo trasfondo erótico, entonces novedoso, será con posterioridad una de las señas de identidad del Estudio.

Devil Rides Out

Terence Fisher, un joven director de estilo sobrio y académico, fue el encargado de realizar varios filmes policiacos de parecidas características, caso de Chantaje criminal (1952), donde aparecía en un papel secundario la bella Diana Dors, o Stolen face (1952), cuyo argumento folletinesco y desgarrado se correspondía con los gustos del público inglés, a pesar de lo cual la asistencia a las salas que programaban estos filmes fue escasa.

Ni siquiera producciones más ambiciosas, como el largometraje de anticipación Spaceways (1953), también de Fisher, o The Saint's return (1953), película basada en una de las novelas de Leslie Charteris sobre el personaje "El Santo", logran reavivar las finanzas de Hammer Films.

Carreras y su equipo alcanzaron entonces un acuerdo con el productor estadounidense Robert L. Lippert, que facilitó la entrada de sus películas en el difícil mercado americano, aparte de despejar el camino con los agentes de ese país. El propósito final era contratar a actores conocidos que atrajeran al público de ambos lados del Atlántico. Tales son los casos de Paulette Goddar, que intervino en The stranger came home (1954), y de Lloyd Bridges, protagonista de Third party risk (1955).

Sin lugar a dudas, la película que establece el nuevo camino de la productora es El experimento del Dr. Quatermass (1955). Aunque internacionalmente se dio a conocer en su formato cinematográfico, el origen de este largometraje hay que situarlo dos años antes, en la por entonces floreciente televisión inglesa. El jefe de programas dramáticos de la BBC, Michael Barry, fue el principal impulsor de lo que en principio se planteó como teleserie de ciencia-ficción.

La total confianza que Barry depositó en el joven escritor Nigel Kneale permitió que éste, decidido a revolucionar las convenciones habituales en los teledramas británicos de la época, desarrollara un guión en seis capítulos tan ambicioso en sus contenidos como costoso en los medios necesarios para su producción. Su título fue The Quatermass experiment. La BBC encomendó la dirección a Rudolph Cartier, y correspondió el papel de Profesor Bernard Quatermass al experimentado actor Reginald Tate. La primera emisión tuvo lugar el 18 de julio de 1953. Cuando el sexto episodio llegó a las pantallas británicas el 22 de agosto de 1953, el número de seguidores de la serie era tan extraordinario que de inmediato se especuló con la realización de secuelas. El 22 de octubre de 1955 comenzó la emisión de la primera de éstas, Quatermass II, asimismo escrita por Kneale, y el 22 de diciembre de 1960 se emitió la segunda, Quatermass and the pit. Aunque la andadura televisiva del personaje continuó -se programó en 1979 una nueva serie, Quatermass-, fue la intervención de los responsables de la Hammer lo que acrecentó internacionalmente la popularidad de los personajes creados por Kneale.

Anthony Hinds fue quien promovió la realización de una película inspirada en la serie de la BBC. Richard Landau y Val Guest escribieron un nuevo guión, y fue el propio Guest el encargado de dirigirlo.

El éxito de El experimento del Dr. Quatermass fue enorme, pese a lo discreto de los medios técnicos utilizados en su realización. Las audiencias del momento se sorprendieron ante esta equilibrada combinación de misterio policiaco y especulación científica. Ese triunfo en las taquillas de todo el mundo engrosó los beneficios de la Hammer, cuyos responsables reflexionaron acerca del nuevo camino que debía seguirse. Finalmente, tras considerar profundamente la cuestión, decidieron explotar el filón que presentaba el cine fantástico, aunque sin pretender emular a las producciones americanas, dada la parquedad de los presupuestos disponibles.

El primer intento serio de retomar los mitos terroríficos que en Estados Unidos ya empleara la Universal años atrás es La maldición de Frankenstein (1957), de Terence Fisher. Resulta sorprendente esta decisión de acercarse a los personajes creados por Mary Shelley, sobre todo teniendo en cuenta que en el cine de Hollywood de los cincuenta eran sólo admitidos en parodias de bajo presupuesto. Olvidado el esplendor de criaturas como Drácula y el monstruo de Frankenstein durante la década de los treinta, el público americano de la postguerra y años sucesivos ya no admitía la ingenuidad de tales creaciones y prefería seres gigantescos nacidos del horror atómico. Así pues, la apuesta de Hammer era muy arriesgada. Por otro lado, Universal Pictures tenía los derechos exclusivos de la imagen popularizada por el maquillaje de Jack Pierce, y sus ejecutivos advirtieron a los de la productora británica sobre la posibilidad de una demanda.

Anthony Hinds y Michael Carreras siguieron de cerca el rodaje, para el que se contó con Fisher como realizador y con el eficiente operador Jack Asher como director de fotografía. La baza más interesante fue el reparto, encabezado por Peter Cushing y Christopher Lee, quienes habrían de convertirse en estrellas absolutas de la compañía y presencias emblemáticas del cine de terror europeo.

En mayo de 1957 se estrenó la película en Londres. Contra todo pronóstico, fue uno de los grandes éxitos del año en Inglaterra. Distribuida en el resto de Europa, las arcas de Hammer recibieron una enorme recaudación. Pero la gran sorpresa llegó cuando Warner Brothers estrenó el filme en los cines norteamericanos. Tan excelente fue la acogida que Hinds y Carreras comenzaron a ver claro el futuro de su empresa. Con ingredientes clásicos y un bajo presupuesto, aparte de considerables dosis de erotismo y violencia, lograrían un triunfo comercial que podía repetirse y que rentabilizaría las nuevas producciones del mismo género.

La crítica, sin embargo, rechazó de plano el largometraje, que consideró innecesariamente cruel. Los efectos de maquillaje de Philip W. Leakey, de extraordinario realismo, son un punto decisivo a la hora de entender ese rechazo que hoy puede resultar trasnochado.

Ese mismo año salió de los estudios Hammer The abominable snowman (1957), de Val Guest, y un año después otro clásico, Drácula (1958), cuyo equipo técnico y artístico fue el mismo que el responsable de La maldición de Frankenstein. Para recrear el universo del vampiro creado por el novelista Bram Stoker, el director Terence Fisher modernizó al mítico conde, convirtiéndolo en un aristócrata apasionado, encarnación de poderosas fuerzas del mal. Este papel fue interpretado por Christopher Lee, quien eludió la teatralidad que hiciera famoso a Bela Lugosi y dio una dimensión más compleja al Señor de las Tinieblas. Por su parte, Peter Cushing encarnó al doctor Van Helsing elegante, sensible y lleno de inteligencia. Sin duda, la pareja conquistó al público en esta producción llena de méritos que popularizó el sello Hammer, convirtiéndolo en un sinónimo de terror inglés de calidad.

Curse-of-Frankenstein

Los Estudios Bray serían, desde ese momento, el lugar habitual donde se desenvolvieran los rodajes. Para abaratar costes y aprovechar los valiosos decorados, comenzaron a realizarse filmaciones de dos películas en paralelo, intercambiando todo el atrezzo y utillaje de una a otra en jornadas alternas. Es así como, en 1966, se rodaron al mismo tiempo Drácula, príncipe de las tinieblas y Rasputín. Aunque los dos títulos estaban protagonizados por Christopher Lee, éste recibió mejores críticas por el segundo, dirigido hábilmente por Don Sharp. La historia trágica de aquel monje enloquecido en la Rusia de los Zares es una de las interpretaciones más recordadas del actor británico.

La venganza de Frankenstein (1958) confirmó el talento de Terence Fisher en el género terrorífico. Lejos de plantear este filme como una secuela, el realizador lo propuso como un nuevo capítulo de una saga. Un año después, cuando realizó El perro de Baskerville (1959), con Lee y Cushing encabezando el reparto, demostró que era posible compatibilizar argumentos clásicos con esa mayor truculencia que el público exigía. No es ajeno a ello el departamento de efectos especiales de la compañía, que se esmeró en adornar con el mayor verismo las secuencias más sangrientas.

Como si de una compañía teatral estable se tratara, Fisher, Cushing y Lee volvieron a colaborar en La momia (1959). Las películas que realizaron juntos fueron extraordinariamente influyentes en otras cinematografías, desde la norteamericana a la española, que desarrollaban sus respectivas producciones de género terrorífico teniendo en cuenta las novedades lanzadas por la Hammer e incluso recurriendo a algunos de sus actores principales.

Cabe citar al respecto La maldición del hombre-lobo (1960), que renovó la imagen clásica del licántropo y fijó los que fueron sus atributos fílmicos en lo sucesivo. En este largometraje de Fisher, Oliver Reed encarnó a un hombre lobo con un fuerte componente sexual, una bestia desatada que no sólo asesinaba, sino que desplegaba aquellos instintos que su faceta humana reprimía.

Con Las dos caras del Dr. Jekyll (1960) y El fantasma de la ópera (1962), ambas de Terence Fisher, la Hammer completó su ciclo de adaptaciones de obras clásicas de terror. El cuidado goticismo de las ambientaciones y un estilo elegante en la realización, aparte de lo acertado de los repartos, lograron que estos títulos fueran favorecidos con una buena acogida entre un sector de la crítica especializada, algo extraordinario si se tiene en cuenta la escasa consideración de que gozaba el género terrorífico por esas fechas. No es desacertado afirmar que la Hammer logró reconciliar este tipo de argumentos con la calidad cinematográfica, rescatándolos del ámbito de la parodia y la serie "B". El extraordinario largometraje de ciencia-ficción Estos son los condenados (1962), de Joseph Losey, es una buena demostración de ese buen criterio de la productora británica.

En 1965 llegó a los Estudios Bray la actriz norteamericana Bette Davis, que interpretó el papel de oscura gobernanta en A merced del odio, de Seth Holt. El guión de Jimmy Sangster, inspirado en una popular novela de Evelyn Piper, es la disculpa ideal para que la Davis dé rienda suelta a su faceta más inquietante. La intervención de la estrella sirvió además para cumplir, al menos de forma parcial, los deseos de internacionalización de los jefes de la Hammer, por lo común preocupados por la presencia de estrellas en sus repartos.

Toda una generación de realizadores creció en el seno de Hammer Films, confirmando su calidad en cada nueva película. Nombres como Freddie Francis, Roy Ward Baker, Val Guest, Joseph Losey, John Gilling, Peter Sasdy y Don Chaffey deben mucho en sus carreras al apoyo de la compañía británica. Incluso realizadores norteamericanos en declive, como William Castle, logran un último sostén en su trayectoria gracias a esta empresa.

Animados por la resonancia internacional de sus nuevos lanzamientos, los responsables de establecer los planes de producción anuales procuraron dosificar las secuelas y diversificar los argumentos a partir de mediados de los sesenta. Una de las combinaciones más logradas en esta etapa consistió en mezclar fantasía exótica y sensualidad. Dos ejemplos paradigmáticos en este sentido son La diosa de fuego (1965), de Robert Day, y Hace un millón de años (1966), de Don Chaffey. El primer titulo citado aprovecha el argumento de la novela Ella, de H. Rider Haggard, para consolidar un mito erótico, Ursula Andress, intérprete de Ayesha, la reina poseedora del secreto de la eterna juventud. Otro tanto cabe decir del filme de Chaffey, una entretenida aventura prehistórica, animada por los dinosaurios creados por un excelente técnico en efectos especiales, Ray Harryhausen, y protagonizada por Raquel Welch, otra actriz de belleza ampliamente admirada.

Hammer

Ursula Andress y Raquel Welch encabezan un listado de actrices representativas de esa dimensión erótica de Hammer Films, en el que se incluyen, entre otras, Ingrid Pitt, Caroline Munro, Martine Beswick, Barbara Shelley, Hazel Court y Susan Denberg. Este recurso a la exuberancia femenina se acrecienta a medida que las distintas censuras lo permiten; son más frecuentes las escenas de desnudo en el último período de la productora, justamente la que coincide con unos peores resultados artísticos.

La aparición en el mercado cinematográfico de realizadores norteamericanos como George A. Romero y Tobe Hooper renovó el repertorio terrorífico, sustituyendo a vampiros y hombres-lobo por zombis y psicópatas. A medida que los gustos varían, resulta necesaria una adaptación de los contenidos que el Estudio británico no parece dispuesto a cumplir más que cuando la presión de las taquillas lo haga imprescindible. Películas como Los ritos satánicos de Drácula (1973), de Alan Gibson, y Frankenstein y el monstruo del infierno (1973), de Terence Fisher, ofrecen propuestas que en su momento resultan pasadas de moda, lo que provoca la desatención del público. Es evidente que ni siquiera la nostalgia permite conseguir resultados sustanciosos.

James Carreras, cansado del negocio cinematográfico, dejó las riendas de la productora en manos de su hijo Michael, que carecía del talento financiero de su progenitor. Años después, Peter Cushing criticó la obsesión de éste por introducir escenas de sexo como concesión comercial. Su compañero, Christopher Lee, llegó aún más lejos, declarando un total desdén por casi todos los trabajos realizados en esta época con la Hammer. La opinión de estos dos actores sobre la gestión de Michael Carreras parece compartida por la audiencia, que dio la espalda a sus últimos lanzamientos.

En un último intento por reavivar los Estudios, sus responsables aceptaron proyectos tan alejados de su tradicional filosofía como Un hombre en casa (1974), de John Robbins, adaptación de una popular comedia televisiva. Incluso alcanzaron un acuerdo con los hermanos Shaw, los más importantes productores de Hong-Kong, para coproducir las películas Kung Fu contra los siete vampiros de oro (1975), de Roy Ward Baker, y Mercenario del crimen (1975), de Michael Carreras, repletas de escenas de artes marciales. Es el cine que prefiere el espectador del momento, pero parece demasiado tarde para revitalizar a los Estudios creados por William Hinds. Los malos resultados financieros desaconsejan continuar la producción cinematográfica. Las mediocres La monja poseída (1976), de Peter Sykes, y The lady vanishes (1978), de Anthony Page, ponen punto final a la trayectoria de una productora que, luego de ofrecer excelentes películas de terror, había pasado a realizar largometrajes rutinarios, faltos de imaginación y nada competitivos, sobre todo si se los compara con títulos norteamericanos del mismo género, como El exorcista (1973), de William Friedkin, o Tiburón (1975), de Steven Spielberg, representativos de los nuevos derroteros de este tipo de cine durante los años setenta.

La actualidad de Hammer Films

Fundado originalmente en 1934, el legendario estudio cinematográfico británico de terror ha ofrecido una larga serie de películas de enorme éxito a lo largo de los años, entre las que figuran Drácula, Frankenstein creó a la mujer, Hace un millón de años o Las amantes del vampiro. Desde 2008, la compañía ha formado parte de Exclusive Media Group (“Exclusive”), que se está encargando de infundir nuevo vigor a esta querida marca global, a través de inversiones tanto en nuevos medios como en los más tradicionales.

Tras cesar sus actividades de producción en la década de 1980, Hammer regresó a la gran pantalla en 2010 con el estreno de la cinta de gran éxito de crítica Déjame entrar (Let Me In), adaptación de la alabada película sueca Déjame entrar.

El filme estaba escrito y dirigido por Matt Reeves (Monstruoso (Cloverfield)) y protagonizado por Chloe Moretz (Kick-Ass: Listo para machacar) y Kodi Smit-McPhee (La carretera (The Road)).

En 2011, Hammer estrenó La víctima perfecta, de Antti Jokinen, protagonizada por la ganadora del Oscar en dos ocasiones Hilary Swank, Jeffrey Dean Morgan y la leyenda de Hammer Sir Christopher Lee, así como Wake Wood, que cosechó excelentes críticas, y estaba dirigida por David Keating y protagonizada por Aidan Gillen, Eva Birthistle y Timothy Spall.

En febrero de 2012, llega a la cartelera la primera historia de fantasmas producida por Hammer para la gran pantalla, La mujer de negro, dirigida por James Watkins, adaptada por Jane Goldman a partir del libro de Susan Hill, y protagonizada por Daniel Radcliffe.

Hammer ha puesto en marcha recientemente un nuevo sello editorial a través de Random House que ya ha publicado ocho libros. En 2012, el sello publica sus primeras obras originales, con “The Greatcoat”, de Helen Dunmore, y “Coldbrook”, de Tim Lebbon. También publicará a lo largo de 2012 nuevas novelizaciones de películas clásicas de Hammer.

Así mismo, Hammer sigue ampliando el alcance de sus actividades, con planes para un Hammer Theatre of Horror (Teatro del Terror de Hammer) y una atracción turística de Hammer, además de continuar honrando el legado de la compañía con relanzamientos de títulos clásicos, historias oficiales, productos oficiales, pases especiales de sus películas y actividades en redes sociales.

http://www.hammerfilms.com/

Copyright del texto "La actualidad de Hammer Films" © Alliance Films, Hammer y The Uk Film Council. Cortesía de Aurum Producciones. Reservados todos los derechos.

Los restantes textos originales y citas del autor (Guzmán Urrero) en los que se basa este artículo fueron publicados en la revista "Todo Pantallas", en la "Enciclopedia Universal Multimedia" (Micronet) y en los libros "Historia General de la Imagen" (Universidad Europea-CEES, 2000) y "La cultura de la imagen" (Fragua, 2006). Reservados todos los derechos.

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