La curiosa vida de Fortunio Bonanova

Fortunio BonanovaSi logro completar este perfil de Fortunio Bonanova es, en parte, gracias a Orson Welles, quien elogiaba al español en una famosa entrevista concedida a Peter Bogdanovich.

Sin duda, hay muchos espectadores que sólo recordarán a Bonanova por su papel de Matisti, el profesor de canto de Ciudadano Kane (Citizen Kane, 1941).

Pero Bonanova fue más, mucho más.

En cierto modo, le va bien el modelo del artista insatisfecho, que se nutre de varias disciplinas con entrega y, por qué negarlo, con genio.

Músico, cantante de ópera, barítono de opereta, bailarín, dramaturgo, novelista… Fortunio Bonanova fue además de todo eso un excelente actor, capaz de representar zarzuelas en Madrid y también de estrenar en Broadway piezas dialogadas en inglés.

Esa condición cosmopolita no es ni más ni menos que el resultado de un continuado esfuerzo y de una energía que ningún inconveniente habría podido doblegar.

Piénsenlo con detenimiento: en su faceta angloparlante, la filmografía del actor incluye títulos tan ilustres como Sangre y arena (Blood and Sand, 1941), de Rouben Mamoulian, El cisne negro (The Black Swan, 1942), de Henry King, Cinco tumbas al Cairo (Five Graves to Cairo, 1943), de Billy Wilder, Siguiendo mi camino (Going My Way, 1944), de Leo McCarey, y El burlador de Castilla (The Adventures of Don Juan, 1948), de Vincent Sherman.

Pero no es por ese legado cinematográfico por lo que Bonanova debe destacar en el ámbito español y latinoamericano. En cierto modo, y aunque suene ampuloso, lo que debemos agradecerle es su labor difusora de la cultura hispánica. Incansable y no demasiado reconocida.

Nacido el 13 de enero de 1896 en Palma de Mallorca, Bonanova eligió primero la vocación operística, luego combinada con la teatral.

Estudió en el Conservatorio de Música de Madrid, y luego completó estudios en París, para debutar finalmente como barítono.

Llegó al cine interpretando al personaje central de Don Juan Tenorio (1922), un filme dirigido por Ricardo de Baños y escrito por éste junto a su hermano Ramón, a partir de la obra teatral (1844) de José Zorrilla. Proyecto ejemplar del cine español, la película de los hermanos Baños es hoy alabada como un clásico.

Curiosamente, un comienzo tan feliz no fue aprovechado por Bonanova para convertirse en estrella cinematográfica nacional, pese a su convincente labor en otra película de importancia, Poderoso caballero... (1935), de Max Nosseck.

Ese año 1935, Fortunio Bonanova recibió al periodista Florentino Hernández Girbal, y su diálogo fue incluido al poco tiempo en las páginas de la revista Cinegramas.

En animada charla con su interlocutor, Bonanova relataba el comienzo de su aventura americana: «Marché a Méjico —señala—. Allí hice una película muda, claro es, porque entonces aún no había llegado el sonoro, y aprovechando la proximidad, entré en Estados Unidos, satisfaciendo así mis deseos de visitar y trabajar en Norteamérica. (...) Tuve suerte. Organicé una compañía de zarzuela española, y con ella recorrí, durante tres años, todos los estados, haciendo el repertorio de nuestros músicos más populares. Tan bien fue la cosa, que al llegar a Nueva York me contrató la Columbia Company para impresionar discos. (...) Luego canté en la National Broadcasting Corporation, una de las estaciones de radio más importantes del mundo. Esto me valió al poco tiempo un contrato. Gilbert Miller, que preparaba en el Teatro Empire, de Broadway, el estreno del drama moderno Sex appeal, con la eminente actriz Katherine Cornell, me ofreció un papel de extranjero, y acepté. La obra fue un éxito grande; se representó durante cincuenta semanas, y desde allí se me abrieron las puertas de Hollywood».

Así, pues, al tiempo que ponía en escena un repertorio español, Bonanova se incorporaba a los montajes de empresarios teatrales como David Belasco.

Con parecido ánimo, participó en la estrategia de rodar en Estados Unidos versiones habladas en castellano de títulos norteamericanos, destinadas a despertar el interés de los hispanohablantes por el cine de gran consumo.

Así fue como el actor mallorquín pudo filmar en su lengua materna las películas El capitán Tormenta (1936), de John Reinhardt, El carnaval del diablo (1936), de Crane Wilbur, y La Inmaculada (1936), de Louis Gasnier.

Tras una fértil carrera estadounidense, Bonanova regresó al cine español en 1962, para rodar varias secuencias del filme de misterio La muerte silba un blues, del inefable Jesús Franco.

Sin embargo, no quiso prolongar esa emoción del retorno, y volvió a su ciudad de residencia, Los Ángeles, donde falleció el 2 de abril de 1969.


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