"Tiempos modernos" (Charles Chaplin, 1936)
- Detalles
- Category: Cine clásico
- Creado en 25 Noviembre 2011
- Published: 25 Noviembre 2011
- Escrito por Luc y Jean-Pierre Dardenne

La imagen que sigue atrincherada en el imaginario popular es la de Charlot atrapado entre los ejes de aquella enorme máquina; como si la propia película hubiera quedado atrapada en los ejes de la cámara.
Tiempos Modernos es una película sobre el cine, sobre la era dorada del cine, que, por otro lado, coincidió con el auge de la industria y la automatización. Charlie es, como siempre, un pícaro, un trotamundos: su carrera no sigue un sendero marcado... Sus películas están a menudo construidas alrededor del tema del ascenso profesional, del éxito en la vida. En Tiempos Modernos, es interesante observar como Chaplin adopta el punto de vista opuesto, y como, a pesar de todo, Charlot sale adelante y se las arregla para zafarse de la situación en que se encuentra atrapado, aunque no lo haga triunfando en sociedad. Charlie sigue siendo un vagabundo, un descastado.
Y por ello, ni el capitalismo ni el comunismo de la época podían soportarlo.
Charlot consigue liberarse de todo, incluso del mundo industrial que esclaviza al individuo para hacerlo “productivo”. Charlot dice no; para él, beber leche significa ordeñarla directamente de una vaca que pasa frente a su casa. No hay noción de producción. Esto representa muy bien la esencia de Charlot: un personaje que se enfrenta al mundo industrial. Baila, patina, pasea, ríe, y disfruta de las cosas que se va encontrando por la vida...
Nuestro padre nos dijo el otro día: “Charlot sabe lo que es pasar hambre”.
Esto se transmite a su trabajo. Está obsesionado con la comida. El tema es recurrente durante la película. Charlot trabaja para comer; y es a través de la comida que encontrará a la chica: en la escena en que él tiene que robar algo de pan.
Charlot se mete siempre en líos que hacen redescubrir al espectador parte de su propia humanidad. El robar forma parte de la naturaleza humana. Cuando Charlot se convierte en vigilante nocturno de unos grandes almacenes, sus amigos entran a robar... pero al igual que él, estos tres ladrones buscan comida. Están sin empleo, por lo que resulta lógico que busquen alimentos.
Visionando de nuevo Tiempos Modernos, nos da la impresión de estar viendo uno de los mejores documentales que se han hecho sobre ese período. Es un gran testimonio histórico, por ejemplo, sobre los arrabales de la época: la chabola donde la chica le lleva...
El poder de la ficción de Chaplin es el de mostrarnos la violencia que subyace en la sociedad; la violencia de la vida; la violencia real; la que encuentras en la gente.
Es algo, desde luego, muy actual. Tener un trabajo o no; vivir en la pobreza o no; estar excluido de la sociedad o no... Y cómo el individuo o el ser humano se convierte en un engranaje de un mecanismo, un objeto animado, un elemento de un sistema superior.

Al principio de la película, un policía persigue a Charlot, que entra en la fábrica y se detiene a fichar. Entonces, éste de rebela en un extraordinario acto de sabotaje. Todo aquel mundo mecánico se transforma en un ballet. El cuerpo humano toma posesión de la fábrica y la convierte en algo más, en una especie de circo. Los movimientos no son ya mecánicos; el cuerpo empieza a existir más allá de la dominación de la máquina. Cuando los policías le persiguen para que detenga su ballet particular, Charlot utiliza la máquina para defenderse, convirtiéndola en su aliada. En la fábrica, Charlot impone su plástica en un ambiente sobrecogedor que le domina. Los otros trabajadores comparten la naturaleza del rebelde, aunque él es el único que consigue escapar de todo aquello. Todo se viene abajo.
Metrópolis mostraba el triunfo del destino y la grandilocuencia, con el poder del entorno, la arquitectura, Moloch. Si Charlot se adentrara en Metrópolis, ésta se derrumbaría. Y es que, Chaplin nunca se preguntó: “¿Para qué sirve la fábrica? ¿Qué se fabrica en ella?” Está más interesado en la ambientación, los engranajes y los pernos. ¿Qué se fabrica? No es importante. Se fabrican imágenes.
No se puede decir que las mujeres que aparecen en la película sean muy agradables. A menudo se muestran frías, poco comunicativas, ariscas. Pero entonces, irrumpe esa joven a la que da vida Paulette Goddard. Podemos decir que el hombre que la filma está enamorado de ella. Eso queda claro desde el instante en que ella aparece. El primer encuentro entre ambos personajes es conmovedor, en la escena del pan robado. Cuando ella sale con el cuchillo entre los dientes, parece la idea que los conservadores de la época tenían de los comunistas. En la secuencia del plátano, ella comparte la comida según las necesidades de la gente. Después de robarla y repartirla, como una especie de Robin Hood, se gira para reírse en la cara del hombre que la persigue.
En la película, Charlot está siempre solo. Otras personas representan obstáculos u oponentes a los que tendrá que combatir y con los que habrá de mostrarse sagaz. La primera vez que él hace algo por alguien es al final de la película, cuando acompaña a la chica de vuelta al orfanato: la joven se ha convertido prácticamente en su compañera de fatigas. Y es entonces cuando Charlot se da cuenta de que ya no está solo, de que ahora se encuentra ligado a alguien. No cabe duda, ya que esa unión se formó fuera del trabajo. Están en el salón de baile, los verdaderos dominios de Charlot. Pero el salón es también un empleo. De hecho, él no puede trabajar. Es un trotamundos, pisa el escenario y nos hace reír; porque nunca es lo que esperamos de él, siempre se sale de la norma. Es una oveja negra. En la secuencia inicial de la película, vemos un rebaño de ovejas en el que también se aprecia una de color negro. Ésta representa a Charlot. Sólo se siente en casa en el salón de baile. Podría estar equivocado, fuera de sitio, pero eso es precisamente lo que hace reír a la gente. Él está en el salón, sin saber lo bueno que es, sin darse cuenta de lo mucho que hace reír a la gente. Es ella quien le revela su gran calidad artística.
La película es también una maravillosa historia de amor. Pero es una historia de amor donde la esposa no se encierra en su hogar de clase media. En un momento dado, Charlot sueña: ambos están sentados bajo un árbol frente a una casa. Y él le dice a la joven: “¿Y si nosotros tuviéramos también nuestro nido, nuestra propia casa?” Charlot sueña que está en el cielo. Por encima de todo, sueña que come. Come fruta que acaba de coger, y entonces llega la vaca. La ordeña, como si viviera en un paraíso de prosperidad y abundancia. No se parece en nada al ideal del hogar de clase media... Estamos en el cielo, y les persigue un policía. Eso es típico de Charlot: nunca se ha llevado bien con la policía. No le gustan y a ellos no les gusta él: siempre es el sospechoso nº 1. Pero no puede importarle menos la supuesta seguridad que aporta un mundo opulento o una casa opulenta. Él sigue siendo Charlot, el vagabundo. Pero no acaba solo, y eso es bueno. Están juntos, y la chica parece perdida y bastante cansada... ¡Y la vida sigue! Es gracioso ver como transmite su energía a la chica para que esta vuelva a ponerse en pie. Ella dice. “¡Vámonos!” Se levantan y marchan de allí. Y acaban la película juntos, como dos trotamundos. Y su casa es el salón de baile, el escenario, las películas...
La protagonista de nuestro filme, personaje que interpreta Paulette Goddard, está realmente angustiada: debe enfrentarse a la supervivencia material. Comer es su única preocupación posible, algo con lo que debe lidiar cada día. Como Charlot, es una marginada social, aunque no sea una trotamundos. Ella desea fervientemente regresar a la sociedad y ser como los demás. En cambio, Charlot está desde el principio fuera de la sociedad y juega con ella, consiguiendo siempre salir indemne.
Ella está al límite; se dice a sí misma continuamente: “Voy a morir, voy a morir, voy a morir. Ayudadme, ayudadme.” Y entonces, cuando un hombre, Charlot, aparece y la ayuda.
Sinopsis
Charlot trabaja en una de las fábricas del sector del acero. Debido al ritmo frenético de la cadena de montaje, termina perdiendo la razón. Tras salir del hospital en el que estaba en tratamiento, se ve involucrado casualmente en una manifestación y es encarcelado al ser confundido por un líder comunista e instigador de dicha revuelta.
Una vez libre, reemprende la lucha por la supervivencia junto a una joven huérfana con la que compartirá su sueño por una vida mejor.
Reportaje
En Tiempos Modernos, decidió transformar sus observaciones y ansiedades en comedia.
Tiempos Modernos significó la última aparición en pantalla de Charlot, personaje que dio a Charles Chaplin fama mundial, y que todavía permanece en el imaginario colectivo como una de las más reconocibles figuras que se hayan dado en el mundo del arte.
El mundo del cual Charlot se despedía era muy diferente al que le vio nacer dos décadas atrás, antes incluso de la Primera Guerra Mundial. Por aquel entonces, había compartido y simbolizado las penurias de todos los desfavorecidos de un mundo que justo salía del s.XIX. Tiempos Modernos nos lo muestra enfrentado a muy distintas vicisitudes en plena resaca de la Gran Depresión Americana, cuando el desempleo masivo coincidió con la también masiva implantación de la automatización industrial.
Chaplin era un hombre muy preocupado por los problemas sociales y económicos de esta nueva era. En 1931 y 1932, dejó Hollywood para embarcarse en una gira mundial de 18 meses. En Europa, quedó desolado ante el auge del nacionalismo y los efectos sociales de la Depresión, así como por el desempleo y la automatización. Leyó libros sobre teoría económica, y desarrolló su propia Solución Económica, un inteligente ejercicio de idealismo utópico, basado en una distribución más equitativa no sólo de la riqueza, sino también del trabajo. En 1938, comentó en una entrevista: “El desempleo es la cuestión más importante... la introducción de las máquinas en el trabajo debería ser de ayuda a la humanidad, y no una fuente de tragedia dejando a la gente sin trabajo”.
Charlot, quien aparece en los créditos de la película como ‘Obrero de la Fábrica’, es uno más de los trabajadores que intentan enfrentarse a los problemas que conlleva vivir en los años 30, no muy distintos a las ansiedades y neuras del s.XXI: pobreza, paro, huelgas, revienta-huelgas y esquiroles, intolerancia política, desigualdad, la tiranía de la tecnología, las drogas. El portentoso título con que se abre la película, “La historia de la industria, de la iniciativa empresarial – la humanidad en búsqueda de la felicidad” – sigue con una yuxtaposición simbólica de planos de ovejas pastando y obreros saliendo en tropel de una fábrica. El personaje de Chaplin es visto por primera vez como un operario al que su monótono e inhumano trabajo en una cinta transportadora de una cadena de producción, está a punto de volver loco. Además, le utilizan como conejillo de indias para probar una nueva máquina con la que se pretende dar de comer a los obreros mientras trabajan.
Sorprendentemente, Charlot tuvo una compañera en esta batalla contra el nuevo mundo. A su regreso a América tras su gira mundial de 1931, Chaplin había conocido a la actriz Paulette Goddard, quien se convertiría desde entonces, y por muchos años, en una compañera ideal. Su personalidad le inspiró el personaje de la chica huérfana de Tiempos Modernos: una chiquilla cuyo padre murió durante una demostración laboral, y que unirá fuerzas con Chaplin. No son rebeldes ni víctimas, sino, escribió Chaplin, “los únicos espíritus libres en un mundo de autómatas. Somos unos niños carentes de cualquier responsabilidad, mientras el resto de la humanidad se hunde bajo el peso del deber. Somos espiritualmente libres”. En un sentido, entonces, son anarquistas.
Chaplin planeó en primera instancia un final triste y sentimental para su película. Mientras Charlot estaba convaleciente en un hospital, recuperándose de un ataque de nervios, la joven huérfana se convertía en enfermera, separándose de él para siempre. Este final llegó incluso a rodarse, pero fue finalmente abandonado a favor de una conclusión más alegre. “Saldremos adelante”, se puede leer en el subtítulo; y la pareja, cogidos del brazo, se alejan optimistas por un camino de campo hacia el horizonte.
Cuando Tiempos Modernos se estrenó, el cine sonoro llevaba ya diez años de explotación comercial. Hasta entonces, Chaplin se había resistido a recitar diálogos, sabedor de que la clave de la universalidad de su humor se hallaba precisamente en la pantomima. No obstante, esta vez se prestó a preparar algunos diálogos, llegando incluso a grabar algunas pruebas. Finalmente, se lo pensó mejor y, como en Luces de la Ciudad, acabó utilizando sólo música y efectos de sonido. Las voces humanas sólo aparecen en segundo plano, filtradas a través de aparatos de tecnología: el jefe que se dirige a los obreros desde una pantalla de televisión; el vendedor que es sólo una voz en un fonógrafo.
Una sola vez, la voz de Chaplin se escucha directamente. Haciendo de camarero, Charlot es requerido para sustituir al tenor de un café-teatro, especializado en temas románticos. Escribe la letra de las canciones en los puños de su camisa a modo de chuleta, pero la pierde, por lo que se verá obligado a improvisar la canción con una maravillosa jerga que pretende hacer colar como italiano. La voz de Chaplin se había podido escuchar ya en la radio, e incluso en un boletín informativo cinematográfico, pero esa sería la primera y única vez que el mundo podría oír a Charlot.
Aparte de esta inseguridad sobre el sonido del film y el final cambiado, el rodaje fue fluido y poco problemático y, para lo que era habitual en Chaplin, comparativamente rápido. Seguramente ayudó a esto último el que la historia está claramente estructurada en cuatro ‘actos’, cada uno equivalente, más o menos, a una de sus antiguas películas de dos bobinas. Tal y como escribió en su día el crítico americano Otis Ferguson, podrían haberse titulado por separado La Tienda, El Preso, El Vigilante y El Camarero Cantor.
Como ya había hecho en Luces de la Ciudad, Chaplin compuso su propia banda sonora, y como de costumbre, hizo pasar a sus arreglistas y directores un mal rato, con el resultado de que el distinguido y reputado músico de Hollywood, Alfred Newman abandonó el proyecto.
La película fue víctima de una extraña demanda por plagio. La firma franco-germana Tobis denunció a Chaplin por haberles supuestamente robado ideas y escenas de otro clásico sobre el trabajo industrial en el s.XX, Viva La Libertad (A Nous La Liberté), dirigida por René Clair. El caso no se sostenía, y Clair, gran admirador de Chaplin, estaba avergonzado por todo ello. Pero Tobis persistió, y volvió a presentar cargos en 1947, después de la Segunda Guerra Mundial. Esta vez, el estudio de Chaplin accedió a pagar una suma modesta, aunque fuera tan sólo para librarse de aquel fastidioso asunto de una vez por todas. Chaplin y sus abogados mantuvieron siempre que la obstinación de aquella empresa, de capital mayormente alemán, estaba motivada por los deseos de vengarse de Chaplin por los sentimientos anti-nazis expresados en El Gran Dictador.
Para beneficio de las generaciones futuras, Tobis fracasó en su empeño original para que el film de Chaplin fuera permanentemente retirado de circulación. En lugar de eso, Tiempos Modernos sobrevive como un válido comentario sobre la supervivencia del ser humano dentro de las circunstancias industriales, sociales y económicas del s.XX. Y sigue siendo relevante, en términos humanos, en pleno s.XXI.
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