
No es un trabajo menor ocuparse de la serie Z. Es a lo que uno puede aspirar cuando se sumerge en el inframundo del cine: un infierno cuyo suelo está lleno de malas ideas, equivocaciones y proyectos fallidos.
Mié05232012
Last update11:25:00 PM

No es un trabajo menor ocuparse de la serie Z. Es a lo que uno puede aspirar cuando se sumerge en el inframundo del cine: un infierno cuyo suelo está lleno de malas ideas, equivocaciones y proyectos fallidos.

Parece que Hollywood ha encontrado un nuevo (viejo) filón en el folklore universal, que se ha desprendido del formato infantil made in Disney –aunque no por ello menos apasionante– para trasegar por senderos aparentemente más adultos.
Jan Švankmajer (Praga, 1934) es un alquimista de las obsesiones cuyo trabajo infringe las fronteras entre las disciplinas artísticas —dibujo, pintura, escultura, poesía, ilustración. Pese a ello, Švankmajer es conocido especialmente por su obra cinematográfica, vinculada al truco y la animación, que suma 27 cortometrajes y 6 largometrajes.

Con apenas doce años, Brendan es el monje más joven de la abadía de Kells, llevada por su tío el abad Cellach, un hombre adusto al que presta voz el actor irlandés Brendan Gleeson.

A pesar de que fue Steven Spielberg quien asumió la tarea de dirigir Artificial Intelligence, la película nació del encuentro entre dos creadores de primera magnitud: el cineasta Stanley Kubrick y el escritor Brian Aldiss.

Lo mejor de Tú y yo (An Affair to Remember, 1957) no es que Cary Grant y Deborah Kerr dejaran en ella espléndidas interpretaciones. O que Leo McCarey fuera capaz de mejorar, en este remake, su película de 1939. En absoluto. Lo mejor está en esa cualidad casi indefinible que convierte esta cinta en un romance mágico e imperecedero, y por supuesto, en la bellísima lección de cine que lleva adosada.

Muchos cinéfilos llevamos tatuado en la memoria el metraje de Love Affair, esa prodigiosa comedia romántica dirigida en estado de gracia por Leo McCarey a partir del guión escrito por Delmer Daves y Donald Ogden Stewart.

En los primeros pasos de este género cinematográfico, tres fulgurantes estrellas crearon escuela: “Broncho Billy”, William S. Hart y Tom Mix.

En la inmensa soledad de la Antártida, unos científicos liberan sin quererlo a una espeluznante criatura alienígena, hasta entonces atrapada en los hielos.

El humor negro parece ser uno de los rasgos de identidad patrios más característicos. De inmediato acuden a la mente imágenes del Lazarillo de Tormes y sus trapacerías y del horrible ciego al que acompaña, de honrosos hidalgos que ocultan su hambre atroz tras mondadientes y ademanes caballerescos, pero también de padres de familia de clase media que se pluriemplean mientras hacen gala de sofisticación, de vacaciones en la playa y bocatas de sardina, de chachas pueblerinas y de desertores del arado.
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