
Aunque el talento estético y narrativo de ese prodigioso director llamado Ridley Scott se adapte a todo tipo de tramas, es evidente que le gusta la ciencia-ficción. Demostró ese interés filmando a un carismático depredador extraterrestre a través de un carguero espacial. Lo hizo en la formidable Alien: el octavo pasajero, y muchos aún no nos hemos repuesto de la impresión.
Scott transmite la angustia y el miedo que sienten los protagonistas, y nos atrapa en esa atmósfera de desolación que invade la nave Nostromo cuando el alienígena emprende su cacería.
Lo más intimidatorio de Alien es que esa geografía lovecraftiana se localiza dentro de un espacio cerrado: ese carguero sombrío, claustrofóbico, opresivo, construido con una imaginería extraordinariamente realista.
Para que el Nostromo se convirtiera en el territorio del sálvese quien pueda, Scott dispuso de colaboradores formidables, sin los cuales resulta imposible explicar la trayectoria de la franquicia Alien: una saga tan longeva que llega hasta 2012 con la nueva obra del director inglés, Prometheus.

Las pesadillas de Dan O'Bannon
En la Universidad de California del Sur, Dan O'Bannon se asoció con John Carpenter y con el diseñador Ron Cobb para rodar Estrella negra (Dark Star, 1974). A O'Bannon le divirtió rodar esa comedia de ciencia-ficción, pero empezó a darle vueltas a su argumento para convertirla en una película de terror.
El primer borrador del guión –29 páginas escritas a máquina bajo el título Memory– ya incluía el punto de partida que ya conocemos: una tripulación de astronautas despierta de su hibernación debido a una señal procedente de un extraño planetoide.
A las órdenes de Alejandro Jodorowsky, O'Bannon participó en los preparativos de la primera –y malograda– adaptación de Dune. El trabajo se desarrolló en París, donde colaboró con Chris Foss, H. R. Giger y Jean Giraud "Moebius". A medida que intercambiaba nuevas ideas con ellos, O'Bannon fue imaginando algunos cambios en su guión.
Dune fue cancelada. "Fueron las cosas de tal modo –dice O'Bannon– que me encontré en Los Ángeles sin un dólar, sin apartamento, sin coche, con la mitad de mis efectos en París y la otra mitad bajo custodia"
De vuelta en Los Ángeles, el atribulado O'Bannon compartió vivienda durante una semana con Ronald Shusett, otro guionista que fue crucial en el desarrollo de Alien. Gracias a él, Memory pasó a llamarse Star Beast, un título que O'Bannon cambió finalmente por el que todos conocemos.
"Sacamos de aquel montón de papeles –cuenta O'Bannon– una idea que me gustaba mucho: un viejo guión a medio terminar, llamado Memory, y que era esencialmente lo que es ahora la primera parte de Alien. Le dije a Ron que nunca me había sido posible encontrar un final para la historia. Entonces él lo leyó y me dijo: Creo que me has hablado de otra idea que tenías para una película. Era aquella en que los alemanes suben a bordo de un bombardero B–17 durante la Segunda Guerra Mundial y hacen pasar un momento horrible al piloto. ¿Por qué no escribes la segunda parte situando tu historia en una nave espacial? La idea era genial, pero hacía falta imaginar el monstruo. Desde que yo había salido dé Francia no dejaba de pensar en Hans Rudi Giger. Sus cuadros me habían producido una enorme impresión. Nunca había visto nada tan horrible y a la vez tan bello. Así que acabé escribiendo un guión sobre un monstruo como los de Giger".
Las estremecedoras pinturas de Giger le sugirieron la idea de una bestia espacial: una máquina de matar con aire de insecto, cualificada evolutivamente para destruir cualquier otra forma de vida. Un ser de rara morfología que se complementa con la elocuente sensualidad de la heroína del film: la teniente Ripley.

En busca de un productor
Entre las ocurrencias de Shusett figura ésta: uno de los miembros de la tripulación tendría en su cuerpo un embrión de alienígena. Un engendro mortal que saldría de su víctima como si ésta fuera una crisálida.
O'Bannon no quiso ser especialmente original, y quiso inspirarse en producciones como El enigma de otro mundo (The Thing from Another World, 1951), Planeta prohibido (Forbidden Planet, 1956) y Terror en el espacio (Planet of the Vampires / Terrore nello spazio, 1965).
Entre los referentes literarios del guionista figuran el relato "Junkyard" (1953), de Clifford D. Simak, y la novela Strange Relations (1960), de Philip José Farmer, así como varias historietas del sello EC Comics.
En los momentos cruciales, otros amigos de Shusett y O'Bannon participaron en el desarrollo. "Me senté –cuenta el ilustrador Ron Cobb– y me puse a esbozar una nave, cosa que me gusta mucho hacer. El guión de Dan pedía una nave pequeña, modesta, con escasa tripulación. Aterrizan en un pequeño planeta, bajan una pequeña pirámide y producen espanto a una criatura de tamaño mediano. Más o menos, esto es todo. El quería que el film fuera de bajo coste, como Estrella negra, y me gustaba la idea. Así que hice unos cuantos dibujos, y Dan fue a encerrarse con mis dibujos y el guión".
Cobb sabía lo que hacía. Además de autor de cómics, era el responsable de varias de las criaturas que aparecen en la mítica taberna de Tatooine que visitan los protagonistas de Star Wars.
En primer término, Sushett y O'Bannon ofrecieron el proyecto a Roger Corman, pero éste acabó finalmente en manos de Walter Hill, David Giler y Gordon Carroll, propietarios de una compañía, Brandywine, con un trato privilegiado con 20th Century Fox.
Las cosas se complicaron cuando, para disgusto de O'Bannon, Hill y Giler se empeñaron en reescribir el guión. Aquel malestar no tenía mucho sentido, dado que 20th Century Fox no tenía previsto financiar la película. Y quizá nunca lo hubiera hecho, pero fue entonces cuando el destino se puso de parte de O'Bannon. En 1977, La guerra de las galaxias se convirtió en un éxito descomunal y en un fenómeno sociológico de impredecibles consecuencias. Todos los estudios quisieron aprovechar la moda galáctica, y la Fox no fue una excepción.
Revisando los planes de la compañía, los ejecutivos comprobaron que Alien era el único proyecto de ciencia-ficción que podía ponerse en marcha de inmediato.

Terror en el espacio
Nos situamos en los meses que van del verano al otoño de 1978. Los estudios Shepperton, en Inglaterra, tenían en su puerta un aviso que impedía la entrada de toda persona ajena a un misterioso rodaje que iba a durar dieciséis semanas.
El secretismo evitó que la prensa conociera antes de lo debido qué apariencia tenían los escenarios del film en cuesión. Por ejemplo, los interiores del Nostromo: su puente de navegación, la enfermería y los niveles inferiores de la astronave.
El mismo cuidado puso el estudio para ocultar el decorado que simulaba la superficie del planetoide y la nave extraterrestre.
Coordinándose con el equipo de dirección artística, el equipo de efectos especiales de Alien, dirigido por Brian Johnson y Nick Allder ya había empezado a elaborar las maquetas y los avanzados trucajes del film.
La verosimilitud de esas maquetas fue su mayor desafío. "Hicimos varias pruebas, y parecía que lo habíamos logrado –dice Allder–, pero luego, cuando se filmaba una torre desde cierto ángulo, empezaba a parecerse a los castillos de Walt Disney. Entonces quitábamos todos los pequeños detalles, volvíamos a comenzar y continuábamos hasta que aquello marchase. Finalmente, hubo que emplear un montón de añadidos para dar a las torres ese aspecto de enormidad, de pesadez".
"Nuestro sistema –añade– era, modificado, el de 2001. El Nostromo se desplaza muy despacio, un poco como un petrolero que necesita mucho espacio para detenerse y para virar. Realmente no necesitábamos el sistema utilizado para Star Wars, pero rodábamos muy, muy lentamente. Algunas tomas duraban un minuto, un minuto y medio; teníamos todo el tiempo para observar la nave. En primer lugar los detalles y luego las propias tomas, todo debía quedar a la perfección. Hace tiempo se podía salir del paso de cualquier manera. Pero hoy la gente no acepta nada que no sea perfecto".

La llegada de Ridley Scott
¿Y quién estaba a cargo de todo? En un principio, Walter Hill quiso ocuparse de la dirección, pero al final fue sustituido por Ridley Scott, veterano de la publicidad y autor de esa bellísima ópera prima que es Los duelistas.
Scott, además de cineasta, era un diseñador, experto en arte y decoración, que había seguido los cursos del West Hartlepool College of Art y del London's Royal College of Art.
"Yo estaba preparando otro proyecto –cuenta Scott– cuando aquel guión cayó sobre mi mesa. Lo leí en tres cuartos de hora... ¡y bang! El guión era simple y directo, y es por eso por lo que hice el film".
La elección del reparto fue todo un acierto: Tom Skerritt, Veronica Cartwright, Harry Dean Stanton, John Hurt, Ian Holm y Yaphet Kotto, además de excelentes intérpretes, resultan idóneos para sus respectivos papeles.
Sigourney Weaver se metió en la piel de Ripley: esa operaria que acaba convertida en una guerrera que lucha por su vida en un laberinto de metal.
El viejo equipo que quiso sacar adelante Dune volvió a reunirse: Moebius diseñó los trajes espaciales, H. R. Giger se ocupó de las entidades extraterrestres y Ron Cobb acompañó a Chris Foss en la tarea de idear el Nostromo y su nave auxiliar, el Narcissus.
"Soy una especie de ingeniero frustrado –dice Cobb–: tengo montones de ideas sobre cómo resolver ciertos problemas con la ayuda de las técnicas modernas, o incluso con la anticipación a las técnicas del futuro. Trabajando en un film, me gusta aceptar el reto y dibujo una nave del espacio como si fuera absolutamente real; pienso hasta en la capacidad en carburante, hasta en los centros de gravedad, la forma en que funcionan los motores, las protecciones anti-radiación, y así todo lo demás. Y luego procuro ver cómo voy a poder servirme de esa idea, cómo voy a adaptarla, moldearía, hacer de ella algo que pueda valer para la película".
En realidad, todo dio un giro inesperado cuando O'Bannon le enseñó a Scott el último libro de Giger: el Necronomicón.
"Dan –dice Scott– entró a mi despacho con un libro que yo no había visto nunca. Lo abrió y me dijo: ¿Qué opinas de esto? Yo miré y vi una foto increíble... un dibujo digno de atención. Creo que es uno de los mejores que Giger haya hecho jamás. La mejor descripción sería la siguiente: el primo hermano del Alien".
La bestia estelar
Roger Christian, director artístico de Alien, definió el rodaje como una pesadilla logística. Por suerte, Ridley Scott participó decisivamente en el proceso más intrincado de cuantos tuvieron lugar durante la filmación. Me refiero al desarrollo conceptual.
"Después de todo –dijo Scott en 1978–, la película se ha hecho bastante pronto. Yo había sido director artístico anteriormente, y cada vez que había prisas me decía: Bien, es el momento de volver a las fuentes ya la dirección artística, o de lo contrario más vale que dibuje una secuencia exclusivamente para mí. Esto me ayuda a reflexionar; una vez que los dibujos son buenos, lo demás viene solo".
En cierto sentido, es el mismo proceso que años después siguió el propio Scott durante el infernal rodaje de Blade Runner.
Bajo sus indicaciones, Giger se ocupó de dibujar la superficie del planeta donde los exploradores del Nostromo descubren la nave en ruinas y su piloto.
A la hora de diseñar al alien, Giger tuvo claro que Lovecraft sería su máximo inspirador. "Hará más o menos quince años –dice el artista– yo llevaba un diario, un cuaderno en el que apuntaba mis sueños. Los mismos sueños se repetían sin cesar, y eran pesadillas. Algo aterrador. Y luego me di cuenta de que cuando los dibujaba, los sueños desaparecían. A veces, la gente viene a ver mi trabajo y sólo ve los elementos de horror. Yo les digo que miren mejor, y es entonces cuando comprueban que en mis cuadros hay siempre dos componentes: lo horrible y lo agradable. Ló que quiero decir es que amo la elegancia, el arte modernista; una línea recta o una curva. Tales cosas están en primer plano en mi obra. Pero es distinto trabajar para una película: yo sé lo que tengo que hacer y al mismo tiempo trato de ser completamente libre y de entregarme a la inspiración. En lo que se refiere a Alien he tenido mucha libertad: discutía con Ridley Scott sobre la historia, basándome a veces en mi cuaderno, y sabía entonces adónde iba".
Se diseñaron tres versiones del monstruo: pequeño, mediano y grande, o por llamarlos por su nombre, el Face Hugger, que salta a la cara de su víctima y se pega a ella, el Chest Burster, que emerge con violencia del pecho de ésta, y el Gran Alien, que ha llegado a su apogeo biológico.
"Yo –reconoce Scott– hubiera querido tener una tercera dimensión para esta criatura. Había que subrayar de alguna manera el peligro representado por la cosa, como, por ejemplo, mostrando que hasta su modo de reproducción era terrorífico. Traté de llevar esto a la secuencia final. Lo que pretendo es mostrar que el alien tiene una duración de vida limitada, como una mariposa. Y durante este intervalo, una vez que él decide exponerse –si es que vale la expresión–, una vez que surge de su huevo, necesita reproducirse y propagarse lo más rápidamente posible, y acaso solamente en unos días. Es por esto por lo que, en la última secuencia, se puede ver el cuerpo del Gran Alien soltando una baba viscosa: lo que intentamos transmitir es que el alien tal vez está encerrándose en su propio capullo. Por otra parte, en ese estado no atacará a menos que se le provoque, al encontrarse completamente absorbido por el cumplimiento de su ciclo de reproducción".
A medio camino entre un insecto, un reptil y un biomecanismo con claras referencias sexuales, el alien es uno de los monstruos más pavorosos y sugerentes de la Historia del Cine. Precisamente por ello, Alien se convirtió en un clásico instantáneo e inauguró una duradera franquicia que, a pesar de sus altibajos, sigue acompañándonos.
Las citas entrecomilladas proceden de Historia de Alien, de Paul Scanlon y Michael Gross, editado por Charles Lippincott en 1979. Versión española en Totem - Extra nº 5, Editorial Nueva Frontera, 1979.
Copyright de las imágenes © 20th Century Fox. Reservados todos los derechos.
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