
Desde sus primeras producciones, se puede decir que el cine no ha vivido al margen de la influencia de la política. Y esta se ha manifestado desde diversas posturas que atienden al desarrollo de la propia industria, a la utilización del cine como vehículo propagandístico y a la actuación de algunos gobiernos en la protección de su propia cinematografía.
La producción de algunas películas de marcado cariz político como L’affaire Dreyfus (1899), de Georges Méliès o El nacimiento de una nación (1914), de David W. Griffith, abren el camino para que se produzcan a lo largo de las décadas un elevado número de títulos que quieren manifestar posiciones políticas en las que la industria cinematográfica declara sus principios. No obstante, en este marco cabe señalar que depende de qué industria se trate para que su alcance social sea mayor o menor, pues según se trate de películas estadounidenses, alemanas, italianas, francesas, soviéticas o españolas, por poner algunos ejemplos, así será el control que se ejerza sobre una determinada producción.
Es quizá en el ámbito propagandístico en donde se aprecia un control más riguroso del medio y de la actividad de las productoras. En la Unión Soviética, tras la revolución de octubre de 1917, el cine pasa a depender del Comisariado del Pueblo para la Instrucción, lo que supone un vuelco total en los planteamientos industriales del mismo: el director será un artista al servicio del espíritu socialista. El cine alemán comenzará en los veinte a definir muchos aspectos políticos que alcanzarán una mayor dimensión con el ascenso del nazismo en los años treinta.
El cine norteamericano no escapará a esta intención temática en buena parte de sus películas de los veinte y treinta, aunque alcanzará su mayor expresión con la Guerra Civil española y la Segunda Guerra Mundial, la “caza de brujas” impulsada por el senador McCarthy y la tensión política que sigue entre Estados Unidos y la Unión Soviética en el periodo conocido como “Guerra fría”, que significó una mayor implicación de la política en el cine mundial.
La historia más reciente también refleja ciertas injerencias recíprocas del mundo del cine en temas políticos y de los Estados en el seno de la industria y la creación cinematográfica. Baste señalar los acontecimientos del conflicto yugoslavo o los problemas que el director chino Zhang Yimou tuvo en su país.
Sorprende en este caso cómo Zhang Yimou decide retirar del Festival de Cine de Cannes de 1999 sus dos últimas películas, protestando con esta postura por la “discriminación del cine de su país en Occidente”, alegando, además, en el mismo comunicado de prensa que “es inaceptable que desde hace mucho tiempo los occidentales interpreten los films chinos según criterios únicamente políticos y los dividan en dos categorías, según los consideren hostiles o favorables al Gobierno chino” (“El País”, 21–4–99).
Esta es una versión expandida de varios estudios anteriores. En particular, incluye citas de varios artículos que escribí entre 1996 y 2001 para la Enciclopedia Universal Multimedia, de Micronet. Asimismo, contiene algunas reflexiones y referencias que publiqué en los libros Perspectivas de la comunicación audiovisual (2000) y La cultura de la imagen (2006).
Todos los hombres del Rey © Columbia Pictures Corporation, 2006. Cortesía del departamento de prensa de Sony Pictures. Reservados todos los derechos.
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