La adaptación de la novela de Robert A. Heinlein Rocketship Galileo, titulada Con destino a la Luna (Destination Moon, 1950), fue uno de los más tempranos acercamientos a dos temas decisivos en la ciencia-ficción de su época: el poderío atómico y la guerra fría.
Fue asimismo la carta de presentación de un productor con muchas ideas que aportar a la ciencia-ficción en el cine, George Pal.
El protagonista de la película, un potentado llamado Jim Barnes (John Archer), acepta financiar un proyecto científico que el gobierno ha rechazado. Se trata del cohete atómico diseñado por el doctor Carsgraves (Warner Anderson), un vehículo ideal para adelantarse a los rusos en la carrera espacial y, además, para explotar la potencial riqueza de los planetas cercanos a la Tierra.
La aeronave pronto está lista para despegar; a bordo viajan Barnes, el doctor Carsgraves, el general Thayer (Tom Powers) y Joe Sweeny. Ellos serán los primeros humanos en pisar la superficie lunar.
Ese soñador único que fue George Pal contó para la realización de Con destino a la Luna con un equipo de excepción. El guión fue coescrito por el novelista Robert Heinlein, quien además asesoró el proyecto, también revisado por científicos como el profesor Oberth y Alexandre Annanoff, presidente del Movimiento Internacional de Astronáutica.
Parece evidente que una de las principales pretensiones del productor era lograr una verosimilitud científica que, por regla general, brillaba por su ausencia en las películas del género.
Con destino a la Luna es el primer largometraje en que se narra rigurosamente un viaje espacial; un periplo alejado en la medida de lo posible de elementos excesivamente imaginativos que pudieran afectar el afán de autenticidad –y didactismo– deseado por sus creadores.
Posee también una cualidad predictiva en su argumento: la carrera del espacio se plantea como una competición entre las grandes potencias, por entonces al comienzo de sus investigaciones en este terreno.
Por otro lado, para garantizar la calidad artística de la cinta, Pal contrató al director Irving Pichel, uno de los responsables de ese título mítico en la historia del cine fantástico que es El malvado Zaroff (The Most Dangerous Game, 1932).
Con destino a la Luna es, en suma, una película brillante, sólidamente realizada y, lo que es más valioso, precursora de una corriente que desde el rigor del género se consagró a propósitos que iban más allá de la pura aventura.
La siguiente producción de Pal fue When Worlds Collide (1951), adaptación de la novela homónima de Philip Wylie y Edwin Balmer.
El argumento aborda una hipotética catástrofe causada por un planeta, Zyra, que ocupa la posición orbital de la Tierra, con la consiguiente oleada de maremotos, terremotos y demás cataclismos a lo largo y ancho de la corteza terrestre. Pocos son los supervivientes que pueden llegar a Zyra a bordo de una nave espacial. La nueva Tierra es un lugar paradisíaco en el que los humanos podrán comenzar de nuevo.
Director: Irving Pichel
Producción: George Pal
Guión: Argumento de Robert A. Heinlein. Versión de James O'Hanlon y Rip Van Ronkel
Reparto: John Archer, Warner Robinson, Tom Powers, Dick Wesson
Música: Leith Stevens
Fotografía: Lionel Lindon
Montaje: Duke Goldstone
Distribución: Eagle-Lion Classics Inc.
Fecha de estreno: 27 de junio de 1950
Duración: 91 minutos
País productor: Estados Unidos
Idioma: Inglés
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