"Nunca les pido –dice Paul Newman– que moldeen un personaje según mis cualidades. Es un desastre cuando tratan de ajustar un papel para un actor. Si quieres aparecer en una vitrina, vete a Las Vegas. Pero algunas veces les pido que monten una escena según una intención determinada, como en El buscavidas, en la escena de la colina, cuando Eddie habla sobre lo que ocurriría si fuera jugador de billar. Yo sabía que de alguna forma había que relacionar aquello con el deseo de todo el mundo –albañil o jugador de fútbol– de ser alguien".
De cuando en cuando salen a relucir en las carteleras películas que parecen realizadas con el propósito de figurar en las antologías.
Las exigencias precisas para lograr un producto de cualidades semejantes no son pocas ni sencillas, y se da el caso de que El buscavidas las reúne todas.
Bien narrado y con un impecable plantel de actores, el film resulta tan emocionante como hermoso, pero de una hermosura de penumbra, con la armonía y la melodía de las viejas historias, clásicas, fatales, que superan los principios de la originalidad para penetrar en el campo de los cuentos simbólicos.
El juego como telón de fondo y un personaje, Eddie Felson, atrapado por un camino en el que la ausencia emocional, esquivando la felicidad, se adueña de aquellos que con él se relacionan.
No deja de ser interesante que Robert Rossen logre componer uno de los mejores títulos de la década con medios tan exiguos, tan sencillos, sin la confusa batahola que imponían los grandes rodajes del momento.
Sucede lo mismo con los actores, medidos, inteligentes, con miradas como cuchillos que resumen muchas líneas de un guión, por lo demás, soberbio.
El buscavidas es una fórmula melancólica, quizás irrepetible, que exalta fantasmas de soledad, cercanos a creaciones literarias del crepúsculo decimonónico, con Baudelaire al frente.
Quien se acerca a esta película entiende el misterio dramático que el buen cine encierra.
"A menudo se ha descrito El buscavidas como una tragedia griega en una sala de billar. Admiro mucho la tentativa de Rossen: la película es magnífica visualmente, pero los largos discursos de los personajes, los juicios morales que continuamente hacen sobre sus actos, me parecen desfasados. Ese no es realmente el estilo de los jugadores de billar, por lo menos en nuestra época. Todo estaba dicho cuando Piper Laurie se suicidaba después de escribir ¡Pervertidos, depravados, enfermos! sobre el espejo. Lo que seguía era una redundancia o demasiado solemne (Martin Scorsese, Conversaciones con Martin Scorsese).
"Rossen resultaba invariablemente un buen director de actores (...) y todas las interpretaciones de El buscavidas son de la mejor calidad. La composición que Paul Newman hace de Fast Eddie Felson figura aún como la más lograda de sus caracterizaciones cinematográficas. Las tensiones internas de Eddie encuentran su expresión en una suerte de fisicidad controlada, empleada con enorme efecto tras la secuencia de la fractura de los pulgares, cuando, con sus manos enyesadas, es incapaz de encender un cigarrillo o alzar una copa (Andrew Tudor, International dictionary of films).
"Es una película sumamente inteligente, interesante y desagradable. Es singularmente opresiva, envuelta toda ella, deliberadamente, en una atmósfera deslustrada, desgastada, marchita, polvorienta, internamente mancilla da. Hubiera podido titularse, en inglés, A Study in shabbiness (Un estudio mezquino, lastimoso ...), aprovechando una palabra que quiere decir todo eso. Robert Rossen consigue dar ese aire hasta a unas carreras de caballos, lo cual demuestra no poca destreza" (Julián Marías, El cine de Julián Marías).
Ficha técnica
Dirección: Robert Rossen – Argumento: Basado en la novela de Walter S. Tevis – Guión: Robert Rossen y Sidney Carroll – Fotografía (Cinemascope): Gene Shufton – Música: Kenyon Hopkins – Sonido: James Shields – Montaje: Deedee Allen – Dirección artística: Harry Horner y Albert Brenner – Decoración: Gene Callahan – Ayudantes de dirección: Charles Maguire y Don Kranz – Consejero técnico: Willie Mosconi – Vestuario: Ruth Morley – Maquillaje: Bob Jiras – Peluquería: Deneene – Producción: Robert Rossen para 20th Century-Fox. - Duración: 133 minutos.
Reparto
Paul Newman (Eddie Felson), Jackie Gleason (Minnesota Fats), Piper Laurie (Sarah Packard), George C. Scott (Bert Gordon), Myron McCormick (Charlie Burns), Murray Hamilton (Findlay), Michael Constantine (Big John), Stefan Gierasch (Preacher), Jake LaMotta (Barman), Gordon B. Clarke (Cajero), Alexander Rose (Arbitro), Carolyn Coates(Camarera), Carl York (Joven anarquista), Vincent Gardenia (Barman), Charles Diercep, Donald Crabtree, Brendan Fay y Cliff Pellow (Jugadores), Willie Mosconi (Willie), Art Smith (Auxiliar), Don DeLeo (Jugador), Tom Aherne (Barman), Charles Andre (Sirviente), Sid Raymond y Charles Mosconi (Dos hombres), William P.
Adams (Viejo médico), Charles McDaniel (Encargado de reservas), Jack Healy (Propietario del hotel), Don KolI (Cajero del casino), Richard Abbott, Melvin Stewart y Xander Chello.
Sinopsis
La mesa de billar es el territorio natural de Eddie Felson.
El sabe dominar los movimientos de las bolas sobre el tapete, siempre a punto para ganar una apuesta, siempre listo para desaparecer, rumbo a una nueva sala.
Su amigo Charlie Burns le lleva a Nueva York, donde espera disputar la partida definitiva con el campeón Minnesota Fats.
Arruinado física y monetariamente, sólo el afecto de la dulce Sarah Packard parece restañar las heridas de Eddie.
Pero el juego puede con la relación, y los acontecimientos se enfilarán hacia la tragedia.
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