En 1961, J. Lee Thompson creyó que, al estrenar con éxito El cabo del terror, sólo incrementaba con un nuevo título la inacabable lista de cintas de género negro que se rodaron por aquel entonces. Era algo más que eso.
Treinta años después, dos de los mejores directores del cine americano, Steven Spielberg y Martin Scorsese, se implicaban en la labor de remozar el clásico para adaptarlo al gusto contemporáneo.
Una de las cosas que más sorprenden de este proyecto es precisamente el embrollado acceso que a él tuvieron Scorsese y Robert De Niro, ya que era Spielberg quien en primer término iba a dirigirlo, mientras que, como productor, éste contaba con Scorsese para realizar La lista de Schindler, con guión de Steve Zaillan, autor además de la adaptación cinematográfica del libro Despertares, protagonizada ese año por De Niro.
La relación entre un cineasta y su productor es cosa tan compleja que a nadie debe llamar a engaño que al final las tareas se intercambien y, como es el caso, acabe Scorsese asumiendo el trabajo que en un principio iba a realizar su amigo, de forma tan intensa además que, como él mismo apunta, "ya había leído el guión tres veces y las tres veces lo odié".
Apoyado por Spielberg, Scorsese realiza cambios en el libreto para introducir referencias de ética cristiana, perceptibles por otra parte en casi toda filmografía. También comienza un duro trabajo con el reparto, integrado por Nick Nolte, Robert De Niro, Jessica Lange y la joven Juliette Lewis.
La partitura original de Bernard Hermann es adaptada por Elmer Bernstein, en tanto que el antiguo argumento del escritor John McDonald, fallecido en diciembre de 1986, es mejorado gracias al talento de Wesley Strick, respetando la base del guión original de James R. Webb.
Se encarga del montaje Thelma Schoonmaker, colaboradora de Scorsese desde que en 1970 ambos fueron ayudantes de dirección en Woodstock, la particular visión que del Festival de Bethel brindó el cineasta Michael Wadleigh.
Scorsese encarga la dirección de fotografía a otro veterano, Freddie Francis, a quien los aficionados al género fantástico recordarán como director de varios éxitos de la productora Amicus: Tales from the CryptLegend of the Werewolf (1974) y The Deadly Bees (1966). Los admiradores del cine de Jack Cardiff también recuerdan a Francis como el responsable de la hermosa fotografía de Sons and Lovers (1960). (1972),
Completando tan prestigioso equipo, hallamos a los tres actores que en la versión original encarnaron los personajes de Sam Bowden, Max Cady y Mark Dutton: Gregory Peck, Robert Mitchum y Martin Balsam, que en esta ocasión interpretan tres papeles secundarios.
A lo largo de diecisiete semanas de rodaje en varios pueblos y zonas pantanosas de Florida, Nick Nolte descubre inesperados matices en su interpretación del abogado Sam Bowden, atento siempre a los posibles excesos de su oponente en el reparto, Robert De Niro, que, además de amigo del director, cuenta a su favor con una capacidad de metamorfosis que, siempre según la leyenda y las páginas publicitarias, le lleva a dejarse tatuar medio cuerpo para mejor encarnar al psicópata Max Cady.
A tal punto debe de llegar el ánimo feroz de De Niro que, según la misma leyenda, Juliette Lewis necesita dormir durante el rodaje con una pistola bajo la almohada.
La relación entre Nolte y De Niro es, cuando menos, curiosa. Ambos se comunican telefónicamente de un camerino a otro y raramente se encuentran en el set de rodaje, a pesar de lo cual Nolte afirmará: "De Niro es uno de los actores más educados que conozco y es muy consciente de los sentimientos de los demás. Se preocupa mucho por los detalles de su trabajo, que es lo que más le importa. Scorsese y De Niro hacen lo imposible para que su amistad no haga que los demás se sientan excluídos. De Niro es uno de los actores más educados que conozco".
Añade: "El Sam Bowden de El cabo del miedo incurre en todas las debilidades humanas. Acaba cubierto de sangre, horrorizado al darse cuenta del nivel de violencia al que puede llegar".
Sea como fuere, lo cierto es que Nick Nolte consigue que todo su incondicional público le acepte en su primer personaje con chaqueta y corbata. Su esposa Becky respira satisfecha en el estreno. Contra todo pronóstico, el rebelde con el que se casó se ha vuelto respetable.
Tanto es así que Robert Altman, tan corto de presupuesto como de costumbre, le llama junto a otras estrellas para intervenir como figurante en una de las escenas de su particular venganza cinematográfica contra el sistema de los estudios.
El juego de Hollywood (1992) se convierte así en una peculiar reválida que indica el nivel alcanzado por Nolte en el panorama profesional norteamericano, un nivel que ya le coloca a la altura de los actores más cotizados del momento.
Producción: Universal / Amblin / Cappa Films / Tribeca Productions.
Director: Martin Scorsese.
Reparto: Nick Nolte, Robert De Niro, Jessica Lange, Juliette Lewis, Joe Don Baker, Gregory Peck, Robert Mitchum y Martin Balsam.
Sinopsis
Max Cady, un antiguo combatiente psicópata, acaba de cumplir en prisión una condena de catorce años por violar a una joven.
Lejos de buscar la rehabilitación, Cady busca la venganza, ya que está convencido de que Sam Bowden, su abogado, no le defendió como debía en el juicio que dio con él en la cárcel.
Después de localizar a Bowden en una localidad del Sur, comienza un progresivo acoso que hará de la vida del abogado y su familia un verdadero infierno.
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