William Alland, productor de títulos ya legendarios como Tarántula, It Came from Outer Space o This Island Earth, fue el impulsor de otro curioso largometraje que revisita por centésima vez el tema del científico-demiurgo que halla la piedra filosofal de la Medicina: el secreto de la vida artificial o, lo que viene a ser lo mismo, la clave de la inmortalidad.
La película en cuestión es El Coloso de Nueva York (The Colossus of New York, 1958), una fiesta del cine de bajo presupuesto cuyas virtudes fundamentales son su sincero encanto y su falta de pretensiones.
En esta ocasión el protagonista es un enorme autómata depositario del cerebro de un sabio fallecido. Como de costumbre, los propósitos de semejante experimento son saludables para la especie humana –se prolongan indefinidamente las virtuosas acciones de un difunto–; pero las complicaciones surgen cuando el nuevo ser, desprovisto de sentimientos, toma conciencia de su superioridad frente a la fragilidad de los hombres y decide tomar el camino de la violencia.
A partir de ese instante, la historia sigue los derroteros habituales en toda fábula de monstruos, y sólo la inocencia de un niño podrá frenar finalmente la cólera destructora del Coloso.
Wiliam Alland no se limitó a financiar la película: también colaboró en el proceso de guionización y, lo más sorprendente, diseñó la imponente figura del Coloso.
Los efectos mecánicos del monstruo supusieron todo un reto para sus creadores; nada menos que 40 minutos tardaba el actor Ed Wolff en enfundarse el esqueleto de tanques de aire comprimido, cables, baterías y tubos de oxígeno que daban vida a aquella angulosa criatura de 2,20 metros de altura.
"Fue en la radio –leemos– donde William Alland inició su especialización, asociándose a Orson Welles para la producción del programa Men from Mars. La característica de sus producciones cinematográficas es la dignidad con que son tratados los temas SF y que sitúa a sus films por encima de la mayoría de cintas basadas en estos temas. The colossus of New York fue realizada bajo su tutela en 1958, siendo dirigida por Eugene Lourie y basada en un guión de Thelma Schnee. El Coloso forma parte de la extensa «familia» que encabezada por el monstruo de Frankenstein, el Golem, etc., reúne toda una serie de seres fantásticos; zombies, humanoides, autómatas o robots, a los que la ciencia -contrapunto y a la vez complemento de lo fantástico- ha dotado por medio del injerto de órganos o por el trasplante de sus conocimientos, de una vida que teóricamente tendría que ser el perfeccionamiento de la nuestra propia, pero que ipdefectiblemente se convierte, como un boomerang que se revuelve con nuestra ambición, en una fuerza destructora que será preciso suprimir" (Terror Fantastic, nº 21, junio de 1973).
15 días atrás
15 días atrás
126 días atrás
190 días atrás
279 días atrás
279 días atrás
346 días atrás
372 días atrás
2325 días atrás
416 días atrás
417 días atrás
1568 días atrás
427 días atrás









































































