A pesar de lo enloquecido de muchas producciones de serie B, esta fórmula le permitió ganar fama y fortuna a un joven cineasta que siguió cultivando a lo largo de los sesenta su febril cinefilia, plasmada en cintas baratas, divertidas y, sobre todo, rentables. Hablamos, claro está, de Roger Corman.
Corman estrenó en 1963 una de sus películas más conocidas, El hombre con rayos X en los ojos (The Man with X–Ray Eyes, 1963), en la que Ray Milland interpreta al doctor Xavier, descubridor de una substancia que permite a aquél que se la administre una notable mejora en la visión, con unos ojos capacitados para ver con rayos X.
El científico experimenta la droga consigo mismo y los resultados son portentosos. Todo irá bien hasta que, por error, cause la muerte de un amigo suyo, lo que le convierte en un fugitivo perseguido por la Policía.
Stephen King considera El hombre con rayos X en los ojos "una de las peliculitas de horror más interesantes y originales jamás realizadas, y una que termina con una de las escenas más escalofriantes y revulsivas jamás filmadas. Esta película de 1963 fue producida y dirigida por Roger Corman, que en aquel momento estaba en pleno proceso de metamorfosearse de la aburrida oruga que había producido películas alimenticias como Attack ofthe Crab Monsters (1957) y La tienda de los horrores (The Little Shop of Horrors, 1960; ni siquiera notable por el posible debut en la gran pantalla de Jack Nicholson) en la mariposa responsable de películas tan interesantes y hermosas como La máscara de la muerte roja (The Masque of the Red Death, 1964) y The Terror (1963). El hombre con rayos X en los ojos marca el punto de inflexión en el que esta extraña criatura salió del capullo, me parece a mí. El guión era de Ray Russell, autor de Sardonicus y de varias novelas más, entre ellas la más bien pasada Incubus y la mucho más lograda Princess Pamela" (Danza Macabra).
Por lo demás, Corman demuestra en esta película un talento visual envidiable. "Sus ángulos visuales –escribe Antonio Camín–, la extraordinaria movilidad de la cámara, el exacto poder de captación del ambiente (...) Quizá radique aquí el mayor mérito de Corman y es el brindarnos unas imágenes que nos dan la impresión de haber ya vivido antes, interesándonos por su familiaridad e intrigándonos por su desenlace. Y a a nivel de organización, el sistema productivo de Corman está basado en el mismo principio en que lo estaba el de Fisher y que, con raras excepciones, viene siendo común al género. Una vez más es un equipo el artífice real del film, es la compenetración perfecta de varias funciones la que logra los resultados. (...) El equipo Corman planifica sus films antes de realizarlos y, tomando como base la historia y no el intérprete, presenta una galería de actores casi desconocidos en su mayor parte y, en todos los casos, no imbuidos de la autosuficiencia mitificadora del star-system". (Terror Fantastic, nº 4, enero de 1972)
Dato interesante: a lo largo de 1963, el mismo años en que estrenó el largometraje que nos ocupa, Roger Corman lanzó dos nuevos filmes al mercado, The Haunted Palace y The Secret Invasion, ejemplo de rentabilidad y memorable apoteosis de lo inverosímil, de obligada visión de una sala de programa doble.
Director: Roger Corman
Producción: Roger Corman
Guión: Robert Dillon, Ray Russell
Reparto: Ray Milland, Diana Van der Vlis, Harold J. Stone, John Hoyt, Don Rickles, Cathie Merchant
Música: Les Baxter
Fotografía: Floyd Crosby
Montaje: Anthony Carras
Distribución: American International Pictures
Fecha de estreno: 18 de septiembre de 1963
Duración: 79 min.
País productor: Estados Unidos
Idioma: Inglés
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