H.G. Wells tenía un criterio cinematográfico algo peculiar, por no decir rematadamente excéntrico. Por fortuna, esa magistral cinta de James Whale que es El hombre invisible (The Invisible Man, 1933) satisfizo al escritor, quien no dudó en alabar esta adaptación de una de sus novelas más famosas.
El guión de R.C. Sheriff cuenta cómo el joven científico Jack Griffin (Claude Rains) descubre una droga llamada monocaína que le permite alcanzar un estado de completa invisivilidad.
Animado por las posibilidades de su nuevo estado, lleva a cabo tanta fechoría como se le antoja con completa impunidad. Con vendas disimula su peculiar naturaleza, aunque, tras múltiples peripecias, la policía da con él.
"Las aventuras, mejor desventuras –escribe Francisco Montaner–, de un hombre capaz de haber encontrado la forma de cristalizar esta quimera, las debemos a H. G. Wells, quien en 1901 publicó El hombre invisible, pieza clave de la literatura fantástica (si bien en 1902 Julio Verne escribía también otra obra que versaba sobre este tema, El secreto de Wilhelm Storitz), como lo fueron otras debidas a la pluma del insigne escritor. (...) Cuando por alguna circunstancia Griffin debe escapar, no le queda otro remedio que despojarse de toda su indumentaria, toda en absoluto, y lanzarse por los nevados parajes hasta lograr desaparecer en medio del asombro de sus perseguidores. También otra desgracia se ceba en Griffin: la locura. La monocaína ha cumplido perfectamente su función, pero una de sus reacciones no fue debidamente prevista: la afección que produce en el cerebro. Y a consecuencia de ella, Griffin, de naturaleza reposada y serena, va tornándose paulatinamente irritable y malévolo, detalle del que se apercibe en sus momentos de lucidez, lo que no hace sino añadir aún una mayor amargura en este infausto personaje de la fantasía científica. Al final, desnudo y herido (curioso atavismo del hombre que ha llegado al máximo cíentíñsmo), sus huellas en la nieve y la sangre que mana de una herida (una secuencia de las más brillantes del cine fantástico resuelta genialmente por Fulton en El hombre invisible, de Whale) harán posible la persecución de Griffin pese a su invisibilidad, el cual al morir vuelve a tomar su cuerpo consistencia y su rostro una feliz expresión de paz." (Terror Fantastic, nº 22, julio de 1973)
Este cuidadoso trabajo de ciencia-ficción podría recordarse solamente por la creación de sus intérpretes, por el dinamismo de su guión o por la habilidad narrativa de su director, pero, indudablemente, también queda en la memoria del espectador por unos efectos especiales insuperables, resueltos por John P. Fulton con una perfección que aún hoy mantiene su huella genial en la historia del cine de anticipación.
Fulton era un técnico imprescindible en los estudios Universal. Entre otros muchos títulos de la compañía, intervino en El puente de Waterloo (Waterloo Bridge, 1931), recreando un espectacular raid aereo sobre Londres; Cast of Borneo (1931), The Old Dark House (1932), Los crímenes de la calle Morgue (Murders in the Rue Morgue, 1931) y La momia (The Mummy, 1932).
En El hombre invisible, John P. Fulton logró un efecto visual sorprendente, haciendo creer a los espectadores en los efectos de esa monocaína que en el guión era el germen de la invisibilidad.
El propio técnico narró las vicisitudes del rodaje en un texto de 1934, "How We Made The Invisible Man".
A lo largo de densas reuniones, Whale y Fulton reflexionaron acerca de las tomas por filmar. Las secuencias en las que el protagonista es completamente invisible eran sencillas de simular mediante finos alambres, pero para lograr las tomas de invisibilidad parcial -cuando el personaje está a medio vestir- fue preciso realizar numerosas sobreimpresiones y trucajes de ocultación o mate.
Para ello se cubría al actor con unas mallas negras por debajo de su ropa, de forma que al filmarle frente a una pantalla de terciopelo negro diera la imagen de unas ropas que se movían solas.
Esta imagen se positivaba, y después se hacía un duplicado del negativo. Este último se intensificaba para crear una orla o silueta-mate.
Mediante una copiadora se componía un duplicado del positivo del fondo, utilizando la orla en el lugar en el que habría de situarse el hombre invisible. Posteriormente, el proceso se repetía, incorporando en el positivo intensificado del fondo el negativo trucado. De esta forma se obtenía un negativo compuesto en el que se relejaban ambas imágenes.
Llegaron a retocarse mediante trucajes alrededor de 64.000 imágenes de El hombre invisible, lo que da una idea de la magnitud del trabajo de Fulton. Por cierto, éste fue nuevamente contratado para trucar las escenas de invisibilidad de La mujer invisible (The Invisible Woman, 1940), cuyo reparto encabezaba la siempre brillante Virginia Bruce.
El trabajo de Fulton creó escuela. Fue el técnico Roy Seawright quien hizo posible que nos fuera imposible ver a los protagonistas de La pareja invisible se divierte (Topper Takes a Trip, 1939), si bien John P. Fulton recuperó la exclusiva de este truco junto a Bernard. B. Brown y William Hedgecock en El hombre invisible vuelve (The Invisible Man Returns, 1940), con Cedric Hardwicke y Vincent Price en los principales papeles, y en Invisible Agent (1942).
El truquista volvió a simular los poderes del personaje en La venganza del hombre invisible (The Invisible Man's Revenge, 1944), a las órdenes del director Ford. L. Beebe, un cineasta curtido en los seriales de los años treinta.
Cruzado el umbral de los cincuenta, otros especialistas en efectos especiales se encargaron de trucar las aventuras del hombre invisible. Tal es el caso de Howard y Theodore Lydecker, quienes intervinieron en el serial The Invisible Monster (1950), o el de David S. Horsley, encargado de los efectos de Abbott and Costello meet the Invisible Man (1951).
Fiel al criterio publicitario de su estudio, marcado en El hombre invisible, Fulton mantuvo en secreto el mecanismo de los trucajes que realizó para El Poder Invisible (The Invisible Ray, 1936). Quizá uno de los más sorprendentes sea la batalla de estrellas que el argumento sitúa en la Nebulosa de Andrómeda. Fulton es ya en este período más que un truquista de estudio; es la garantía de la sorpresa de un público ávido de espectáculo.
La lista de secuelas que trataron de aprovechar el éxito de la película de Whale resulta casi interminable; baste recordar El retorno del hombre invisible (The Invisible Man Returns, 1939), co-guionizada por Curt Siodmak y protagonizada por Vincent Price; La mujer invisible (The Invisible Woman, 1940), con John Barrymore y una impagable Virginia Bruce en los principales papeles; Agente invisible (Invisible Agent, 1942) y La venganza del hombre invisible (The Invisible Man's Revenge, 1944), ambas protagonizadas por Jon Hall.
Director: James Whale
Producción: Carl Laemmle Jr.
Guión: R. C. Sherriff, Philip Wylie, Preston Sturges. Argumento de H.G. Wells
Reparto: Claude Rains, Gloria Stuart
Música: Heinz Roemheld
Fotografía: Arthur Edeson
Montaje: Ted J. Kent
Distribución: Universal Pictures
Fecha de estreno: 13 de noviembre de 1933
Duración: 71 minutos
País productor: Estados Unidos
Idioma: Inglés
Secuela: The Invisible Man Returns (1940)
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