Nacido en Teruel el 17 de octubre de 1871, Segundo de Chomón no sólo es un pionero de la ciencia-ficción y la fantasía en el cine, sino un espléndido creador de efectos visuales que sorprendió a los espectadores de su época con imágenes que aún hoy conservan su magia.
De su primera etapa española, cabe destacar dos títulos: Choque de trenes (1902), con un espectacular montaje de maquetas, y Gulliver en el país de los gigantes (1903), película en la que los efectos de doble impresión maravillaron por su realismo.
El aragonés, tras comprobar cómo Georges Méliès rechazaba su idea del pintado mediante tramas, ofreció sus habilidades a Pathé. A partir del descubrimiento del llamado paso de manivela, desarrolla un aparato tomavistas, la cámara 16, que rueda imagen por imagen, y con ella acomete varios de sus más arriesgados proyectos. Destaca entre ellos su más conocida obra: El hotel eléctrico.
La cinta cuenta la historia de Laura (Julienne Mathieu) y Bertrand, dos turistas que llegan a un hotel en el que no hay servicio humano: todo funciona gracias a la energía eléctrica. Su maleta se abre sola y el contenido de camisas y pañuelos va colocándose en el interior de cajones que se abren y cierran como por arte de magia. Un cepillo lustra del mismo modo las botas.
Laura es peinada por un cepillo que funciona sin que nadie lo maneje y su esposo es enjabonado y afeitado por utensilios con aparente vida propia. Pero el encargado de la maquinaria eléctrica se emborracha y comienza a conectar y desconectar mandos, lo que provocará la anarquía en el funcionamiento de todos los artefactos del hotel.
Entre los estudiosos, existió una cierta controversia alrededor de El hotel eléctrico. Mientras que Carlos Fernández Cuenca la fechaba en el año 1905, Juan Gabriel Tharrats confirmó fehacientemente que la película fue producida en 1908 por la Pathé. Esto último acreditó que Chomón se había inspirado en El hotel embrujado (1906) del británico Stuart Blackton.
Proceda de donde proceda la fuente de producción de la cinta –Macaya y Marro o Pathé–, lo único probado es que El hotel eléctrico nace gracias a la imaginación y habilidad técnica de este español universal, y por tanto debe figurar con todos los honores entre las más importantes películas de nuestra cinematografía, bien escasa de argumentos fantacientíficos.
Entre las películas debidas a Chomón menudean fantasías al estilo Méliès, como El rey de la cabeza elástica, Visita a Júpiter, Viaje al fondo de la Tierra, Nuevo viaje a la Luna y Viaje a Marte, todas ellas realizadas en 1908.
¿Por qué Chomón se sintió atraído por el tema del automatismo y la electricidad?
Hagamos memoria: Georges Méliès rueda en 1897 Gugusse et l'Automate, una película actualmente perdida en la que aparecía el primer robot –femenino por más señas– de la historia del cine.
De ahí en adelante, la definitiva popularización de la energía eléctrica originó una moda de películas en las que la electricidad era la protagonista.
Así, en Gran Bretaña Cecil Hopworth dirige The Electricity Cure, primera de una serie cuyos títulos son suficientemente expresivos: The Electrical Goose (1905), The Electric Hotel (1906), The Electric Belt (1907), Liquid Electricity (1907), The Electric Servant (1909) y The Electric Vitaliser (1910).
Como ven, el asunto casi da para formar un subgénero con todas las de la ley.
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