Inaugura la década de los sesenta un largometraje singular que revisa el lado oscuro de la infancia.
El pueblo de los malditos (The Village of the Damned, 1960), de Wolf Rilla es la versión de un estupendo texto de John Wyndham titulado The Midwich Cuckoos.
En las primeras secuencias de la película, asistimos a un hecho insólito: la totalidad de los habitantes de Midwich, un pequeño pueblo inglés, pierde temporalmente el conocimiento.
Cuando despiertan, descubren que las mujeres fértiles de la localidad están inexplicablemente embarazadas.
Los niños que nacen nueve meses después exhiben poderes telepáticos y una infrecuente inteligencia. En realidad, los pequeños son la vanguardia de una invasión extraterrestre.
La sórdida historia de los niños de Midwich propone un complejo descenso a los infiernos. Que los padres de esos extraños pequeños deseen su muerte, que el progenitor de uno de ellos –George Sanders– planee su autoinmolación para acabar con ellos, que los infantes no duden en vengar cualquier agresión con una suerte de asesinato telepático, son sólo algunas de las notas que componen la siniestra melodía que da comienzo en ese tranquilo pueblo de la campiña inglesa –sueños de tranquilidad– el día en que los extraterrestres deciden fecundar a las mujeres fértiles, con el consiguiente horror de maridos fieles y padres de hijas solteras.
Hablamos de una pesadilla en blanco y negro que rastrea meticulosamente las posibilidades de unir la intrínseca crueldad de los niños de Midwich con el intelecto de alienígenas superiores. La proyección de todos los miedos propios de la paternidad en la psique de esos seres de apariencia angelical tiene un resultado concreto: si ante el castigo algunos niños desean la muerte de sus mayores, los niños de Midwich matan a sus mayores. Algunos padres, como la esposa de Gordon Zellaby (Sanders), optan inicialmente por rodear de cariño a sus retoños, pero cuando descubren que su afecto no es correspondido, no titubean al planear un infanticidio.
El pueblo de los malditos no sólo contiene un recital de estupendas interpretaciones –del malogrado Sanders, a la altura de títulos tan memorables de su filmografía como Rebeca o El retrato de Dorian Gray; de Barbara Shelley, todavía en el recuerdo por su papel en Drácula, Príncipe de la Tinieblas; o de Michael Gwynn, tan admirado por The Revenge of Frankenstein–, es también un modelo de contención y elegancia fílmica que marca un hito en la historia del cine fantástico inglés.
Director: Wolf Rilla
Producción: Ronald Kinnoch
Guión: Stirling Silliphant, Wolf Rilla, Ronald Kinnoch, John Wyndham (novela)
Reparto: George Sanders, Barbara Shelley, Martin Stephens, Michael Gwynn
Música: Ron Goodwin
Fotografía: Geoffrey Faithfull
Montaje: Gordon Hales
Distribución: Metro-Goldwyn-Mayer
Fecha de estreno: 10 de junio de 1960
Duración: 77 minutos
País productor: Inglaterra
Idioma: Inglés
Secuela: Children of the Damned
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