CAPÍTULO I
Para el lector atento, Alonso Quijano es un desgastado señor de unos cincuenta años, más bien seco en carnes, con su cabello entrecano, la nariz aguileña y los bigotes rotundos, negros y caídos. Alguien que, por ejemplo, nos recuerda a Juan Luis Galiardo en El caballero don Quijote (2002), de Manuel Gutiérrez Aragón. Y es que, por esta vez, el Ingenioso Hidalgo recupera la memoria de certeras ilustraciones como las dibujadas por José del Castillo (1780) y Raimundo de Madrazo (1859).
La fórmula de El caballero don Quijote, curiosamente, se distancia de una entrega previa de Gutiérrez Aragón, la teleserie El Quijote (1991), muy fiel al Quijote visto por Gustavo Doré (1863).
El cineasta español, consciente del modelo iconográfico que el público espera, creyó entonces necesario un compromiso para no desmentir la imagen consagrada popularmente. Con ese propósito, la mayoría de los episodios de la citada versión del Quijote «están hechos desde la perspectiva de la gente que no lo ha leído.
Todo el mundo lo conoce, pero nadie lo ha leído. He partido de la idea que la gente tiene en la cabeza debido a las películas y estampas que ha visto».
Citemos un caso destacado: el 7 de mayo de 1947 comienza en los estudios Sevilla Film, de Madrid, el rodaje de Don Quijote de la Mancha, una producción de Cifesa dirigida por Rafael Gil. Los trabajos de filmación se prolongan hasta el 11 de octubre. Según los datos reunidos por Carlos Fernández Cuenca, la película requiere 38 decorados de interiores y veinte localizaciones exteriores.
Esta producción, formidable en sus dimensiones, se estrena en Madrid, en el cine Rialto, el 2 de abril de 1948. El equipo técnico y artístico involucra a los profesionales más prestigiosos del cine español. El guión es obra del propio Rafael Gil, basado en una síntesis literaria de Antonio Abad.
Junto al director de fotografía, Alfredo Fraile, cabe destacar al músico Ernesto Halffter, al montador Juan Serra y al equipo de decoradores, encabezado por Enrique Alarcón y Enrique Bronchalo.
El reparto, excepcional por su categoría, incluye a muchos de los principales intérpretes del momento: Rafael Rivelles (don Quijote), Juan Calvo (Sancho Panza), Fernando Rey (Sansón Carrasco), Manolo Morán (Barbero), Sara Montiel (Antonia), Juan Espantaleón (Cura), María Asquerino (Luscinda), Carmen de Lucio, Guillermina Grin (Duquesa), Eduardo Fajardo (don Fernando), Julia Lajos, Félix Fernández, Julia Caba Alba (Dueña), Guillermo Marín (Duque), José María Seoane (Cardenio), Matilde Conesa, Ángel de Andrés, Rafael Durán, Alfredo Fraile, Mari Fuentes, Enrique Herreros, Milagros Leal, Cándida Losada, Francisco Rabal, Antonio Riquelme y Conrado San Martín.
En 1939 el erudito Carlos Fernández Cuenca, pionero de la crítica cinematográfica en España, filma al primer Quijote sonoro del cine hispano: Leyenda rota. El argumento, debido a Manuel Abril, involucra en la misma aventura humorística a varios de los principales arquetipos nacionales. A saber: Quijote y Sancho, don Juan Tenorio, Carmen la Cigarrera, el Caballero del Verde Gabán y una congregación de Caballeros de la Mano en el Pecho.
Al decir del propio Fernández Cuenca, el Ingenioso Hidalgo de su cinta no pretendía, en modo alguno, «reflejar con pulcritud al héroe cervantino, sino colaborar en una sátira del falso costumbrismo, merced a la carnavalada que un joven caballero andaluz organiza para embromar a un grupo de extranjeros que a pies juntillas cree en la España de pandereta».
Por las mismas fechas, Enrique del Campo rueda en coproducción con México El huésped del sevillano.
En 1940 Walt Disney baraja entre sus nuevos proyectos un Quijote realizado mediante dibujos animados. El plan de preproducción recae en Bob Carr. Citando a Charles Solomon, el especialista Emilio de la Rosa da cuenta de este objetivo frustrado y añade otros dos intentos del propio Disney, empeñado en adaptar al cine la novela de Cervantes.
El primero lleva por fecha 1946: a las órdenes de Jesse Marsh, los dibujantes de su compañía están a punto de convertir en cortometraje el poema sinfónico Don Quijote, de Richard Strauss.
En este caso, el formato elegido es el mismo de la película Fantasía, es decir, música clásica y criaturas animadas. El segundo y último se frustra en 1951: Sol Steinberg y Otto Soglow están a punto de poner en marcha este Quijote disneynano, y por desgracia, el asunto no llega a materializarse.
Cinco años después, José Luis Sáenz de Heredia incluye a don Quijote en una de nuestras mejores películas de fantasía, El destino se disculpa. En varias de las secuencias, el personaje interpretado por Fernando Fernán-Gómez regresa de ultratumba para aleccionar a su antiguo camarada, Rafael Durán.
A buen seguro, uno de los momentos más logrados del filme es aquél en que dicho fantasma se encarna en una estatuilla del Quijote.
El 23 de noviembre de 1945 se estrena en Barcelona Garbancito de la Mancha, dirigida por Arturo Moreno y producida por Ramón Balet y José María Blay. La dirección técnica corre a cargo de José María Arola y Jaime Parera, y los directores de animación son Armando Tosquellas y José María Carnicero.
El referente quijotesco que expresa el título se trueca, al decir de Luis Fernández Colorado, «tanto en metafórico validador intelectual de la bondad de las acciones acometidas por el ejemplar niño Garbancito como en percha de irrefutable prestigio literario sobre la que se cuelga un esquema narrativo vagamente próximo: tan deudor es el largometraje de la ilustre novela cervantina (ni en situaciones personajes o ambientes se entronca el uno con la otra) como en la tradición clásica grecolatina, la fábula española neoclásica o el relato infantil del siglo XIX».
A decir verdad, cualquier adaptación de la novela cervantina pasa por este primer trance: la encarnación de la pareja principal. Carlos Fernández Cuenca, preocupado por este detalle, cree que tal es el riesgo que surge en toda transposición cinematográfica del libro: «Encarnación física y comprensión espiritual; el menor fallo en una u otra dará al traste con el intento».
Otro estudioso, Blas Matamoro, pone en diálogo los Quijotes interpretados por Feodor Chaliapin y Nikolai Cherkasov, Rafael Rivelles y Fernando Rey. Todos ellos, según cree, se parecen al Quijote de Doré y al de las tapicerías francesas de Charles-Antoine Coypel. Es el único visible, a su modo de ver, «enjuto, tieso y de ojos desorbitados». En contraste, «el de Cervantes no se ve y deambula por una ambigüedad que el cine difícilmente puede lograr».
En 1965 Maurice Chateau comienza un ambicioso proyecto televisivo, Sancho Panza dans son île. Alejandro Casona firma la adaptación teatral y encabezan el reparto el cómico Rellys, Michel Beaune, Jean-Marie Robain, Yves Gasc, Claude Jenner, Jean-Marie Richier, Georges Adet y Bernard Garnier.
Una vez lanzado este envite cervantino, Jacques Bourdon y Louis Grospierra también elaboran su Don Quijote para la televisión. Para capitalizar el proyecto, colaboran productores de Francia, España y Alemania.
El guión se debe a Carlo Rim, quien asimismo dirige la obra, y el equipo interpretativo incluye a Josef Meinrad, María José Alfonso, Fernando Rey, Roger Carel, Trini Montero, José María Labernié, José Rubio, Pilar Gómez Ferrer y José María Caffarel.
El material rodado se divide en trece episodios de veintiséis minutos de duración. Para su exhibición en España, la serie queda dividida en dos largometrajes, Don Quijote y Dulcinea del Toboso, que nunca llegan a estrenarse comercialmente.
El finlandés Mikko Niskanen filma ese mismo año el cortometraje Don Quijote jätkäsaaresa.
Dentro de la teleserie cultural En profil dans le texte y a partir de un estudio de Maurice Chérer, Eric Rohmer elabora el capítulo titulado Don Quichotte de Cervantes.
Lejos de esta reflexión intelectual se sitúa el bailarín Luisillo, que protagoniza el espectáculo televisivo Aventuras de don Quijote, emitido en España el 4 de febrero. La música es del maestro Moreno Torroba y la realización corre a cargo de Gabriel Ibáñez.
El 13 de octubre de 1965, Televisión Española programa en el espacio Estudio 1 la obra teatral Una tal Dulcinea, de Alfonso Paso. El responsable de la dirección y realización es Gustavo Pérez Puig.
Dos años más tarde, Claudio Guerín Hill es el autor de un breve filme, La Mancha. El proyecto cuenta con las voces de Luisa Sala y Simón Ramírez, y con el comentario del escritor Antonio Gala. Los actores Ricardo Merino (don Quijote), José Sepúlveda (Sancho) y Javier Loyola (Cervantes) guían la trama de la emisión dramática Biografía de Cervantes.
En este programa, escrito por Carlos Muñiz y realizado por Pedro Amalio López, son los personajes de ficción quienes relatan la auténtica vida de su creador. Por las mismas fechas, Televisión Española emite El Quijote de Cervantes, un episodio de la serie Libros que hay que tener dirigido por José Antonio Páramo y escrito por el novelista Francisco García Pavón.
La identidad romántica del autor del Quijote queda definida en el largometraje Cervantes (1965) de Vincent Sherman, producido entre España, Italia y Francia. El guión se debe a Enrique Llovet, David Karp y Enrico Bomba, quienes parten para su labor de la novela homónima de Bruno Frank.
En 1968 Rafael Ballarín completa su cortometraje Don Quijote de La Mancha; y Ramón Masats da a conocer su documental, La Mancha de Cervantes. En el terreno de la ficción, destaca el vodevil Un diablo bajo la almohada, rodado por José María Forqué a partir de la historia de El curioso impertinente. La breve película de animación Sluchayat Don Kihot, obra del búlgaro Stoyan Dukov, enlaza el Quijote y la estética vanguardista.
Como vemos en todas estas creaciones, la cámara da lugar a un comercio directo con la pintura y el grabado. Recuperar viejas estampas en la pantalla es grato para el espectador: sobre todo para aquel que goza con los tableux vivants y otros alardes de museo de cera.
De ahí que Doré y otros ilustradores intercambiables con él ocupen la carpeta de los escenógrafos. No en vano, la gran lección del citado dibujante francés queda resumida en este recurso figurativo: mientras que don Quijote es un viejo exaltado, melancólico y desconcertante, la mímesis realista del orondo y previsible Sancho permite encuadrar las acciones del relato dentro del naturalismo costumbrista.
Cronología (primera parte)
1898
Don Quijote ingresa en la memoria cinematográfica de la mano de una compañía francesa, Gaumont, que plasma algunas vistas de la novela en veinte metros de celuloide.
1902
Ferdinand Zecca, curtido en el mundo ferial, compone junto a Lucien Nonguet un ambicioso espectáculo que titula Les aventures de Don Quichotte de la Manche. En opinión de los historiadores, este es el primer filme de ficción que cumple a rajatabla con los rigores narrativos del cinematógrafo.
1905
Alcalá de Henares se convierte en espectáculo fílmico gracias a las tomas que capta el camarógrafo Morlán en su Centenario del Quijote.
1908
Con picardía y tono burlesco, el británico Lewin Fitzhamon hace un retrato de nuestro hidalgo en Don Quixote’s Dream. Casi al mismo tiempo, Louis Feulliade, reputado como maestro del folletín cinematográfico, se concentra en la aventura de los molinos de viento y recoge el lance en su Don Quichotte. Otro pionero admirable del cine francés, Georges Méliès, presenta el filme Aventures de Don Quichotte.
Don Narciso Cuyás también aborda la trama quijotesca en tres títulos, El ingenioso hidalgo don Quijote de la Mancha, El curioso impertinente y Amor heroico.
Los filmes de Cuyás se han perdido, y mientras no surjan nuevas evidencias, es imposible saber si El curioso impertinente y Don Quijote son dos películas distintas o, en realidad, son dos rótulos de la misma obra.
1909
La firma Gaumont recurre de nuevo al escenario cervantino en Don Quichotte, del animador Émile Cohl. Otra obra de Cohl, Moderne École, incluye asimismo al hidalgo en su trama. Ambas producciones coinciden en el tiempo con un lanzamiento norteamericano, Don Quixote, de la compañía Powers.
1911
El cinema italiano presenta dos películas dedicadas al Caballero de la Triste Figura: Don Chisciotte y La parodia de don Chisciotte.
1913
En Francia se estrena la película Don Quichotte, realizada y escrita por Camille de Morlhon. Para personificar al protagonista, Morlhon escoge al veterano Claude Garry. Completan el reparto Léontine Massart, Henri Étiévant Jeanne Grumbach y Madeleine Guitty.
1915
Don Quixote, de Edward Dillon, es la primera producción norteamericana que traduce al celuloide el relato cervantino. Con una duración de cincuenta minutos, este filme se beneficia de un magnífico trabajo escenográfico y de una buena labor actoral.
Un galán curtido en los circuitos del vodevil, el quijotesco De Wolf Hopper Sr., acometió esta labor interpretativa acompañado por Fay Tincher (Dulcinea), Max Davidson (Sancho Panza), Rhea Mitchell (Luscinda) y Chester Withey (don Fernando).
1916
El cineasta italiano Amleto Palermi presenta Il sogno di don Chisciotte, rodada poco tiempo antes. En la película se satirizan por medio de alegorías ciertos acontecimientos de la Gran Guerra.
Aunque en su trama nada hay de cervantino, consignamos el estreno de la película italiana Don Chisciotte in Frack.
1918
Vuelve el Ingenioso Hidalgo al cine italiano por medio de una obra menor, Mademoiselle Don Quichotte, de Aldo Molinari. Poco o casi nada queda de la obra de Cervantes en el personaje principal, interpretado por la gentil Vania Krasinsky.
Vicente Blasco Ibáñez completa un guión de doscientas páginas en el que resume la esencia de la novela. Nunca llegará a rodarlo.
1923
Maurice Elvey dirige Don Quixote, a partir de un libreto vodevilesco, original de Sinclair Hill. Encabezan el elenco artístico Jerrold Robertshaw, en el rol del Ingenioso Hidalgo, y George Robey, que encarna a su fiel escudero. La joven actriz Minna Leslie da vida a Dulcinea.
Estrenada este mismo año, Don Quickshot of the Rio Grande es una producción de la Universal que dota de matices quijotescos al vaquero protagonista, Jack Hoxie.
1926
El danés Lau Lauritzen rueda en España su Don Quixote. Acompañado por el dúo protagonista, Carl Schenstrøm y Harald Madsen, Lauritzen sitúa su centro logístico en la capital. Domingo y Enrique Blanco, propietarios de los estudios y laboratorios Madrid Film, ayudan a Lauritzen en su proyecto, revelando y positivando todo el material filmado.
El talentoso Ignacio Caro ocupa el puesto de ayudante de dirección, coordinando un rodaje que se realiza en Sevilla, Toledo, Granada, Ávila y distintos rincones manchegos.
1928
Ricardo Marín pretende rodar el largometraje Dorotea o la princesa Micomicona. Para su desgracia, el minucioso plan de rodaje no conduce a buen puerto. Hoy sólo podemos soñar con lo que hubiera podido ser el prometedor capricho de Marín.
1930
Aquiles Tartari se propone rodar Dom Quixote con capital de la firma brasileña Sul América Filme.
1932
Georg-Wilhelm Pabst comienza el rodaje de Don Quichotte en los estudios Braumberger-Richebé, de Billancourt, y en Niza.
Filmada con diverso reparto en tres versiones idiomáticas (inglesa, alemana y francesa), la película se beneficia del magnífico guión que firman Alexandre Arnoux, Paul Morand y el propio Pabst. Encabezan el equipo artístico Feodor Chaliapin Sr., Mady Berry, Dorville, René Donnio y George Robey. La audiencia disfruta de este trabajo cuando, un año después, la cinta llega a las salas de proyección de todo el mundo.
1934
Los símbolos cervantinos abundan en el documental La ruta de don Quijote, de Ramón Biadiu. En contraste con este riguroso mediometraje, Don Quixote, de Ub Iwerks, busca el desfogue humorístico y lo plasma en dibujos animados.
Copyright © Guzmán Urrero Peña. Esta es una versión expandida de un artículo que escribí en el Centro Virtual Cervantes (www.cvc.cervantes.es), portal en la red creado y mantenido por el Instituto Cervantes para contribuir a la difusión de la lengua española y las culturas hispánicas. Reservados todos los derechos.
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