
Supimos que aquel pirata era inmortal en el mismo momento en que lo conocimos: subido al palo mayor, sable en mano y sonriendo en Technicolor.
Si hay una película que ha de figurar entre los clásicos del cine de piratas, ésa es la que hoy nos ocupa.
Pese a su desbordante entusiasmo y a su tono alegre y desenfadado, El temible burlón es un título realizado por Robert Siodmak en una etapa crítica de su vida, previa a su retorno a Alemania, donde iba a explorar las bárbaras secuelas del nazismo y los efectos de una guerra devastadora.
Burt Lancaster encargó a Siodmak, director con el que había trabajado años antes en Forajidos, este proyecto con el cual pretendía renovar el éxito obtenido por El halcón y la flecha (1950), de Jacques Tourneur, en la que el actor había compuesto un personaje heroico, lleno de simpatía y capaz de las más notables acrobacias.
La producción resultante, El temible burlón, viene a ser un homenaje a las películas de piratas protagonizadas por actores como Douglas Fairbanks.
El magnífico reparto lo integran Burt Lancaster, Nick Cravat, Eva Bartok, Torin Thatcher, James Hayter, Leslie Bradley y un joven Christopher Lee.
De qué trata
El pirata Vallo (Burt Lancaster) y su inseparable compañero Ojo (Nick Cravat) lideran una tripulación pirata capaz de las hazañas más inauditas.
Su última peripecia les ha llevado al abordaje de un galeón español, armado con treinta cañones. Decididos a vender la artillería a un grupo rebelde que se ha alzado en armas contra el rey de España, Vallo y Ojo llegan a una población costera dominada cruelmente por el Barón Gruda y sus tropas.
Vallo intenta ponerse en contacto con el jefe rebelde, llamado “El Libre”, pero su empeño se complica, y los hombres del gobernador toman la iniciativa, sofocando la revuelta.
Los hombres de Vallo, cegados por la ambición, también se amotinan contra su jefe, y la aventura parece tomar un camino siniestro. Finalmente, la ayuda de la hermosa Consuelo (Eva Bartok) y de un divertido inventor, Prudence, permiten a Vallo idear un osado plan...
Un guión excepcional
Con cierta extravagancia visual, el filme narra con extraordinario dinamismo una aventura que por momentos deriva hacia la comedia de enredo.
Ello se debe en buena medida al guión de Roland Kibbee, lleno de frescura, bien dialogado y adornado por constantes golpes de humor.
Un festival de talento
En la misma línea, la fotografía de Otto Heller y la música de William Alwyn destacaban ese espíritu luminoso y optimista, en un constante juego con los tópicos del género que aún conserva su vigencia.
Piratas de buen corazón
A diferencia de lo que sucede en otras películas acerca de la piratería, no hay en El temible burlón una exaltación de la utopía ni se destaca el código de honor de los bucaneros. Por el contrario, sus protagonistas cumplen a la perfección con el modelo del rufián aventurero, ávido de riquezas... pero también sentimental.
Copyright © Guzmán Urrero. Reservados todos los derechos. Este artículo contiene citas de otros estudios que publiqué previamente en la revista Todo Pantallas, en la Enciclopedia Universal de Micronet, y en el libro La cultura de la imagen (Fragua, 2006).
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