
Peter Biskind y otros analistas del Nuevo Hollywood han descrito la escena: Lucas y Spielberg reposan en Hawai, poco antes de que se estrene La guerra de las galaxias. Con la mirada fija en la línea del horizonte, charlan acerca de la literatura pulp, las películas de episodios e incluso las cintas de James Bond.
"Cuando era niño –señala George Lucas–, me encantaba ir a ver las sesiones de las tardes de sábado del cine local: Flash Gordon, Buck Rogers, Don Winslow de la Marina, Tim Tyler's Luck, El Zorro y tantos otros que tenían mucha acción y escenas de suspense. (...) Mientras me encontraba escribiendo el primer borrador de lo que luego se convertiría en Star Wars, volví a ver muchos de esos cortos de los años treinta y cuarenta; en unos cuantos de ellos, el héroe intentaba localizar un ídolo perdido o una tumba escondida. Entonces me di cuenta de que también podría funcionar otro tipo de personaje: un intrépido arqueólogo / aventurero / profesor / playboy / saqueador de tumbas, un experto en ocultismo equipado con un látigo y una pistola, y apunté un nombre que pensé que era bastante bueno: Indiana Smith. Años después de eso, un buen amigo mío firmó con la productora como director: Steven Spielberg. (...) Me convenció de que cambiara el apellido de Smith por Jones, y propuso a Harrison Ford como la encarnación perfecta de nuestro hombre" (Indiana Jones: Historia de una saga, Norma Editorial, 2008).
En este substancial y variado diálogo, adquiere forma el personaje de un nuevo proyecto. De acuerdo con los intereses de sus creadores, Indy viene a ser un collage. Tiene algo de Harry Steele, el cazatesoros interpretado por Charlton Heston en El secreto de los incas (The Secret of the Incas, 1954), la inolvidable cinta de aventuras de Jerry Hopper.
También posee ingredientes de una serie de novelas pulp: las protagonizadas por Doc Savage, un héroe nacido de la imaginación literaria de Lester Dent, quien le dedicó 181 entregas bajo el seudónimo de Kenneth Robeson.
Es probable que tanto Spielberg como Lucas leyesen alguna reimpresión de las aventuras de Doc Savage, editadas originalmente entre 1933 y 1949.
Obviamente, Jones no se parece a Savage –éste último es un superhombre intachable e Indy puede llegar a ser una calamidad–, pero sus lances tienen elementos comunes. A saber: la lucha contra realidades malignas que pueden adquirir dimensiones sobrenaturales, descubrimientos prodigiosos, secundarios carismáticos que apoyan al héroe y villanos aristocráticos que intentan eliminarlo, peligros arrolladores que siempre se conjuran en el último instante… En definitiva, todo eso que también es propio de los seriales de la Republic y de los folletines clásicos, incluido el cliffhanger de rigor.
Para no especular en exceso en torno a la vida académica de Jones, sus creadores hallaron inspiración en un famoso historiador y profesor de la Universidad de Yale, Hiram Bingham III, descubridor de la ciudad perdida de Machu Picchu, autor del libro The Lost City of the Incas (1948) y responsable de un expolio arqueológico que aún se comenta en Perú.
Otro personaje en el que encontraron rasgos de la personalidad de Jones fue el explorador Percy Fawcett, desaparecido en el Amazonas en 1925.
El vínculo del doctor Jones con la historieta viene dado por el diseñador del personaje: el dibujante Jim Steranko. Severamente vigilado por George Lucas, Steranko decidió que al arqueólogo le iría bien lucir una cazadora de piloto, cartucheras y un sombrero fedora como el Harry Steele. Ni que decir tiene que el látigo es un souvenir de El Zorro, de acuerdo con la interpretación que Douglas Fairbanks hizo del enmascarado.
El guión fue elaborado por Lawrence Kasdan. Previamente, a lo largo de cuatro días, Spielberg, Lucas y él resolvieron los principales giros de la acción, que poco después sería filtrada por los objetivos de ese magistral director de fotografía que ha sido Douglas Slocombe.
Kathy Kennedy y Frank Marshall se ocuparon de la producción.
Posteriormente, el equipo, encabezado por Harrison Ford, Karen Allen, Paul Freeman, John Rhys-Davies y Denholm Elliott, viajó a las principales localizaciones donde se llevó a término el rodaje: los estudios Elstree de Londres, La Rochelle,
Tozeur (Túnez), Hawái y California.
Los efectos visuales de la compañía ILM y la partitura de John Williams completaron el efecto, y fue así como En busca del Arca Perdida pasó a formar parte, con todos los honores, de la mitología más ilustre del cine contemporáneo.
Copyright del artículo © Guzmán Urrero. Reservados todos los derechos.
Copyright de las imágenes © Lucasfilm Ltd., Paramount Pictures. Reservados todos los derechos.
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