La fiebre galáctica puesta en marcha a mediados de los setenta tuvo efectos tan peregrinos como el resurgimiento de las investigaciones ufológicas.
Dichas investigaciones, no siempre lo rigurosas que sería de desear, fueron encauzadas por cientos de aficionados vigilando las estrellas, esperando quizá ser testigos de un aterrizaje, o, llegado el caso, comprobar de qué color son los alienígenas.
El cénit de semejante moda fue alcanzado el 1 de abril de 1977, cuando el canal británico ITV emitió un supuesto documental que, bajo el título Alternativa 3, argumentaba una supuesta conspiración secreta entre las dos superpotencias cuyo fruto más espectacular sería una base en el planeta Marte, punto de fuga de la elite planetaria en caso de catástrofe ecológica.
Pese al sensacionalismo implícito en el asunto, algunos científicos rigurosos desarrollaron sus pesquisas al margen de creencias y planteamientos tan populares como improbables.
Uno de estos científicos era el desaparecido astrofísico francés Jacques Vallée, autor de libros de enorme éxito como Pasaporte para Magonia y Dimensiones.
Emigrado durante los años sesenta a los Estados Unidos, Vallée colaboró con el Departamento de Defensa como investigador. Viajero impenitente, el ufólogo visitó todos los rincones del mundo en busca de testigos, llevado por una certeza que, paradójicamente, le condujo en sus últimos años a una conclusión más cercana a las tesis del psicoanalista Carl Gustav Jüng que a las popularizadas por el cine.
A este respecto, en el transcurso de una entrevista realizada por Manuel Figueroa, señalaba que “el fenómeno ufológico se adapta a los imperativos culturales y a la imaginación de todos los tiempos. Pienso que juega un papel fundamental en la evolución de nuestras religiones”.
Tras haber leído el libro de J. Allen Hynek The UFO Experience: A Scientific Study (1972), el cineasta Steven Spielberg, apasionado buscador de ovnis desde su más tierna infancia, hizo amistad con Vallée e inmediatamente pensó en realizar un guión sobre las investigaciones de este último.
Unas palabras de Vallée recogidas en la mencionada entrevista dan la clave del argumento que inspiró al joven director: “No estoy dispuesto a afirmar que el Gobierno norteamericano tenga cadáveres de extraterrestres en sus refrigeradores. Sin embargo, creo que existe un proyecto de investigaciones secretas desde hace muchos años”.
Conociendo estos antecedentes, no resulta difícil imaginar de qué hablaron Steven Spielberg y George Lucas –amigos desde 1967, cuando Spielberg todavía jugaba a fingirse ejecutivo de la Universal para introducirse en los rodajes– durante los días que juntos pasaron en Hawai durante el mes de mayo de 1977.
Mientras Lucas se mostraba aún preocupado por la acogida que el público dispensaría a La guerra de las galaxias y soñaba con un héroe llamado Indiana Jones, Spielberg ultimaba este proyecto, finalmente titulado Encuentros en la Tercera Fase.
Cómo se hizo
Los avatares de este guión son casi tan apasionantes como la propia película. El primer borrador sobre Vallée y los OVNIs se remonta al año en que Spielberg trabajó fuera de contrato con la Columbia.
Spielberg escribió por aquel entonces este texto, Experiences, que transformaría meses antes de comenzar el rodaje de Tiburón (Jaws, 1975) en un proyecto de guión titulado Watch the Skies.
El rodaje de las andanzas del gran escualo interrumpió no sólo su escritura, sino la posibilidad –planteada por el presidente de la Columbia, David Begelman– de que Spielberg cobrase alrededor de dos millones y medio de dólares en concepto de adelanto.
Tras conseguir su consolidación profesional y el pánico de los bañistas de medio mundo, Spielberg volvió a soñar con extraterrestres y contó su idea a los productores de El golpe y Taxi Driver, Julia y Michael Philips, quienes encargaron a Paul Schrader que diese forma al argumento en cuestión.
El resultado, entre la ansiedad vital y el misticismo religioso, desagradó a Spielberg casi tanto como el trabajo de los siguientes guionistas contratados: Walter Hill y David Giler –fascinados ya por la idea de Alien–, John Saylor y –siempre según la versión de Schrader– el mismísimo John Milius.
Tal cadena de decepciones hizo que Spielberg resolviera escribir él mismo –junto a Jerry Belson– un guión en el que, a pesar de todo, subsistirán elementos de la religiosidad de Schrader.
No en vano, el director plantea el contacto con los alienígenas desde una perspectiva iniciática; los contactados tienen mucho de iluminados y los científicos mucho de visionarios y de chamanes.
Encuentros en la tercera fase se inicia con la búsqueda de un ufólogo francés, Lacombe, por los diversos lugares de la Tierra donde los extraterrestres dan muestras de su existencia.
Simultáneamente, determinados hombres y mujeres sienten una inexplicable llamada que les conduce a viajar a la Roca del Diablo en Wyoming, seguramente para contactar con esos extraterrestres que les han sorprendido desde sus naves en una carretera solitaria o arrebatado algún ser querido en medio de una vorágine de luces.
Pocos logran llegar a su meta, pero cuando lo hacen descubren que no son los únicos: también el gobierno ha instalado en secreto una base de encuentro con los extraterrestres.
Este apasionante largometraje es una buena ocasión para que Spielberg desvele los secretos de su particular Olimpo cinematográfico; desde la cita a Cecil B. De Mille en un televisor al empleo del disneyano tema musical When You Wish Upon a Star en la banda sonora, todo en la película respira cinefilia.
Si Spielberg contrata a Douglas Trumbull como jefe de efectos visuales no es sólo por su maestría técnica: el cineasta también guarda en la memoria el trabajo de Trumbull en 2001 a las órdenes de otro ídolo, Stanley Kubrick. Y en la misma tónica cinéfila, el sabio protagonista –trasunto a partes iguales de Hynek y Jacques Vallée– está interpretado por un hombre de quien Spielberg es un rendido admirador, François Truffaut, quien vivirá con simpatía esta nueva experiencia.
“Éramos un equipo de 25 personas procedentes de Los Angeles –contó Truffaut a propósito de Encuentros...–. En el plató veía a veces a Spielberg sacarse del bolsillo un papel arrugado y filmar un plano que no estaba previsto y que se le había ocurrido en el coche que le transportaba”.
La partitura, candidata al Oscar de ese año, corrió a cargo de un compañero habitual de Spielberg y Lucas, John Williams, que ideó un código tonal de comunicación con los alienígenas a partir de una serie de notas de una composición de Zoltan Kodaly.
El director de diseño fue, como en Tiburón, el magistral Joe Alves.
Meses después de su estreno, Encuentros... fue enriquecida con nuevas secuencias. Ante las críticas suscitadas, Spielberg hizo toda una declaración de principios: “Los que disfrutaron con Encuentros... adoran esta nueva versión. Los demás no me interesan. Nunca miran hacia el cielo”.
Director: Steven Spielberg
Producción: Julia Phillips, Michael Phillips
Guión: Steven Spielberg
Reparto: Richard Dreyfuss, François Truffaut, Melinda Dillon, Teri Garr
Música: John Williams
Fotografía: Vilmos Zsigmond
Montaje: Michael Kahn
Distribución: Columbia Pictures
Fecha de estreno: 16 de noviembre de 1977
Duración: 137 minutos
País productor: Estados Unidos
Idioma: Inglés
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