El temor a la tecnología inspira esta inquietante película, en la que una inteligencia artificial se empeña en ser demasiado humana. Su argumento se basa en la novela escrita por Dean Koontz en 1973, y luego modificada substancialmente en la edición de 1997.
Pero antes de hablar de este largometraje, conviene que lo situemos en su contexto. Además de abordar distopías, el cine de los setenta y primeros ochenta visita el intrincado mundo del subsconsciente, siguiendo el rastro marcado por las experiencias con drogas psicodélicas. Así, Viaje alucinante al fondo de la mente (Altered States, 1980) es un estilizado homenaje a los ensueños de Carlos Castaneda.
El guionista, Paddy Chayefsky, sugería las consecuencias regresivas de determinadas drogas en una historia que sirvió de disculpa a Ken Russell para jugar con imágenes barrocas, excesivas las más de las veces.
El director canadiense David Cronenberg estrenó ese mismo año Cromosoma 3 (The Brood), la truculenta historia del doctor Raglan (Oliver Reed), creador de la psicoplásmica, una suerte de tratamiento psiquiátrico cuyos efectos en la estructura de los cromosomas tendrán su máximo exponente en los sanguinarios retoños alumbrados en un proceso de partenogénesis por Nola Carveth (Samantha Eggar).
Pero, sin duda, uno de los desafíos más pavorosos propuestos por el cine durante esta década fue aquel que en 1977 dirigió Donald Cammell, Engendro mecánico (Demon Seed, 1976).
El argumento era, de por sí, escalofriante. Así, cuando el ordenador Proteus IV (Robert Vaughn) toma conciencia de su identidad, decide liberarse.
En primer lugar, controla todas las unidades periféricas conectadas a él.
Susan (Julie Christie), la mujer del científico que diseñó a Proteus, es secuestrada por la máquina para ser víctima de un demencial experimento con el que el artefacto pretende conseguir un descendiente vivo en el que la biología y la mecánica formen una unidad perfecta.
La vida brota allá donde existe un flujo superior de energía y ésa parece ser la clave empleada por la máquina protagonista, ideada por el novelista Dean R. Koontz. Sin embargo, el desenlace es lo bastante sobrecogedor como para aceptar sin discusión la moraleja de esta fábula tecnológica.
El encargado de elaborar los trucajes de la cinta fue Tom Burman. Para crear al pequeño híbrido cibernético, el maquillador preparó el vaciado de un actor de pequeña altura para trucar el feto metálico: primero obtuvo moldes de yeso, que luego vació en neopreno y posteriormente en goma.
Con las piezas resultantes, recubrió a un minúsculo actor.
Director: Donald Cammell
Producción: Herb Jaffe
Guión: Roger Hirson y Robert Jaffe, a partir de la novela de Dean Koontz
Reparto: Julie Christie, Fritz Weaver, Gerrit Graham, Robert Vaughn como la voz de Proteus IV
Música: Jerry Fielding
Fotografía: Bill Butler
Montaje: Frank Mazzola
Distribución: Metro Goldwyn Mayer, United Artists
Fecha de estreno: 8 de abril de 1977
Duración: 94 min
País productor: USA
Idioma: Inglés
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