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Mar05222012

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King Kong (1933)

Índice de Artículos
King Kong (1933)
Los efectos especiales de King Kong
Sinopsis
Las secuelas de King Kong
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King_kongEste gorila gigantesco, ideado por el novelista Edgar Wallace y los cineastas Ernest B. Schoedsack y Merian C. Cooper, ha invadido el imaginario popular hasta convertirse en la versión más conocida del mito de la bella y la bestia.

En 1933 la productora RKO brindaba al público dos películas importantes por diferentes motivos. La primera es Deluge, un título fundamental en el subgénero de catástrofes a pesar de su tibia recreación de un terremoto que destruye la ciudad de Nueva York.

Basada en la novela de S. Fowler Wright, esta cinta carece de alicientes más allá de los trucajes de Ned Mann y de la aparente originalidad de su planteamiento. A diferencia de Deluge, la segunda producción que la RKO estrena durante ese año no sólo no ha envejecido sino que gana nuevos incondicionales entre las nuevas generaciones de aficionados a medida que pasa el tiempo.

Se trata, claro está, de King Kong, la obra maestra de Ernest B. Schoedsack y Merian C. Cooper cuyos trucajes, debidos al maestro Willis O'Brien, alcanzan la cumbre del stop-motion.

King Kong supuso la reunión de diversos talentos. Uno de ellos, naturalmente, fue el técnico en efectos especiales Willis O'Brien, tan importante en este caso como los otros dos artífices del proyecto: Merian Coldwell Cooper (1899-1973) y Ernest Beaumont Schoedsack (1893-1980).

La película renovó un esquema argumental frecuente en la fantasía científica: el amor entre el monstruo y la imagen arquetípica de la mujer. Con ecos de Los viajes de Gulliver, también abordaba el tema del gigantismo desde una perspectiva fascinante.

Los padres de Kong

Cooper nació en Jacksonville, Florida, en 1894. Ingresó en la Academia Naval de Annápolis en 1911, y salió de su graduación para ir a la Iª Guerra Mundial. Su pasaporte no le permitía marchar a Europa, por lo que se dedicó a perseguir revolucionarios en Méjico con la Guardia Nacional de Georgia.

Tras la declaración nacional de guerra de EEUU entró en el cuerpo aéreo y marchó a Francia. En 1918 es derribado en Alemania, y tras el armisticio se une al ejército polaco para resistir la invasión bolchevique de 1920.

Derribado en líneas rusas ese año, escapa de un campo de prisioneros, y en Kiev conoce a Schoedsack, que por entonces era un reportero que cubría las noticias del acontecimiento bélico.

Posteriormente, trabaja para el New York Times mientras estudia cartografía en la American Geographic Society, interesándose por los movimientos migratorios en Persia. Habla entonces con Schoedsack y Marguerite Harrison, otra periodista que conoció en Polonia.

De su colaboración surge Grass, que Lasky compra para la Paramount en 1925. Se suceden entonces los reportajes: Chang (1927), localizado en la jungla de Tailandia, Rango (1931), ambientado en la selva de Sumatra...

Cooper y Schoedsack obtienen merced a su prestigio la ocasión de dirigir una película: Las cuatro plumas (The Four Feathers, 1929), con David O'Selznick como productor asociado.

Viajaron para ello a Africa y vieron gorilas; Cooper se interesó por sus hábitos, y ya concibió a Kong subiendo al Empire State.

En 1931, David O'Selznick dejó la Paramount e ingresó en la RKO, llevando como asesor a Cooper. Selznick le ordenó entonces que saneara el asunto de Creation, que requería una excesiva inversión, por lo que, limpiamente, el proyecto fue anulado. Pero, gracias a ello, Cooper se fijó en las técnicas empleadas por O'Brien, y de su alianza surgió la idea de King Kong.

Cooper incorporó el recuerdo sus experiencias africanas y su deseo de filmar algo relacionado con los gorilas, y la imaginación de O'Brien hizo el resto, creando un concepto original basado en sus procesos de animación.

Para convencer a los ejecutivos inversores, se hizo un pase privado en Nueva York con un rollo de película de prueba, donde aparecía Kong luchando con otros animales mientras Fay Wray trataba de ocultarse asustada tras el ramaje de un árbol en el que se hallaba encaramada. Como era de esperar, todo el mundo quedó fascinado.

King-Kong-1933

Cómo se hizo King Kong

La literatura romántica, que se encargó de exaltar los paraísos perdidos, rehabilitó ese tipo de criaturas que los antropólogos denominan "razas plínicas", esto es, seres inexistentes, pero tan arraigados en el folclore de los pueblos que acaban siendo verosímiles.

Por otro lado, diversos folletinistas abordaron la posibilidad del gigantismo animal. Uno de ellos fue Arthur Conan Doyle quien, al escribir su novela El mundo perdido, renovó esa tradición de parajes misteriosos donde los dinosaurios aún no han desaparecido.

La adaptación al cinematógrafo de este libro, llevado a término por Harry Hoyt en 1925, está protagonizada por el profesor Challenger (Wallace Beery), un voluntarioso científico que dirige una expedición cuyo fin es explorar cierta meseta sudamericana en la que todavía sobreviven los grandes saurios.

Inspirados por el referido relato, Ernest B. Schoedsack y Merian C. Cooper llegaron a un acuerdo con la compañía RKO Radio Pictures y con el productor David O. Selznick para llevar a la pantalla un argumento de Cooper, convertido en guión por Edgar Wallace, James Creelman y Ruth Rose.

El libreto en cuestión, muy cercano a El mundo perdido, narraba la trágica historia de un gorila descomunal, llevado a una gran ciudad donde origina el caos.

Animado por el técnico de efectos especiales Willis O'Brien, el gran gorila se convirtió en una de las creaciones cinematográficas más portentosas del momento: una maqueta articulada que, merced al rodaje fotograma a fotograma, creaba la ilusión de movimiento.

La inversión fue de cuatrocientos treinta mil dólares, y se emplearon cincuenta y cinco semanas en el rodaje, que comenzó en la primavera de 1932 y concluyó en marzo de 1933, cuando se ofreció el montaje final en una premiére.

El guión fue encargado a Edgar Wallace, que murió de neumonía antes de haber firmado el argumento, y fue acabado por Ruth Rose, la mujer de Schoedsack y James Creelman.



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