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| King Kong (1933) |
| Los efectos especiales de King Kong |
| Sinopsis |
| Las secuelas de King Kong |
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Este gorila gigantesco, ideado por el novelista Edgar Wallace y los cineastas Ernest B. Schoedsack y Merian C. Cooper, ha invadido el imaginario popular hasta convertirse en la versión más conocida del mito de la bella y la bestia.
En 1933 la productora RKO brindaba al público dos películas importantes por diferentes motivos. La primera es Deluge, un título fundamental en el subgénero de catástrofes a pesar de su tibia recreación de un terremoto que destruye la ciudad de Nueva York.
Basada en la novela de S. Fowler Wright, esta cinta carece de alicientes más allá de los trucajes de Ned Mann y de la aparente originalidad de su planteamiento. A diferencia de Deluge, la segunda producción que la RKO estrena durante ese año no sólo no ha envejecido sino que gana nuevos incondicionales entre las nuevas generaciones de aficionados a medida que pasa el tiempo.
Se trata, claro está, de King Kong, la obra maestra de Ernest B. Schoedsack y Merian C. Cooper cuyos trucajes, debidos al maestro Willis O'Brien, alcanzan la cumbre del stop-motion.
King Kong supuso la reunión de diversos talentos. Uno de ellos, naturalmente, fue el técnico en efectos especiales Willis O'Brien, tan importante en este caso como los otros dos artífices del proyecto: Merian Coldwell Cooper (1899-1973) y Ernest Beaumont Schoedsack (1893-1980).
La película renovó un esquema argumental frecuente en la fantasía científica: el amor entre el monstruo y la imagen arquetípica de la mujer. Con ecos de Los viajes de Gulliver, también abordaba el tema del gigantismo desde una perspectiva fascinante.
Los padres de Kong
Cooper nació en Jacksonville, Florida, en 1894. Ingresó en la Academia Naval de Annápolis en 1911, y salió de su graduación para ir a la Iª Guerra Mundial. Su pasaporte no le permitía marchar a Europa, por lo que se dedicó a perseguir revolucionarios en Méjico con la Guardia Nacional de Georgia.
Tras la declaración nacional de guerra de EEUU entró en el cuerpo aéreo y marchó a Francia. En 1918 es derribado en Alemania, y tras el armisticio se une al ejército polaco para resistir la invasión bolchevique de 1920.
Derribado en líneas rusas ese año, escapa de un campo de prisioneros, y en Kiev conoce a Schoedsack, que por entonces era un reportero que cubría las noticias del acontecimiento bélico.
Posteriormente, trabaja para el New York Times mientras estudia cartografía en la American Geographic Society, interesándose por los movimientos migratorios en Persia. Habla entonces con Schoedsack y Marguerite Harrison, otra periodista que conoció en Polonia.
De su colaboración surge Grass, que Lasky compra para la Paramount en 1925. Se suceden entonces los reportajes: Chang (1927), localizado en la jungla de Tailandia, Rango (1931), ambientado en la selva de Sumatra...
Cooper y Schoedsack obtienen merced a su prestigio la ocasión de dirigir una película: Las cuatro plumas (The Four Feathers, 1929), con David O'Selznick como productor asociado.
Viajaron para ello a Africa y vieron gorilas; Cooper se interesó por sus hábitos, y ya concibió a Kong subiendo al Empire State.
En 1931, David O'Selznick dejó la Paramount e ingresó en la RKO, llevando como asesor a Cooper. Selznick le ordenó entonces que saneara el asunto de Creation, que requería una excesiva inversión, por lo que, limpiamente, el proyecto fue anulado. Pero, gracias a ello, Cooper se fijó en las técnicas empleadas por O'Brien, y de su alianza surgió la idea de King Kong.
Cooper incorporó el recuerdo sus experiencias africanas y su deseo de filmar algo relacionado con los gorilas, y la imaginación de O'Brien hizo el resto, creando un concepto original basado en sus procesos de animación.
Para convencer a los ejecutivos inversores, se hizo un pase privado en Nueva York con un rollo de película de prueba, donde aparecía Kong luchando con otros animales mientras Fay Wray trataba de ocultarse asustada tras el ramaje de un árbol en el que se hallaba encaramada. Como era de esperar, todo el mundo quedó fascinado.

Cómo se hizo King Kong
La literatura romántica, que se encargó de exaltar los paraísos perdidos, rehabilitó ese tipo de criaturas que los antropólogos denominan "razas plínicas", esto es, seres inexistentes, pero tan arraigados en el folclore de los pueblos que acaban siendo verosímiles.
Por otro lado, diversos folletinistas abordaron la posibilidad del gigantismo animal. Uno de ellos fue Arthur Conan Doyle quien, al escribir su novela El mundo perdido, renovó esa tradición de parajes misteriosos donde los dinosaurios aún no han desaparecido.
La adaptación al cinematógrafo de este libro, llevado a término por Harry Hoyt en 1925, está protagonizada por el profesor Challenger (Wallace Beery), un voluntarioso científico que dirige una expedición cuyo fin es explorar cierta meseta sudamericana en la que todavía sobreviven los grandes saurios.
Inspirados por el referido relato, Ernest B. Schoedsack y Merian C. Cooper llegaron a un acuerdo con la compañía RKO Radio Pictures y con el productor David O. Selznick para llevar a la pantalla un argumento de Cooper, convertido en guión por Edgar Wallace, James Creelman y Ruth Rose.
El libreto en cuestión, muy cercano a El mundo perdido, narraba la trágica historia de un gorila descomunal, llevado a una gran ciudad donde origina el caos.
Animado por el técnico de efectos especiales Willis O'Brien, el gran gorila se convirtió en una de las creaciones cinematográficas más portentosas del momento: una maqueta articulada que, merced al rodaje fotograma a fotograma, creaba la ilusión de movimiento.
La inversión fue de cuatrocientos treinta mil dólares, y se emplearon cincuenta y cinco semanas en el rodaje, que comenzó en la primavera de 1932 y concluyó en marzo de 1933, cuando se ofreció el montaje final en una premiére.
El guión fue encargado a Edgar Wallace, que murió de neumonía antes de haber firmado el argumento, y fue acabado por Ruth Rose, la mujer de Schoedsack y James Creelman.
Los efectos especiales de King Kong
Como ya sucediera en títulos anteriores de O'Brien, el procedimiento de animación empleado fue el de fotograma a fotograma, a un ritmo de veinticuatro imágenes por segundo.
Pese a aparentar en la pantalla unos quince metros de altura, King Kong era en realidad un muñeco completamente articulado de alrededor cuarenta y cinco centímetros de envergadura. Para simular sus desplazamientos se utilizó un tablero base con agujeros para que la criatura no perdiera el equilibrio.
El armazón del muñeco era de acero, con articulaciones que funcionaban por rodamientos a bolas. La carne del simio era en realidad de caucho, recubierto con piel de conejo.
Según Ray Harryhausen, que investigó todo lo referente al rodaje de esta película, el emplear la piel de conejo trajo problemas porque los dedos del animador dejaban en ella huellas que podía advertir el espectador.
La musculatura fue marcada con látex, lo que completó un acabado muy superior al de las demás bestias que aparecían en la película, cuya piel se realizó con una simple combinación de esponja y caucho.
Por otra parte, hubo que crear tres piezas a tamaño real: un pie, una mano y la cabeza –según algunos, también brazos y piernas–. La cabeza era una estructura cubierta con cuarenta pieles de oso que albergaba a cuatro especialistas en su interior. Tenía rasgos móviles, como las cejas o las niñas de los ojos, que, por cierto, medían unos veinte centímetros de diámetro. También eran móviles las mandíbulas, cuyo funcionamiento se basaba en motores y dispositivos de aire comprimido.
Aparte de la ocultación, hubo un efecto especial manejado de modo constante en la película: la retroproyección. La innovación en este campo fue que la pantalla translúcida empleada fue hecha de celulosa por Sidney Saunders, sustituyendo así las antiguas y frágiles pantallas de cristal.
En las tomas ambientadas en la jungla perdida se utilizaron láminas de vidrio pintadas como fondo para distribuir decorativamente maquetas de flora acabada en cobre, papel y laca.
En una de las escenas, el gorila gigante mueve un tronco que sirve de puente a los protagonistas, con riesgo de que estos caigan al abismo. Esta toma fue filmada mediante el movimiento manual del muñeco a través de una placa de vidrio pintada, delante de la que se colocaron plantas verdaderas. Después, en el laboratorio se sobreimpresionaron los planos de los personajes humanos.
La famosa secuencia de Fay Wray en lo alto del edificio Empire State –una maqueta de unos veinticinco centímetros–, fue rodada invirtiendo el sistema habitual de la transparencia: se proyectaron escenas de los actores sobre una pantalla que se había situado previamente sobre una maqueta de la ciudad de Nueva York.
En los planos del monstruo encaramado al edificio y luchando por su vida contra los aviones la sensación de profundidad fue lograda disponiendo un gran telón que recreaba el río Hudson y las afueras de la ciudad, delante del cual se situó otro más pequeño con una detallada pintura de la urbe, quedando delante de éste las maquetas y el muñeco del simio. Por último, los diminutos aviones biplanos que atacaban a Kong fueron movidos con alambres.
A pesar de su perfección, podemos encontrar pequeños fallos de perspectiva en King Kong que nos hablan del aún inexacto dominio de O'Brien sobre la animación fotograma a fotograma: en la mano de Kong todo tiene el mismo tamaño, lo mismo una persona que un coche o un vagón de tren.
Como anécdota, cabe añadir que los rugidos de Kong eran producto del laboratorio de sonido, donde se había mezclado en cuatro bandas el rugido de un tigre grabado hacia atrás lentamente, con la añadidura del aullido de un perro, aunque hay quien dice que tal sonido era la combinación del gruñido de un león y un tigre.
Sinopsis
La acción de King Kong se inicia en una isla al oeste de Sumatra, remoto lugar donde recala el buque que ha fletado el cineasta Carl Denham (Robert Armstrong).
Denham se siente atraído por una leyenda que habla de la fauna de la zona, única en el mundo, y pretende filmar una película sobre el asunto, en la que se mezclen el género documental con la acción dramática.
Lo acompañan en el empeño la hermosa Ann Darrow (Fay Wray), y el hombre que se ha enamorado de ella, el contramaestre Jack Driscoll (Bruce Cabot).
Los expedicionarios, al poco de desembarcar en la isla, interrumpen una cruel ceremonia de los nativos en la cual una doncella es presentada como ofrenda al dios de la espesura, King Kong, oculto tras una inmensa muralla de troncos.
Atraído por la belleza exótica de Ann, el hechicero, adornado con los colores de su tribu, decide que la ofrenda de la occidental ha de resultar forzosamente más propicia, así que resuelve su rapto durante la noche de ese mismo día.
De ese modo, sin que sus compañeros puedan impedirlo, Ann es secuestrada del barco y atada a un madero, más allá de la aldea.
Arrebatada por la enorme mano de King Kong, un gorila de más de catorce metros de altura, Ann desaparece en la jungla. No obstante, pese a lo brutal de su aspecto, Kong se encariña con la humana, y ello facilita el acercamiento de sus perseguidores. La posterior captura de la bestia y su traslado a la ciudad de Nueva York para ser exhibida en un bochornoso espectáculo tendrán un fatal resultado: el gran gorila perecerá acribillado por un piloto de caza en lo alto del rascacielos Empire State. Acaba así su extraña historia de amor.
Las secuelas de King Kong
Antes de que Peter Jackson rodase en 2005 su espectacular remake, se estrenaron diversas secuelas inspiradas en el personaje.
Más allá de sus implicaciones psicoanalíticas, la visión de King Kong reitera el encanto propio de los cuentos maravillosos y, sobre todo, el romanticismo más frecuente en la fantasía científica: el amor entre el monstruo y la imagen arquetípica de la mujer.
Se repite así el modelo clásico de la cacería del unicornio: sólo una virgen puede atraer hasta su regazo a la bestia que luego ha de ser asaeteada por quienes la acechan.
Gracias a este patrón argumental, de eficacia evidente, King Kong ha engendrado una larga serie de imitaciones.
La más inmediata fue El hijo de Kong (The Son of Kong, 1933), producida por el mismo equipo, pero con la mitad de presupuesto que King Kong, ya que se consideraba que sería difícil en tan poco tiempo superar a su predecesora. Desgraciadamente, se intentó compensar este factor con un guión de Ruth Rose que trataba de ser divertido, pero que dejó insatisfecho al propio O'Brien.
La Segunda guerra Mundial sorprendió a Willis O'Brien tratando de crear otra cinta de animación, War Eagles. En ella empleaba como asistente al joven Ray Harryhausen, al que había conocido por mediación del coleccionista Forrest J. Ackerman.
Pero el rodaje fue interrumpido por la necesidad del esfuerzo de guerra, y ambos técnicos tuvieron que esperar hasta El gran gorila para reunir sus talentos.
En 1942, O'Brien trató de poner en marcha una original idea: Gwangi, rebautizada a lo largo de su preproducción como Valley of the Mist y Valley Where Time Stood Still.
El concepto se basaba en la combinación de western con dinosaurios animados mediante stop-motion. Pero la RKO, que era la productora, no dejó transcurrir seis meses antes de pedirle que lo abandonara.
Quince años después de King Kong, un buen número de las personas que integraron su equipo –entre ellas Cooper, Schoedsack, Ruth Rose...– se embarcaron en un proyecto encaminado a ofrecer una versión del clásico realizada para un público infantil.
Fue El gran gorila (Mighty Joe Young, 1949), y la animación del simio gigante fue nuevamente trabajada por Willis O'Brien. La cinta tiene particular relevancia porque en ella Ray Harryhausen fue, por fin, asistente de O'Brien, con lo que pudo aprender de cerca sus técnicas para posteriormente superarlas.
En 1955, O'Brien colaboró en The Animal World, un reportaje de Irwin Allen, famoso posteriormente por sus series para televisión y sus películas sobre catástrofes. Para las secuencias sobre la era prehistórica quiso utilizar muñecos estáticos, pero O'Brien le convenció de que los animase, por lo que Allen le contrató como asesor de animación.
O'Brien empleó material de su proyecto Creation, olvidado tras el rodaje de "King Kong", y aportó a la película decorados y cabezas mecánicas, que animó prodigiosamente con la colaboración de Ray Harryhausen y Marcel Delgado. Fue la primera película de estas características rodada en color, y O'Brien salió muy airosamente del empeño.
El resultado fue tan modélico que de los veinte minutos originales se cortaron ocho porque resultaban demasiado verosímiles en su crueldad.
Prueba de su efectividad fue que, quince años después, diversas secuencias fueron intercaladas en la película Trog (1970), de Freddie Francis.
La participación activa de Harryhausen en esta película hace que la comentemos más ampliamente en su apartado respectivo.
Dinosaurus! (1960), de Irwin Shortess Yeaworth Sr., fue la primera película desde los cortos de la primera época de O'Brien con un argumento que abordaba la Prehistoria desde una perspectiva humorística.
Por su avanzada edad, O'Brien requirió el auxilio profesional de Tim Barr, Gene Warren y Wah Chang. En la película se animaron dos muñecos, un tiranosaurio y un brontosaurio, supuestamente congelados y devueltos a la vida por mediación de un rayo.
El último proyecto de O'Brien llegó a las pantallas siete años después de que éste falleciera, cuando Harryhausen rescató Valley of the Mist y la convirtió en The Valley of Gwangi (1967).
En lo sucesivo, el gorila gigante fue clonado hasta la saciedad en todo tipo de producciones cinematográficas, publicitarias y televisivas.
En Konga (1961), de John Lemone, el mutante era un chimpancé. The incredible shrinking woman (1981), de Joel Schumacher, ofrecía una nueva versión del monstruo diseñada por Rick Baker, responsable asimismo del simio protagonista de SchlockKing Kong (1976), de John Guillermin. (1971), de John Landis, y del sofisticado gorila de
No obstante, la derivación más eficaz del gran gorila es Godzilla, el conocido personaje del cine japonés creado por el cineasta Inoshiro Honda.
Si bien se trata de un reptil gigante, Honda declaró reiteradamente la deuda creativa de su monstruo con el de Schoedsack y Cooper. Homenajeando este inesperado parentesco, el director japonés rodó en 1963 King Kong contra Godzilla.
Esta es una versión expandida de varios estudios anteriores. En particular, incluye citas de varios artículos que escribí entre 1996 y 2001 para la Enciclopedia Universal Multimedia, de Micronet. Asimismo, contiene algunas reflexiones y referencias que publiqué en los libros Perspectivas de la comunicación audiovisual (2000) y La cultura de la imagen (2006).
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