Boris Karloff encarnó a la atormentada Criatura de Frankenstein para, poco después, ser el protagonista de la versión cinematográfica que Charles Brabin y Charles Vidor realizaron de una conocida saga de novelas escrita por Sax Rohmer.
La máscara de Fu-Manchú (The Mask of Fu Manchu, 1932) es indudablemente la mejor de las películas realizadas sobre este pérfido sabio oriental, genuina estrella del fantástico de la época.
La película es un hermoso guiñol, dotado de una cualidad infrecuente, evocadora de un tiempo de planchas dominicales a todo color y novelas populares de tapas desgastadas, sólo explicable desde una perspectiva fabuladora que el moderno cine de fantasía parece haber olvidado.
La Máscara de Fu-Manchú mantiene un clima de desbordante imaginación que resume, de modo inimitable, las ensoñaciones de toda una generación de espectadores.
Con esta cinta, Occidente tembló de nuevo ante la encarnación del casi eterno peligro amarillo, entre la sangre y la seda, nacida de las páginas que Arthur Sarsfeld, alias Sax Rohmer, escribiera para deleite de los consumidores de literatura popular.
Frente al orgullo de la Inglaterra post-victoriana se alzaba el sabio oculto y poderoso, Fu-Manchú, jefe de los Caballeros del Si-Fan y dominador de los terribles dakois.
El personaje de Rohmer conoció un éxito rotundo que le colocó de inmediato en el punto de mira de la industria del cine. Primero llegaron a las pantallas dos producciones británicas, The Mystery of Fu- ManchuThe Further Mysteries of Fu-Manchu (1924), protagonizadas por el eficaz Harry Agar Lyons, que cedería el papel a Warner Oland cuando la Paramount produjo The Mysterious Dr. Fu-Manchú (1929). (1923) y
Llegaron después La expiación de Fu-Manchú (1930) y La hija del Dragón (1931), también protagonizadas por Warner Oland, pero iba a ser el ya mencionado largometraje de Brabin y Vidor el encargado de elevar al personaje a la categoría de clásico del cine de ciencia-ficción.
Al comienzo de la película, Sir Lionel Burton (Lawrence Grant) dirige una expedición científica cuyo objetivo es descubrir la tumba de Gengis Khan. Mientras tanto, el diabólico doctor Fu–Manchú (Boris Karloff) se propone hacerse con la espada y la máscara de oro del antiguo conquistador mongol; dos reliquias que habrán de ser los signos del Imperio que pretende crear, sojuzgando a los blancos. El inspector Nayland Smith (Lewis Stone) de Scotland Yard no tardará en hacer frente a la amenaza del sabio oriental.
Sadismo oriental
Pocos meses después de que Sax Rohmer editara la que ocupa el quinto lugar entre sus novelas dedicadas al perverso sabio, un equipo de guionistas formado por Irene Khun, Edgar Allan Woolf y John Willard concluía el último borrador de un guión que aún sufriría alguna que otra modificación.
En un ambiente enrarecido por unas condiciones de producción cercanas al caos, el director inicialmente previsto, Charles Vidor, fue sustituido por el especialista en seriales de corte sentimental Charles Brabin –más conocido por ser esposo de la actriz Theda Bara–, que no dudó en modificar algunas de las secuencias realizadas por su predecesor.
La disculpa en más de un caso fue la falta de sadismo, un elemento más que esencial en todo lo tocante al maestro de la tortura oriental.
En el proceso de caracterización de Karloff como Fu Manchú en La máscara de Fu Manchú, el trabajo resultó bastante minucioso. Para orientalizar los ojos del actor, el maquillador Cecil Holland usó tiras adhesivas de celuloide aplicadas en las sienes. Unas largas uñas curvadas y una funda dental completaron el atuendo.
El técnico Ken Strickfaden ideó un mecanismo para que las uñas de Karloff brillasen cuando cogía la espada de Gengis Khan. Otra secuencia de esta cinta, aquella en que el siniestro doctor Fu-Manchú perece víctima de sus propios rayos mortales, se ha convertido, a pesar de las décadas transcurridas desde su filmación, en uno de los momentos imprescindibles en cualquier buena memoria o antología del fantástico. Resulta difícil sospechar, a la vista del magnífico resultado final, el enorme problema que constituyó la realización de este inspirado largometraje.
"The Mask of Fu Manchu –escribe Luis Gasca– era una película mágica. Logró en su momento que el espectador entrase en el círculo encantado de sus imágenes, haciendo que su recuerdo al cabo de los años quedase indeleble, tan nitido como el de las primeras páginas dominicales de Flash Gordon. No comparo sin motivo ambas obras, porque sus puntos en común son a mi entender notables. Una reciente visión de La máscara de Fu-Manchú me ha permitido revivir minuto a minuto las sensaciones y recuerdos de aquella primera vivencia infantil. Charles Brabin (...) era conocido por sus seriales y dramones al servicio principalmente de su esposa la vampiresa del mudo Theda Bara. Carlos Clarens cita en la ficha de esta película como coautor a Charles Vidor. Con su ayuda o sin ella, Brabin logró una obra que se conserva fresca hoy en día, de forma similar a King-Kong. En esta aventura de Fu-Manchú, el doctor se propone poseer la espada de Gengis Khan, que le permitirá sujuzgar a los pueblos asiáticos que verán en su persona al sucesor del conquistador mongol. Ordena raptar a Sir Lionel Barton, jefe de la expedición inglesa a la tumba de Khan y cumpliendo sus órdenes, dos hombres momias se apoderan del expedicionario en una de las salas gel Museo Británico". (Terror Fantastic, nº 6, marzo de 1972)
Director: Charles Brabin, Charles Vidor (no acreditado)
Guión: Basado en los personajes de Sax Rohmer. Guión de Irene Kuhn, Edgar Allan Woolf y John Willard
Reparto: Boris Karloff, Lewis Stone
Fotografía: Tony Gaudio
Montaje: Ben Lewis
Fecha de estreno: 5 de noviembre de 1932
Duración: 68 minutos
País productor: Estados Unidos
Idioma: Inglés
123 días atrás
147 días atrás
179 días atrás
283 días atrás
265 días atrás
283 días atrás
283 días atrás
313 días atrás
313 días atrás
678 días atrás
2239 días atrás
506 días atrás
883 días atrás













































































