El encargado de redactar el kafkiano guión de La mosca fue el escritor James Clavell, cuyo respeto por el relato de George Langelaan en que se inspira es evidente.
Durante el mes de mayo de 1958, Sergei Koroliov y otros sabios soviéticos iniciaron las pruebas del cohete portador encargado de poner en órbita el primer Sputnik, hecho que cautivó la imaginación del mundo por el sugestivo campo de posibilidades que abría al hombre en el espacio.
En este ambiente de intensa vida científica, algunos cineastas optaron por reflejar el sector más crepuscular de ésta. Uno de los títulos fundamentales de esta corriente es La mosca (The Fly, 1958), de Kurt Neumann, obra singular y apasionante que destaca el peligro ético que la ciencia puede suponer.
En la película, un investigador, André Delambre (Al “David” Edison), inventa un dispositivo que permite desintegrar la materia en sus componentes atómicos y materializarlos en otro lugar.
Exaltado por sus éxitos con las cobayas decide experimentar en sí mismo, sin percatarse de que una mosca se ha introducido en su cámara de convergencia. Como resultado él sale con la cabeza de la mosca y viceversa.
Iniciará entonces una desesperada búsqueda del insecto, pero a medida que su cerebro pierde efectividad se va dando cuenta de que no hay remedio para él. Pide a Hélenè (Patricia Owens), su mujer, que le mate, lo cual ella acabará por hacer, aplastándole en una enorme prensa.
Mientras tanto, una mosca con cabeza humana grita atrapada en una telaraña del jardín...
Uno de los magos del maquillaje, Ben Nye, fue el encargado de hacer realidad al personaje que da título a la película. Para caracterizar a David Hedison como el infortunado doctor, Nye obtuvo vaciados de su cabeza y fabricó una piel artificial sobre la que colocó varios apliques realizados con uretano.
En apenas mes y medio, el equipo dirigido por Nye tuvo que crear los ojos y la trompa del monstruo y probar sus resultados.
Estudiando a los insectos dípteros, Nye llegó a la conclusión de que podría elaborar los ojos de la mosca colocando celdillas de metal recubiertas con una red de cables que darían una forma convexa a los ojos.
Sin embargo, las pruebas de los primeros planos les hicieron olvidarse de la conveniencia de este sistema.
Nye hizo entonces unos ojos convexos con placas de plástico, translúcidas, de tonos rosados y verdes, superpuestas entre sí.
El especialista en efectos visuales L.B. Abbott también se significó en este clásico de la fantaciencia. A las órdenes del director Kurt Neumann, Abbott complementó a la perfección el trabajo de maquillaje de Ben Nye con esos trucajes que convencen al espectador de la pequeñez de un mutante André Delambre, atrapado en una telaraña, agitando inútilmente sus monstruosos apéndices.
La mediocre continuación de La mosca, titulada The Return of the Fly (1959), desaprovechaba todos los hallazgos de su predecesora. Ni la siempre grata presencia de Vincent Price lograba subir el nivel de esta prescindible secuela.
Director: Kurt Neumann
Producción: Kurt Neumann
Guión: James Clavell
Reparto: Vincent Price, David Hedison, Patricia Owens, Herbert Marshall, Kathleen Freeman, Betty Lou Gerson, Charles Herbert
Música: Paul Sawtell
Distribución: 20th Century Fox
Fecha de estreno: 29 de agosto de 1958
Duración: 94 minutos
País productor: Estados Unidos
Idioma: Inglés
Secuela: Return of the Fly
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