Después de rodar Metrópolis, Fritz Lang revisitó el género de la ciencia-ficción en 1929 con La mujer en la luna.
Lang colaboró aquí por última vez con su esposa, Thea Von Harbou, y esta vez cuidó el asesoramiento científico hasta extremos desconocidos por la fantaciencia del momento.
La propuesta de Lang es una estimulante fantasía, reforzada por el ya mencionado apoyo científico, en la que los hombres más ricos del planeta diseñan un plan para obtener el oro que recubre la superficie de la Luna.
Los preparativos de la expedición interplanetaria se ven dificultados por todo tipo de contratiempos si bien, finalmente, los viajeros logran despegar en un potente cohete que, tras una serie de incidentes, se posa en el satélite. Han transcurrido 36 horas de vuelo.
Lamentablemente, la ambición de uno de los expedicionarios originará un enfrentamiento que se saldará con su muerte y una avería en el depósito de oxígeno de la nave. Ahora sólo será posible que dos de ellos regresen a la Tierra. El desenlace, previsible, se resuelve en favor del bando preferido por el espectador.
La comparación con Metrópolis en nada favorece a esta película, cuya aureola cientifista no salva algunas inconsistencias que voces tan autorizadas como Siegfried Kracauer señalan certeramente: “La empresa cósmica fue escenificada con sorprendente veracidad visual; el argumento daba lástima por sus negligencias emocionales. Estas eran tan obvias que desvirtuaban más de una una ilusión que Lang trataba de crear por medio de ostentoso virtuosismo. El paisaje lunar olía claramente a los estudios de Neubabelsger”.
En este orden de cosas, pese a lo concluyente de las palabras de Kracauer, se hace preciso incidir en la incontestable calidad de este cineasta, situado a años luz de muchos de los artesanos que por esta época se dedicaban a fantasear en el campo de la anticipación.
Con todo, la película tiene en su discurso elementos que la relacionan con otras obras de Lang. "Queda, pues, Metrópolis –escribe Antonio Camín– como un film menor en la obra de Lang, un film que ha sido alabado, rechazado o aceptado por el públlco y la crítica; un film que está lleno de aciertos en el campo estético-plástico, pero que no alcanza en su profundidad temática la altura de otras obras del gran Fritz, que incidirá de nuevo en el campo de la ciencia ficción con Una mujer en la Luna en la que nos aparta de la clásica visión de las aventuras de los astronautas terrestres con lunáticos de diferentes formas en el primer alunizaje de una astronave en la Luna, y simplemente amplía el campo de accion del hombre para mostramos una vez más sus lacras, su egoísmo y su interés puramente personal; en esa lucha de los expedicionarios por la consecución del oro de la superficie de nuestro satélite Lang parece decimos que, esté donde esté y haga lo que haga, el único motor del hombre es él mismo. Es el pesimismo que impregna toda su obra, esa visión de una sociedad de posguerra que queda perfectamente definida en una frase del programa de presentación de El testamento del doctor Mabuse: «La humanidad, humillada por la guerra y la revolución, toma su desquite del tiempo del sufrimiento entregándose al vicio, o sea, pasiva o activamente, al crímen»" (Terror Fantastic, nº 19, abril de 1973)
Director: Fritz Lang
Guión: Fritz Lang, a partir de un relato de Thea von Harbou
Reparto: Klaus Pohl, Willy Fritsch
Fecha de estreno: 1929
Duración: 156 min. / 200 min. (restauración del año 2000), 162 min. (edición en DVD)
País productor: Alemania
Idioma: Muda
Intertítulos en alemán
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