Con una visión tenebrosa del porvenir, La naranja mecánica (A Clockwork Orange, 1971) define con precisión y enorme poderío estético un universo de violencia estilizada.
Los mecanismos de control social demuestran su incapacidad para equilibrar artificialmente el comportamiento de los individuos más peligrosos. Alex (Malcolm Mac Dowell) es el cabecilla de una banda de violentos cuyo punto habitual de reunión es un extraño milk–bar.
El grupo asalta el chalet de un escritor y su esposa y se ensaña sádicamente con ambos. Tras esta hazaña brutal, Alex retorna a su casa y a sus pasiones: la música de Beethoven y el cuidado de su serpiente.
Gracias a la traición de sus compañeros, la policía captura a Alex. Después de ser sometido a unos demenciales experimentos cuyo fin es mantener a raya su agresividad, Alex es liberado, pero su destino será sufrir la venganza de todos aquellos a quienes atacó en su anterior etapa.
De La naranja mecánica (A Clockwork Orange, 1962) dijo William Burroughs que “es uno de los pocos libros que he sido capaz de leer en los últimos años”. Según uno de sus biógrafos, Anthony Burgess había escrito esta novela para exorcizar el recuerdo de numerosos episodios de violencia. En concreto, el escritor solía citar un caso de abusos sufrido durante un apagón por su mujer, que abortó a consecuencia de los golpes.
La obra de Burgess obtuvo su justa correspondencia en la película de Kubrick: una visión hipnótica, voluntariamente teatral, que es fruto de una reflexión madura sobre la violencia, incomparable con los fáciles elogios de la brutalidad que frecuenta el actual cine para adolescentes.
Inicialmente Alex iba a ser encarnado por el cantante Mick Jagger, pero Kubrick optó por dar a Malcolm McDowell el papel de este joven bárbaro, sometido de una espantosa terapia de reflejos condicionados.
En realidad, quien descubrió el libro de Anthony Burgess fue el guionista Terry Southern. Este último le dio a Kubrick un ejemplar, pero el realizador estaba empeñado en su malogrado proyecto sobre Napoleón Bonaparte. Cuando quedó claro que esa película era irrealizable, Kubrick reparó en la novela de Burgess.
"Realizar un gran espectáculo –escribe Manuel Mir– en la adaptación cinematográfica de la novela de Anthony Burgess es tarea sólo reservada para verdaderos genios del séptimo arte, entre los que Kubrick puede contarse por méritos propios. La cinta no tiene desperdicio, a excepción quizá de su última fase, un tanto forzada, y se me antoja como un delirante poema a la violencia social en todas sus escalas. Poco optimista debe sentirse Kubrick hacia sus semejantes al abordar con atroz realismo la odisea del protagonista y las implícitas consecuencias que de ella se desprenden. (...) Clockwork Orange es un film técnicamente perfecto, todo brilla a gran altura: intérpretes, fotografía, dirección. Dentro del dramatismo reinante en la película, Kubrick intercala algunas escenas hilarantes que no merman el trágico argumento ni rompen en absoluto el equilibrio de la cinta." (Terror Fantastic, nº 8, mayo de 1972)
Director: Stanley Kubrick
Producción: Stanley Kubrick, a partir de la novela de Anthony Burgess
Reparto: Malcolm McDowell, Warren Clarke, Michael Bates, James Marcus, Michael Tarn, Patrick Magee
Fotografía: John Alcott
Montaje: Bill Butler
Distribución: Warner Bros.
Fecha de estreno: 19 de diciembre de 1971
Duración: 137 minutos
País productor: Inglaterra, Estados Unidos
Idioma: Inglés
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