A uno todavía le sigue admirando el talento narrativo de Narciso Ibáñez Serrador, un creador capaz de reinventar la televisión en España. Sin embargo, a la vista de esa excelente película que es La residencia, cabe preguntarse si a "Chicho" no le hubiera aguardado un destino aún más brillante de haberse concentrado en su faceta cinematográfica.
En un recóndito lugar de la Provenza francesa una mansión sirve como residencia para señoritas de pasado oscuro o baja condición social. La directora es una rígida institutriz (Lili Palmer) que tiene un hijo al que somete a una dura tutela.
La estricta disciplina raya en el sadismo, situación a la que se unen misteriosas desapariciones de algunas internas. La llegada de una nueva pupila (Cristina Galbó) parece acelerar los sucesos.
Las alumnas, en un continuo estado de crispación, se desahogan con frecuentes esparcimientos eróticos que suponen un riesgo añadido a su peligrosa reclusión dentro de la residencia.
"Tuve muchas dificultades –le dice Ibáñez Serrador a Francisco Montaner–, tanto antes como durante, como después de rodarla, pero hoy en día el saldo es más que favorable. (...) Algunos criticos, por hacer brillar su erudición, se pasan de listos. No conozco películas, es más, no conozco obra de arte –salvo escasísimas excepciones– en la que no puedan encontrarse influencias. De La residencia unos opinaron que se veía la sombra de Hitchcock, otros que la de Jack Clayton, mientras que otros la acusaron de «apoyarse en aberrantes técnicas claramente televisivas». Mi opinión: cuando una obra de teatro, una película o un programa de televisión logran éxito algo tienen. Pero algo de original, algo de «no visto». El plagio o el refrito jamás fueron suceso. De lo contrario ¡sería tan fácil el éxito! (...) El público español se asombraría al comprobar que la versión «íntegra» de La residencia no difiere más que en cuatro planos, sin ninguna importancia, de la versión estrenada en enero del 70" (Terror Fantastic, nº 11, agosto de 1972).

"Sin pecar de exagerado –escribe Francisco Montaner– me permitirán que califique a La residencia como la máxima cota expectativa alcanzada por una película de terror producida en nuestro país. Con un buen lanzamiento publicitario, apoyado únicamente en la personalidad de Ibáñez Serrador, hombre familiar en los hogares españoles por sus reiteradamente bien recibidas visitas a través del vehículo televisivo, su película, por lo menos a nivel nacional, está dentro del difícil género de cine de director (difícil especialidad en la que el maestro indiscutible es don Alfredo) o lo que es lo mismo, convertir a éste en el imán comercial que sirve para atraer a las masas. El éxito económico, contando al frente de la realización al popular «Chicho», estaba de sobra asegurado. Pero, naturalmente, este éxito venía precedido de una bien rnerecida fama que se había conquistado en TVE con sus series Mañana puede ser verdad e Historias para no dormir. (...) La Residencia puede catalogarse como una clásica cinta de terror. La época en que transcurre la acción, el aislamiento, casi monacal, de esta singular residencia, los continuos y, varias veces gratuitos, sobresaltos que acosan a Teresa (Cristina Galbó), e incluido su «guiñolesco» desenlace, se mueven dentro de los más formalistas cánones que rigen este tipo de cine" (Terror Fantastic, nº 11, agosto de 1972).
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