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Mar05222012

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"La vida futura" ("Things To Come", 1936)

La vida futuraEn la década de los treinta, fueron los británicos quienes brindaron al género de la ciencia-ficción uno de sus más legendarios títulos, La vida futura (Things To Come, 1936).

Estamos ante una obra maestra de la más pura anticipación: una meticulosa explicación de un porvenir que, pese a su ánimo profético, desliza un sentimiento de déja vu, como si el mito del eterno retorno vistiese galas tecnológicas pero manteniendo su misma y terrible cualidad esencial.

Se trata de un futuro coherente con el horror que la Gran Guerra dibujó en Europa, coincidente con una tradición de obras que emplean la disculpa del futuro para advertir de los peligros del presente.

De esa familia literaria forma parte una creación de Mary Shelley, cuyo tributo al género no se redujo a Frankenstein. En 1825 la escritora ideaba The Last Man, la historia del último rey inglés antes de que una plaga arrase el mundo del siglo XXI. Existe algún otro precedente como The Reign of King George VI 1900-1925, publicada en 1763, en la que se trata de explorar cauces de desarrollo, bien con un horizonte utópico –recuérdese la Utopía de Tomás Moro o La Nueva Atlántida de Bacon–, bien con un sino trágico –caso de la obra de Mary Shelley– que Zamiatin y otros explorarían posteriormente.

Varios años tardó H.G. Wells en decidirse a ceder los derechos de su libro The Shape of Things to Come y dos más hubo que esperar hasta que el escritor dio el visto bueno al guión de la versión cinematográfica que nos ocupa.

De este modo, gracias a la tenacidad del productor Alexander Korda –y a las 350.000 libras que invirtió en el proyecto–, pudo por fin estrenarse la que sin duda alguna es la película de Wells por excelencia, dado el control que el autor mantuvo sobre todos y cada uno de los aspectos del rodaje.

El viaje a ese futuro propuesto se inicia cuando John Cabal (Raymond Massey), su esposa y su amigo Pippa (Edward Chapman) celebran la Nochebuena de 1940, momento en que la radio de Everytown anuncia el comienzo de la segunda Guerra Mundial. La devastadora guerra se mantiene durante largo tiempo y la humanidad se ve abocada a un periodo de barbarie.

En 1966 surge una plaga letal que no será controlada hasta 1970. Es entonces cuando la ciudad es reconstruida bajo las órdenes del tiránico Jefe. En eso reaparece John Cabal a bordo de un peculiar aeroplano; Cabal pertenece a los Hombres del Aire, un grupo de científicos que se ha propuesto preservar la civilización.

Los decorados –que luego inspirarían a uno de los dibujantes de la serie Flash Gordon, Austin Briggs– fueron encargados en primer término al profesor de la Bauhaus Laszlo Moholy–Nagy y diseñados finalmente por el americano William Cameron Menzies, responsable de la dirección artística de clásicos como El ladrón de Bagdad o Lo que el viento se llevó.

Desde la partitura del compósitor clásico Arthur Bliss hasta la excelente fotografía de George Périnal, todo en esta película demuestra la gama de posibilidades artísticas del género cuando se plantea de la forma adecuada, a la par que su utilidad como instrumento ideológico, al servicio en este caso de ese pacifismo wellsiano que tan entrañable puede parecer al espectador actual.

La vida futura es, en suma, una ambiciosa creación a cuyas excelencias pocos reparos se pueden poner. No ocurre así con la secuela que, andando el tiempo, produjo la Allied Artist. En The Shape Of Things To Come (1979), de George McGowan, sólo destaca alguna interpretación aislada –la del veterano Jack Palance– y unos efectos especiales discretos pero efectivos.

Director: William Cameron Menzies

Producción: Alexander Korda

Guión: H.G. Wells

Reparto: Raymond Massey, Ralph Richardson, Cedric Hardwicke, Pearl Argyle, Margaretta Scott

Música: Arthur Bliss

Fotografía: Georges Périnal

Montaje: Charles Crichton

Distribución: United Artists

Fecha de estreno: 20 de febrero de 1936 Guardar

Duración: En Inglaterra: 108 min. 41s. En Estados Unidos: 96 min. 24s.

Idioma: Inglés


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