Una deslumbrante actuación que coronó a Vincent Price como el maestro del género macabro. Price da vida al profesor Jarrod, un famoso escultor de figuras de cera que enloquece tras ver como un incendio intencionado destruye el trabajo de toda su vida. Incapaz de usar sus manos incapacitadas tras el desastre y habiendo sido dado por muerto, se mantiene oculto tramando una terrible venganza.
El dulce pavor y la inteligente trama de este escalofriante clásico co-protagonizado por Phyllis Kira, Carolyn Jones y Charles Bronson y dirigido por Andre de Toth tiene su origen en una película de Warner de 20 años atrás, Los Crímenes del Museo.
En ésta última, dirigida en 1933 por Michael Curtiz, es Lionel Atwill quien encarna al loco escultor y Fay Gras da vida a una posible víctima. Ambas películas nos ofrecen un doblemente delicioso y tétrico baño de terror.
El responsable de los pavorosos efectos de maquillaje es Gordon Bau.
"Hermano del también maquillador Gordon Bau, George Bau se aficionó al mundo de la caracterización desde su adolescencia, de forma que dedicó largo tiempo a investigar nuevos productos que permitieran una aplicación menos molesta para los actores. Entre las substancias de origen vegetal con las cuales experimentó se hallaba el látex, una goma que en años sucesivos revolucionó el mundo del maquillaje cinematográfico.
Sus primeros pasos en el mundo del cine los da de la mano de Perc Westmore, director de maquillaje de la productora RKO, que incluyó a George Bau en el equipo de Esmeralda la zíngara (1939), de William Dieterle, película en la que acreditó una visión renovadora de los trucos especiales de caracterización. Fundó luego un laboratorio protésico, en el que probó la eficacia de nuevos moldes y dispositivos de presión para el acabado de las máscaras.
Después de cosechar un gran éxito con sus maquillajes para el filme Los crímenes del museo de cera (1953), de André de Toth, se dedicó a mejorar varios de sus hallazgos en una compañía de su propiedad, GT Laboratories. En 1969 aprovechó esos conocimientos en el rodaje de El hombre ilustrado, pues tenía que maquillar todo el cuerpo del actor Rod Steiger para que éste pareciera tatuado en su totalidad.
Discípulos de George Bau como Dick Smith prosiguieron su investigaciones en este ámbito. Bau es considerado por los especialistas como un químico de talento extraordinario, que perfeccionó la aplicación del látex hasta hacerlo de uso común entre los maquilladores cinematográficos" (Guzmán Urrero. Cita tomada de la Enciclopedia Universa1, Micro_net, 2000).
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