
Un muchacho de catorce años resulta problemático en la escuela, lo que le ocasiona un trato cruel por parte de su madre. Un día, la descubre en brazos de su amante y huye de casa en compañía de un amigo.
"Cada vez que la veo –dice Jean Pierre Léaud, entrevistado por Txema Santana– me traslado a los momentos de rodaje, a las largas conversaciones con Truffaut. ¿Sabes que me convirtió en un cinéfilo antes de rodar una sola secuencia? Durante un mes y medio me enseñó películas y me llevó a otros rodajes, para que le conociera y entendiera lo que me estaba pidiendo. Al fin y al cabo, para él era muy importante, pues iba a interpretar a su alter ego" (El País, 01/04/2011).
"Si se repone la mítica Los cuatrocientos golpes –escribe Octavi Martí– que tanto ha marcado al cine francés -los temas de infancia han pasado a ser una especialidad de la cinematografía gala-, no significa que no haya voces que cuestionen una parte más o menos importante de la filmografía truffautiana. Para algunos la moral subyacente en las aventuras de Antoine Doinel no ha resistido el paso del tiempo, para otros el apresuramiento compulsivo de Truffaut dinamita la estética de sus filmes, mientras que unos terceros ponen en evidencia que el mejor Truffaut de los últimos años -el de El último metro, por ejemplo- se parece mucho a Duvivier o Autant-Lara contra quienes él había comenzado y fundado su carrera. La sombra de la figura de Truffaut ha sido, pues, protectora, pero hoy son bastantes quienes estiman que oscurece la visión de los herederos" (El País, 22/10/2004).
"François Truffaut –escribe Olivier Assayas– creó las condiciones de una libertad inédita en el cine y comparable únicamente a la del escritor delante de su hoja de papel. No es entonces sorprendente que a la hora de hacer balance la filmografía de François Truffaut presente, por la persistencia de su temática, por la fidelidad a sus principios, por el sentido mismo de sus variaciones y de sus meandros, una coherencia sin igual y de la que el paradigma es evidentemente la serie de Antoine Doinel, continuada a lo largo de veinte años, de 1959 a 1979. El “género grande” de la obra de Truffaut, que debutó con Los cuatrocientos golpes, es la autobiografía, que toma formas diversas. Es trivial repetir que siempre se sintió atraído por la infancia, por la mirada del niño y, más allá, por la inmadurez y el rechazo del universo adulto. (...) Doinel es el retrato de un Truffaut que no crece. Chaval eterno, eterno adolescente, viviendo del aire (...) La serie de Doinel no es el fresco proustiano que podría parecer formalmente. Los cuatrocientos golpes quedan a un lado" (“De Truffaut à Doinel”, Cahiers du cinéma, número especial, diciembre de 1984, traducción publicada por Filmoteca Española durante el ciclo dedicado a Truffaut).
“La fuerza de Truffaut –escribe Jacques Rivette– es la de no hablar jamás directamente de sí mismo, sino unirse pacientemente a otro joven, que quizá se le parece como a un hermano, pero un hermano objetivo, y someterse a él y reconstruir humildemente, a partir de una experiencia personal, una realidad igualmente objetiva, que después filma con el más perfecto respeto. La utilización de este método en el cine lleva un bonito nombre –y da igual si Truffaut lo desconoce–: se llama Flaherty”.
"Buscar al autor entre las películas independientes francesas de los años sesenta o setenta –escribe Luc Moullet–, se parece un poco a ponerse a buscar negros entre los africanos… Más allá del mercado, las elecciones de Truffaut favorecen este trabajo: cinco de sus películas retoman el mismo personaje central (y el mismo intérprete): continuidad que no descubrimos en ningún otro cineastas salvo, por supuesto, en los cómicos. Y podríamos igualmente, con alguna complacencia, extender esta constante a El pequeño salvaje o La piel dura –el Doinel de antes de Los cuatrocientos golpes– o a La noche americana o a Las dos inglesas y el amor, Léaud ayuda. Incluso cediendo a la facilidad, no estoy contra un procedimiento semejante. Es quizás indispensable. Hay tantas similitudes que nos echan un cable… Entonces nos detenemos aquí, y olvidamos el resto, lo esencial. Después de todo, si Truffaut tituló su primer artículo sobre Hitchcock “Un manojo de llaves falsas”, es porque sabía muy bien que tantos puntos comunes pueden dar lugar a lo peor. “Autor sin duda pero, ¿de qué?”, decía Bazin" ("François Truffaut: La balanza y el lazo" / "La balance et le lien”, Cahiers du Cinéma, número 410, julio-agosto de 1988, traducción publicada por Filmoteca Española durante el ciclo dedicado a Truffaut).
François Truffaut · Francia · 1959 · B/N · 94' · 35 mm
Dirección: François Truffaut
Guión: François Truffaut, Marcel Moussy
Fotografía: Henri Decae
Música: Jean Constantin
Montaje: Marie-Josèphe Yoyotte
Dirección artística: Bernard Evein
Productor: François Truffaut
Intérpretes: Jean-Pierre Léaud, Albert Rémy, Claire Maurier, Yvonne Claudie, Pierre Repp, Patrick Auffay, Jeanne Moreau, Georges Flamant.
Producción: Les Films du Carrosse, S.E.D.I.F.
Copyright de la sinopsis (en negrita) y de la ficha técnica (Publicadas con ocasión del ciclo dedicado a Truffaut en el IVAC) © IVAC La Filmoteca. Institut Valencià de l'Audiovisual i de la Cinematografia. Reservados todos los derechos.
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