Los siete samurais (七人の侍 Shichinin no Samurai, 1954) es la obra más conocida de Akira Kurosawa y una de las mejores películas de aventuras de todos los tiempos.
Ambientada a finales del siglo XVI, la trama parte de una premisa sumamente efectiva: un grupo de campesinos, cansados de los constantes asaltos de una partida de bandidos, contratan a siete samurais sin señor (ronin) para que les libren de esa maldición.
En un principio, la película iba a titularse Los seis samurais, pero Kurosawa y el equipo de guionistas comprendieron que les faltaba ese elemento de originalidad que distancia a esta producción de tantas otras cintas de espadachines.
La clave del cambio, en opinión del actor Toshirō Mifune, reside en el personaje que él interpreta, Kikuchiyo, ese séptimo ronin que, a diferencia de sus compañeros, carece de modales y se maneja con un divertido desdén.
Kurosawa rodó la cinta en escenarios naturales, como si fuera una superproducción. Durante los 148 días de rodaje, rebasó ampliamente el presupuesto original, logrando con ello el enfado de los ejecutivos que dirigían los Estudios Toho.
Ante todo, Los siete samurais es un gran espectáculo, una producción de aventuras cuya finalidad primordial es la de divertir.
Los Estudios Toho, invirtieron un año de trabajo en la preparación de esta película que vino a actualizar los films de época, hasta entonces lastrados en muchos casos por su origen escénico y la grandilocuencia melodramática de sus tramas.
El film de Kurosawa, por el contrario, se desarrolla con ligereza en espacios abiertos, y es magistral la caracterización de los personajes principales.
Más de un crítico ha advertido que lo que John Ford hizo por el western, Kurosawa lo hizo por el cine de espadachines en Japón.
Entre otras soluciones narrativas, cabe destacar el empleo de la cámara lenta para estilizar determinadas secuencias de acción, un recurso que Sam Peckinpah utilizó posteriormente, reconociendo su deuda con el maestro japonés.
Al margen de las excelencias de la escenografía y lo cuidado de las escenas de acción, esta película contiene un mensaje universalmente aceptable y que se refiere a la dignidad humana.
Kurosawa denuncia la lamentable situación de los agricultores, pero también es crítico frente a los derechos de clase de los samurais. Cree el cineasta en una nobleza adquirida, pero no heredada.
Kikuchiyo, el guerrero magistralmente interpretado por Toshiro Mifune, es hijo de un campesino, lo que aparentemente le niega la condición de samurai. Pese a su casta social, el heroísmo del personaje lo conduce finalmente a esa dignidad guerrera que tanto anhela.
Galardonada en el Festival de Venecia en 1954, la película tuvo una amplia distribución internacional; fue particularmente exitosa su exhibición en Estados Unidos, país donde el director John Sturges realizó una versión en clave de western, Los siete magníficos (1960).
Además de excelentes interpretaciones y magníficas secuencias de acción, la película incluye una inteligente reflexión sobre el contexto histórico-social en el que transcurre.
Así, las secuencias finales confrontan la aparente felicidad de los campesinos y la amargura de los tres guerreros supervivientes a la batalla con los bandidos que asolaban la aldea.
Mientras los lugareños celebran la fiesta del transplante del arroz de un modo muy semejante a como aún hoy se festeja en diversos enclaves de Japón, con flautines y taiko –el tambor japonés–, el líder de los ronin, Kambei (Takashi Shimura), con las tumbas de sus compañeros a sus espaldas, comenta: "He perdido otra vez. Los agricultores son los vencedores, no nosotros".
Si nos situamos en el siglo XVI, esta observación es absolutamente pertinente, por cuanto el Japón que sobrevive es el agrario, no el caballeresco de esos siete guerreros nómadas. Hombres que no sirven a ningún señor y que se ofrecen a combatir como mercenarios del lado de unos labriegos que, al final, sólo luchan por sacar adelante su cosecha de arroz.
Numerosas producciones se inspiran en el esquema argumental de Los siete samurais, y ello convierte a este clásico en uno de los títulos más influyentes de la historia del cine.
Sinopsis
El Japón del siglo XVI es un período de constante bandidaje. Un nutrido grupo de malhechores se dedica a esquilmar los bienes de una aldea de agricultores. Cada vez que éstos consiguen sacar adelante su pobre cosecha de arroz, los bandidos asaltan su pueblo, llevándose todo lo que encuentran de valor. En su maldad, incluso han llegado a raptar alguna mujer.
Con el fin de terminar con los cada vez más frecuentes ataques, los agricultores deciden contratar a un grupo de samurais para que hagan frente a sus enemigos. Dos de los aldeanos van hasta una ciudad cercana y allí inician el reclutamiento.
Los honorarios que pueden pagar son escasos, así que los guerreros que aceptan el trato son pocos y, ciertamente, no pelean precisamente por el dinero.
Dirige el grupo de mercenarios Kambei, un samurai equilibrado y valeroso. A Kambei lo sigue en el empeño su joven pupilo Katsuhiro. También se unen a ellos un espadachín llamado Kyuzo, el jovial Gorobei, Shichiroji e incluso un pobre infeliz, Kikuchiyo, que sueña con convertirse en samurai.
Los siete viajan al pueblo y allí organizan la defensa del lugar, adiestrando a los campesinos en el uso de armas. El enfrentamiento final con los bandidos será favorable, pero a un coste demasiado alto. La mayoría de los samurais perece en el empeño. Son los agricultores los únicos que realmente han salido ganando.
Ficha de producción
Producción: Toho.
Director: Akira Kurosawa.
Guión: Akira Kurosawa, Shinobu Hashimoto y Hideo Oguni.
Fotografía: Asakazu Nakai.
Música: Fumio Hayasaka.
Intérpretes: Takashi Shimura, Toshiro Mifune, Yoshio Inaba, Seiji Miyaguchi, Minoru Chiaki, Daisuke Kato, Ko Kimura, Kamatari Fujiwara y Yoshio Kosugi.
Duración: 200 min.
Esta es una versión expandida de varios estudios anteriores. En particular, incluye citas de varios artículos que escribí para el diario ABC y para la Enciclopedia Universal Multimedia, de Micronet. Asimismo, contiene algunas reflexiones y referencias que publiqué en los libros Perspectivas de la comunicación audiovisual (2000) y La cultura de la imagen (2006).
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