En 1972, dirigida por Douglas Trumbull, llegaba a las pantallas Naves misteriosas (Silent Running), un largometraje brillante y atípico en el que se advierte la extremada sensibilidad de este formidable técnico de efectos especiales.
A comienzos del siglo XXI la polución ha destruido todo vestigio de vida vegetal sobre la Tierra.
Los únicos especímenes supervivientes crecen en una nave especial, bajo el cuidado del botánico Freeman Lowell (Bruce Dern), tres robots especialistas y otros tres astronautas.
Estas plantas esperan el momento en que la atmósfera terrestre recupere las condiciones que permitan su vida.
Cuando Lowell descubre que el Gobierno ha resuelto abandonar el proyecto y destruir su bosque espacial, se rebela, asesina a sus compañeros y dirige el rumbo de la nave hacia el espacio exterior.
Naves misteriosas se inscribe en el mismo catálogo que una película contemporánea de Richard Fleischer: Cuando el destino nos alcance (Soylent Green, 1973).
En la cinta de Fleischer, Charlton Heston interpretaba al detective Thorn en la Nueva York del año 2022. Thorn investiga con la ayuda de Sol Roth (Edward G. Robinson) el asesinato del empresario William Simonson, encarnado por Joseph Cotten.
La atmósfera de esta adaptación de la novela de Harry Harrison es la de una ciudad contaminada, sin esperanza, con el colapso adueñándose de sus calles, como si de una Babel post-atómica se tratara.
Sin embargo, el mensaje ecológico y reflexivo es más poderoso, pese a la humildad de la propuesta, en Naves misteriosas. "En este sentido –escribe Antonio Vilella– Silent Running sirve a las últimas corrientes de la S. F. e introduce novedades importantes. Si las relaciones hombre-máquina ya se han tratado con reiteración, en este caso se pone manifiesto que la capacidad destructiva de aquella viene determinada por el modo con que la utilice el ser humano (así uno de los robots será el encargado de salvaguardar el preciado cargamento que transporta la nave espacial cuando se acerca el fin del único tripulante humano). (...) Los robots (la máquina) adquirirán dimensión humana y secundarán a ese ser (el hombre), de apariencia paranoica, en su lucha contra la superposición de la máquina sobre el individuo (...). El desarollo de la película presenta notables altibajos. A la experiencia de Douglas Trumbull en la realización de maquetas y efectos especiales para 2001. Una odisea del espacio de Kubrick, no se la ha unido la del tratamiento narrativo de aquel genial realizador. (...) Pero de cualquier forma, Trumbull domina la técnica del decorado, de las maquetas..., y la inexperiencia narrativa la suple a base de efectos; así su pelfcula resulta eminentemente visual, y, desde este punto de vista, impecable. El idealismo y la inocencia del protagonista, el posible simbolismo bíblico y las magníficas canciones de Joan Baez (siempre dispuesta a secundar cualquier causa contracultural) imprimen al filme notables aires poéticos, lo que conjuntado al virtuosismo técnico, a la excelente fotografía, a la musicalidad de las imágenes, la belleza cromática de las plantas y flores, y el flotar de la nave en el espacio permiten rentabilizar las enormes y arriesgadas inversiones económicas, y sirven para clamar, una vez más, por la conservación del medio ambiente." (Terror Fantastic, nº 22, julio de 1973)
Director: Douglas Trumbull
Producción: Michael Gruskoff, Marty Hornstein, Douglas Trumbull
Guión: Deric Washburn, Michael Cimino, Steven Bochco
Reparto: Bruce Dern, Cliff Potts, Ron Rifkin, Jesse Vint
Música: Peter Schickele
Fotografía: Charles F. Wheeler
Montaje: Aaron Stell
Distribución: Universal Pictures
Fecha de estreno: 10 de marzo de 1972
Duración: 89 min.
País productor: Estados Unidos
Idioma: Inglés
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