
Peter Pan. La sola mención de ese nombre acarrea memorias, agita nostalgias y sirve para esgrimir bochornosas comparaciones con el moderno cine familiar. La película, qué duda cabe, es una obra maestra, y no extraña que sus propietarios hayan cuidado al detalle su transferencia digital. Presentada ahora en dos discos, comprende una serie de añadiduras que, a riesgo de aburrir con la enumeración, no me resisto a citar.
A saber: una nueva película de nombre Campanilla, la clásica selección de canciones originales, un libro de cuentos animado, los comentarios de audio a cargo del historiador John Canemaker, una canción eliminada ( La Canción Pirata ), otra perdida (Never Land) y otras dos de corte moderno, presentadas en los vídeos que interpretan Paige O’Hara y Truth Squad.
Al compendio se suman varios juegos y lo mejor del caso, varios documentales de breve pero enjundiosa duración: Puedes volar: cómo se hizo Peter Pan, En palabras de Walt Disney: Por qué hice Peter Pan, Campanilla: un cuento de hadas y La historia de Peter Pan.
Como seguramente saben, la cinta, fechada en 1953, tiene una larga prehistoria. De niños, Walt y Roy Disney asistieron a un montaje teatral de la obra de Barrie. En 1935, el cineasta y productor se planteó una adaptación. Cuatro años después, llegó a un acuerdo con el Great Ormond Street Hospital de Londres, depositario de los derechos de la pieza original.
Por desgracia, la Segunda Guerra Mundial retrasó los planes de Disney, quien no pudo asumirlos en términos creativos y financieros hasta 1950. En sus propias palabras, Peter es “un chico que puede hacer cosas muy extrañas: vuela sin tener alas, su sombra tiene vida propia y siempre tiene doce años, simplemente porque se resiste a crecer más allá de esa edad que tan cómoda le resulta. Y lo más notable es que sabe dónde está Nunca Jamás y cómo llegar hasta allí”.
Con el cuerpo y los movimientos del bailarín Roland Dupree y la voz de la estrella infantil Bobby Driscoll, Peter Pan saltó a la pantalla, donde se sirvió de una inquietante personalidad para atraer a Wendy. Una Wendy encarnada vocalmente por Kathryn Beaumont, quien luego prestaría su entonación a la protagonista de Alicia en el País de las Maravillas.
¿Y qué decir del Capitán Garfio? Sin duda, se trata de uno de los personajes predilectos de quien esto escribe. Fue el actor Hans Conried quien le brindó su voz y su gallarda gestualidad, completando una de las figuras más ambigüas y fascinantes en la historia del dibujo animado. Al decir del animador Frank Thomas, “Garfio fue una nueva clase de villano para nosotros.
Nunca antes habíamos caricaturizado tanto a un malvado. Podía ser despiadado, pero también causaba risa. Como animadores, estábamos cansados de los villanos pesados y amenazantes, al estilo de la Reina en Blancanieves o la madrastra en Cenicienta. Nos sorprendía llegar tan lejos con Garfio, y hacerlo tan divertido. En cierta forma, a partir de entonces cambió nuestra idea sobre los personajes de esta naturaleza”.
Campanilla se presentó ante la audiencia como una perversa bailarina de ballet, caprichosa y seductora. Perfilada en los bocetos de Marc Davis, ganó en dinamismo gracias al concurso de Margaret Kerry, cuyas poses y evoluciones sirvieron para otorgar verosimilitud al personaje.
Termino este recorrido por los créditos de la cinta con una alusión a la banda sonora. Las canciones, traducidas a un sinfín de idiomas, dan el tono de Peter Pan y lo convierten en una suerte de musical. Los responsables de esta feliz consecuencia son Sammy Cahn y Sammy Fain, autores de “You Can Fly, Your Can Fly, You Can Fly” y de “Your Mother and Mine”. “A Pirate’s Life” lleva la firma del libretista Erdman Penner y del músico Oliver Wallace, que se encargó asimismo de la partitura incidental. Frank Churchill ideó “Never Smile at a Crocodile” y “Tee Dum, Tee Dee” se debe a Winston Hibler, Wallace y Ted Sears. Claro que a los peterpanófilos este repertorio ya les resulta familiar, pero no está de más hacer memoria.
Obvio es añadir que todos estos comentarios no llegan a cifrar las impresiones que origina este clásico atemporal. Prueben a revisarlo. Crucen imaginariamente las nubes, atiendan a la llamada de ese rebelde pelirrojo y entenderán, sin esfuerzo alguno, cual es la genuina filosofía de esa bendita tierra a la que llaman Nunca Jamás.
Copyright © de la fotografía: Walt Disney. Reservados todos los derechos.
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