
Pierrot decide escapar de la aburrida sociedad en que se desenvuelve y viaja desde París hasta las costas mediterráneas acompañado de Marianne, una chica perseguida por varios asesinos a sueldo argelinos. Ambos se ven inmersos en una huída constante.
“Es, pues, una película en color –escribe Louis Aragon–. En pantalla grande. Que se distingue de todas las películas en color por el hecho de que el empleo de un medio en Godard tiene siempre un objetivo y comporta casi constantemente su crítica. No se trata sólo del hecho de que esté bien fotografiada, de que los colores sean bellos… Está bien fotografiada, los colores son bellos. Se trata de otra cosa. Los colores son los del mundo tal como es, ¿cómo se dice eso? Habría que haberse contenido: ¡Qué horrible es la vida! Pero siempre es hermosa”.
"Cuando se examina la obra de Truffaut –escribe Luc Moullet–, se corre el riesgo de dejarse atrapar por las constantes temáticas y psicológicas, enumerándolas, buscándolas sin parar. Todo invita a proceder así. Truffaut fue el primer crítico en catalogar sistemáticamente los puntos en común entre los diversos films de un cineasta que él defendiese. Se trataba entonces de probar, en los años 54-57, que directores como Hitchcock, Aldrich, Ophuls o Nicholas Ray eran también autores de películas, lo que muchos negaban. Y este catálogo aportaba pruebas irrefutables, mejores que cualquier otra aproximación. Normal pues que, para hablar del Truffaut cineasta, adoptemos un viejo principio imaginado por el Truffaut crítico. Aunque sea un poco tautológico: ¿cómo suponer por un sólo instante que el campeón de la política de los autores habría podido no ser él mismo un autor?" ("François Truffaut: La balanza y el lazo" / "La balance et le lien”, Cahiers du Cinéma, número 410, julio-agosto de 1988, traducción publicada por Filmoteca Española durante el ciclo dedicado a Truffaut).
"En Renoir como en Rossellini, en Guitry y también en Hitchcock –escribe Olivier Assayas–, lo que le atraía era el creador provocando en el seno de la industria las condiciones necesarias y suficientes para proseguir su obra siguiendo la línea recta de su inspiración, contra las ideas recibidas, contra las modas y a menudo, a pesar de los sarcasmos y el desprecio. Desde este punto de vista, la fotografía de Sacha Guitry –que se hizo célebre al propagarla Truffaut– en la que se le ve viejo, enfermo, sentado al borde de su cama delante de una moviola trabajando sin duda en su última película, es algo más que un emblema de coraje: es la imagen misma de un cineasta, entonces no se decía todavía autor, uniendo su vida a su obra. Hay aquí una lección de moral. Una ética " (“De Truffaut à Doinel”, Cahiers du cinéma, número especial, diciembre de 1984, traducción publicada por Filmoteca Española durante el ciclo dedicado a Truffaut).
Jean-Luc Godard · Italia, Francia · 1965 · Color · 110' · 35 mm
Dirección: Jean-Luc Godard
Guión: Jean-Luc Godard
Fotografía: Raoul Coutard
Música: Boris Bassiak, Antoine Duhamel
Montaje: Françoise Collin
Dirección artística: Pierre Guffroy
Productor: Georges de Beauregard
Intérpretes: Jean-Paul Belmondo, Anna Karina, Aicha Abadir, Pascal Aubier, Raymond Devos, Samuel Fuller, Jean-Pierre Léaud, Pierre Hanin.
Producción: Dino De Laurentiis Cinematografica, Rome Paris Films, Société Nouvelle de Cinématographie
Argumento: la novela Obsession, de Lionel White
Copyright de la sinopsis (en negrita) y de la ficha técnica (Publicadas con ocasión del ciclo dedicado a Truffaut en el IVAC) © IVAC La Filmoteca. Institut Valencià de l'Audiovisual i de la Cinematografia. Reservados todos los derechos.
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