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Mar05222012

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The-Cult-revista

Sherlock Holmes: películas

Sherlock HolmesPasaron trece años desde la última cinta en la que Basil Rathbone interpretó a Holmes hasta la siguiente aparición del detective en la gran pantalla. El motivo no es otro que la aparición y auge de la televisión.

En su poco más de medio siglo de existencia, la pequeña pantalla ha brindado grandes momentos a los seguidores de Holmes. No en vano, el formato de la teleserie es más propicio para la adaptación de los relatos de Conan Doyle. De hecho, el rival de Rathbone para hacerse con el título del mejor Sherlock Holmes es el televisivo Jeremy Brett.

Ya sea por la hegemonía televisiva o por la falta de interés de las productoras cinematográficas, las apariciones de Holmes en el cine desde los años cuarenta apenas superan a la decena.

La productora Hammer Films, famosa por sus cintas de género terrorífico y fantástico, fue la que tomó el relevo de la Universal. El director Terence Fisher realizó El perro de los Baskerville (The Hound of the Baskervilles, 1959): a priori, un éxito seguro.

Fisher se encuentra en su etapa más creativa, tras las obras maestras La maldición de Frankenstein (The Curse of Frankenstein, 1957) y Drácula (1958), y sin duda es el más indicado para sacar partido a los elementos fantásticos y terroríficos de la novela original.

Peter Cushing (El doctor Frankenstein y el profesor Van Helsing en las cintas mencionadas) interpreta al detective, André Morell da vida al Dr. Watson y Christopher Lee (La criatura de Frankenstein y el conde Drácula en los films mencionados) a Sir Henry Baskerville.

Completan el reparto numerosos rostros habituales de las producciones Hammer. Además, es la primera cinta del detective a todo color.

La productora se jacta de que ésta será la más fiel adaptación de la novela. Una arriesgada afirmación, teniendo en cuenta la magnifica versión de Rathbone, donde se habían hecho modificaciones imprescindibles que el propio Conan Doyle habría autorizado.

Sin embargo, las alarmas empiezan a encenderse cuando la misma productora promociona la cinta como un “sexy Sherlock”.

Por desgracia, el resultado final no está a la altura de lo anunciado, quedándose en una cinta poco más que correcta, con especial énfasis en los elementos macabros y truculentos.

El guión contiene multitud de adulteraciones respecto a la novela: cambios totalmente caprichosos y arbitrarios que no aportan nada de valor y que contribuyen a desvirtuar el conjunto.

Las interpretaciones no son demasiado llamativas, aunque Peter Cushing siempre ha ocupado un lugar destacado en la opinión de los aficionados. Posteriormente, volvería a interpretar al personaje en el ámbito televisivo.

Si la Hammer se frotaba las manos ante el filón que suponía un ciclo de películas de Holmes, el resultado cosechado les hizo desistir de rodar posibles secuelas.

Fisher y Lee volvieron a coincidir en El collar de la muerte (Sherlock Holmes und das halband des todes, 1962), coproducción franco-germano-italiana sobre la que pesa una pésima reputación.

Lee interpreta a un más que correcto Holmes, con el que guarda semejanzas físicas, y Thorley Walters, otro rostro habitual de la Hammer, está sólo pasable en su papel de Watson. Ambos están inmersos en una trama que implica a Moriarty en el robo de un collar que perteneció a Cleopatra. El guión es obra de Robert Siodmak, escritor de títulos como El hombre lobo (The Wolfman, 1941) y hermano del director Curt Siodmak.

Son significativas las escasas menciones a la película de Fisher. Algunos autores atribuyen a su ayudante gran parte de la dirección. Lo cierto, es que el rodaje se vio constantemente afectado por tensiones entre los distintos productores.

El guión sufrió reescrituras constantes sobre la marcha hasta volverlo casi ininteligible. El diseño de producción es caótico, mezclando vestuario y decoración victoriana con automóviles eduardianos; y es imposible escuchar las voces de Lee y Walters en ninguna de los versiones. De hecho, son doblados por actores americanos en la versión inglesa.

Los pobres resultados abortaron una secuela en la que iban a enfrentarse Holmes y Jack el destripador.

Christopher Lee volvió a interpretar a Holmes en varias películas para televisión en los años noventa.

Curiosidades del destino: el detective y el asesino en serie se enfrentaron en Estudio de terror (A Study in Terror, 1965), mediocre producción, anclada en la estética de los sesenta, que consigue que se esfumen las expectativas del espectador a medida que avanza el metraje.

Aquí Sherlock Holmes es interpretado por John Neville, cuya actuación que no levanta ni odios ni pasiones.

Existe una adaptación literaria del guión debida a la pluma de Ellery Queen, superior en todos los aspectos al film, publicada en España en la antología sobre Jack el destripador Jack el rojo (Ultramar).

Desgraciadamente, otro producto fallido fue La vida privada de Sherlock Holmes (The Prívate Life of Sherlock Holmes, 1970), del genial Billy Wilder, una cinta sobre la que los aficionados tienen opiniones encontradas.

En apariencia, se trata de un cariñoso homenaje a la creación de Conan Doyle, pero gran parte de las críticas negativas lo fueron por el tratamiento casi herético que hace de los personajes, con un aura de equívoca sexualidad.
Debido a esto, es recomendable disfrutar de la cinta con una perspectiva abierta y paciente, pues en el fondo se trata de una buena película.

Wilder concibió el proyecto en la década de los cincuenta como una comedia musical, aunque la imposibilidad de llevarla a cabo en el momento, conllevó diversas reescrituras hasta su materialización, a finales de los sesenta.

En un principio, Peter O`Toole iba ser Holmes, y Peter Sellers, Watson, lo que presagiaba los derroteros que iba a tomar la película. Finalmente, los elegidos fueron Robert Stephens como el detective y Colin Blakely como el doctor.

Según Wilder, su intención era explorar los espacios de la vida de Holmes que Conan Doyle había dejado en blanco con humor y respeto, pero sin reverencia. Pese a este deseo, lo cierto es que los personajes llegan a resultarle antipáticos al espectador.

La cinta narra la investigación que efectúan Holmes y Watson en busca de un ingeniero desaparecido, después de ser contratados por su esposa, a quien interpreta Genevie Page.

Todo ello queda aderezado con diversas anécdotas colaterales, y con un desenlace donde nada es lo que parece. La duración original era de casi tres horas.

En el guión original, figuraban dos casos que desaparecieron del montaje final. El primero se refería al asesinato de un marinero chino en una habitación donde todo el mobiliario se encuentra clavado al techo. Holmes lo esclarece rápidamente como una maquinación de Watson con el objetivo de sacar al detective de esa abulia que le hace caer en uso de la cocaína.

El segundo caso linda con la pura bufonada: Watson intenta resolver el asesinato de dos personas cuyos cadáveres están desnudos, en un camarote durante un crucero. El doctor confunde el número de camarote y lo que creía cadáveres desnudos, resulta ser una pareja dormida tras tener relaciones sexuales.

El estudio obligó a recortar la duración, algo que un viejo zorro como Wilder debía haber sabido. Sólo se han podido rescatar estas escenas de forma parcial y sin la pista de audio.

Lo cierto es que el proyecto era mastodóntico. Pese a lo abultado del presupuesto, hoy se ve como una frivolidad. El descalabro en taquilla fue mayúsculo. El motivo hay que buscarlo en el tratamiento de los personajes y en el irregular montaje final.

Al fin y al cabo, es una película de su época, y se produce cuando ciertos sectores de Hollywood reivindicaban las figuras de criminales o de personajes contra corriente, en un intento de arremeter contra los valores establecidos.

Algo de esto tiene la película, aunque está por ver el grado de intencionalidad y las causas de esa irreverencia de Wilder hacia Holmes (él mismo se declaraba amante de los relatos del detective).

El reparto incluye a Christopher Lee como Mycroft Holmes, el hermano mayor del detective, vinculado a las altas esferas británicas.

El detective y la doctora (They Might Be Giants, 1971) no es un autentico filme sobre el personaje. Se trata de una comedia sobre un enfermo mental (George C. Scott) que se cree Holmes, y su psiquiatra, la Dra. Watson (Joan Woodward).

No obstante, es una historia mucho más respetuosa con el espíritu original del detective, pese a que toma derroteros propios. Con todo, adolece de un final chocante e ininteligible, que diversos críticos han achacado a las escenas eliminadas del montaje.

La comedia es una fórmula habitual, y nociva, en los filmes de Holmes que se rodaron en los siguientes años. Así, El hermano más listo de Sherlock Holmes (The Adventure of Sherlock Holmes´ Smartest Brother, 1975) es una cinta en la estela de El jovencito Frankenstein (Young Frankenstein, 1974) de Mel Brooks. Ambas están protagonizadas y guionizadas por Gene Wilder.

Desgraciadamente, esta parodia de Holmes se queda en una mera bufonada, que con el hipotético concurso de Mel Brooks podría haber rendido resultados muy diferentes.

Curioso es el caso de Elemental, Dr. Freud (The Seven per Cent Solution, 1976), basada en la novela escrita por Nicholas Meyer, director de algunas de las entregas cinematográficas de Star Trek.

La novela es el pastiche que mayor éxito ha obtenido jamás: un autentico best seller a nivel mundial, cuya fama motivó su rápida adaptación al cine.

Meyer escribió el guión, que puede dividirse en dos partes: en la primera, vemos los estragos del consumo de cocaína sobre Holmes, y descubrimos que Moriarty (Laurence Olivier) es simplemente el antiguo tutor de Holmes, implicado en una infidelidad entre los padres de Holmes. En el delirio motivado por la droga, éste ha elevado a su progenitor (Nicol Williamson) a la categoría de archicriminal.

Watson (Robert Duvall), conocedor de los progresos del Dr. Freud (Alan Arkin) en la cura de las adicciones a la droga, trama un plan para llevar al detective hasta Austria y allí someterle a una desintoxicación.

En la segunda parte, el trío se ve inmerso en una intriga internacional que amenaza con desencadenar una conflagración mundial.

Pese al relativo respeto de la novela y la película hacia la creación de Conan Doyle, la cinta está emparentada con la de Billy Wilder, sobre todo por la reescritura que hace de Holmes y de su relación con Moriarty.

Al margen de esto, ni el libro ni la película son especialmente memorables desde el punto de vista creativo. Meyer escribió un segundo pastiche, Horror en Londres (The West End Horror), ambientado en el ambiente teatral londinense y donde aparecían George Bernard Shaw, Oscar Wilde y Bram Stoker, entre otros. Su adaptación quedó abortada con el descalabro en taquilla de Elemental, Dr. Freud.

A los completistas les interesará saber que Meyer escribió una tercera novela, donde enfrentó a Holmes con el Fantasma de la ópera: El ángel de la música (The Canary Trainer).

En 1978 llega a los cines otra comedia, El perro de Baskerville (The Hound of the Baskervilles), dirigida por Paul Morrisey, otrora director experimental vinculado a Andy Warhol. Todo quedó en una burda parodia. en el estilo de la serie de comedias británicas Carry on…

Los caminos de Sherlock Holmes y Jack el destripador volvieron a cruzarse en Asesinato por decreto (Murder by Decree, 1979).

A diferencia de Estudio de terror, este guión se adentra en las tesis conspiratorias que rodean a la figura del destripador, y defiende que los asesinatos fueron crímenes de estado provocados por el nacimiento del hijo bastardo del heredero al trono de Inglaterra.

El reparto está repleto de estrellas: Christopher Plummer (Holmes), quien antes había interpretado al detective en la televisión, James Mason (Watson), John Guielgud y Genevie Bujold, entre otros.

Sus actuaciones son de gran nivel. Pese a la anodina acogida de la crítica, la película se cuenta entre las favoritas de los aficionados, tanto por la construcción de la trama criminal –y eso que Holmes tiene que hacer una recapitulación para aclarar sus aspectos más confusos–, como por el retrato de Holmes y Watson. Una agradable sorpresa que cierra la década de los setenta, aciaga para los holmesianos.

Con la década de los ochenta, triunfa el cine espectáculo, cuyo máximo exponente es Steven Spielberg. A través de su productora, Amblin, Spielberg produce El misterio de la pirámide (Young Sherlock Holmes, 1985).
Esta incursión en la adolescencia de Holmes y Watson es una película familiar que respeta el espíritu de Sherlock Holmes. Además, la cinta fue pionera en el uso de efectos especiales por ordenador a cargo de John Lasseter, el alma de Pixar.

Misteriosos cultos esotéricos, venenos exóticos, guaridas subterráneas y unas gotas de drama son ingredientes indispensables en este cóctel. Tras los créditos finales –a menudo cercenados en los pases televisivos–, se produce una revelación trascendental para el futuro de Holmes.

En 1987 se estrenó una nueva comedia, Sin pistas (Without a Clue), con Michael Caine (Holmes) y Ben Kingsley (Watson). La premisa es que Watson es el verdadero detective y Holmes un simple actor. Como el grueso de las comedias sobre el detective, carece de mayor interés.

Desde entonces, la presencia de Holmes en la gran pantalla ha sido mínima. El estreno de la nueva versión dirigida por Guy Ritchie, con Robert Downey Jr. (Holmes) y Jude Law (Watson), devolvió al personaje a la máxima actualidad. Antes de su lanzamiento, ya comenzaron a circulan rumores sobre una secuela donde aparecería Moriarty, interpretado por Brad Pitt o acaso por Daniel Day-Lewis.

Dado que la cinta de Ritchie ya ha originado esa secuela (sin Pitt ni Day-Lewis), es obvio que asistimos al renacimiento de la franquicia de Sherlock Holmes. Maybe, the game is a foot, again.

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Sherlock Holmes en el cine I

Sherlock Holmes en el cine II

Sherlock Holmes en el cine III

Sherlock Holmes en el cine IV


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