La moda de las monster movies afectó a seres tan poco atractivos como las arañas. Esa espléndida cinta de Jack Arnold que es Tarántula (1955) da cuerpo a este temor arquetípico.
El cineasta de New Haven, criticado por aquellos que, aun alabando su habilidad como artesano, echan en falta un mayor riesgo formal en sus creaciones, demuestra en Tarántula una innegable capacidad para dar verosimilitud a anécdotas que, a priori, pudieran parecer demasiado pueriles.
Así, en esta película, el hallazgo de varios cadáveres humanos notablemente desfigurados y de los despojos de algunos caballos hace sospechar al doctor Matt Hastings (John Agar), que deduce que el culpable –directo o indirecto– es el doctor Gerald Deemer (Leo G. Carroll), un científico que experimenta un nuevo preparado nutritivo que acelera el crecimiento.
Como era de esperar, la causante de las muertes es una tarántula espectacularmente desarrollada a causa de esta sustancia.
"Jack Arnold –escribe Francisco Montaner–, uno de los clásicos del cine fantástico, abordó por aquellas fechas un argumento que resultaba bastante original e interesante. La película realizada con admirable seriedad y corrección, nos descubre el peligro que puede Ilevar a un científico, con la mejor buena voluntad, el experimentar sobre elementos desconocidos. El verdadero protagonista de la película es un nutritivo sintético que acelera, en forma total e incontrolable, el crecimiento de los vegetales y, por supuesto, de los animales. La tarántula, sobre la que experimenta el doctor Deemer, logra escapar de su jaula de cristal a raíz de una pelea que sostiene el investigador con sus colaboradores. (...) La repulsión que, de forma instintiva, suelen producir las arañas hace que el espectador se encuentre realmente incómodo ante la idea, bien traducida en imágenes, de que aquella enorme tarántula, agresiva y superpoderosa, pudiera llegar a ser real. La secuencia en la cual vemos el pueblo vacío por completo –las fuerzas de seguridad lo han evacuado–, y la enorme araña deambular por entre Ias solitarias calles, es estremecedora" (Terror Fantastic, nº 17, febrero de 1973)
Muchos fueron los seres inferiores que sufrieron drásticas mutaciones en la posterior historia de la fantaciencia cinematográfica. Las avispas gigantes de Monster from Green Hell (1957), de Kenneth Crane, las descomunales sanguijuelas de los pantanos de Florida de The Giant Leeches (1959), de Bernard L. Kowalski, o la mujer trocada en avispa de The Wasp Woman (1959), de Roger Corman, son sólo algunos de los tantos ejemplos que desafiaron las reglas de la biología desde las pantallas de los cines de la época.
Incluso el propio Jack Arnold, atrapado por una moda que él mismo había iniciado, revisitó el universo de los invertebrados mutantes con The Monster on the Campus (1958), una mediocre cinta que narra las desventuras de un científico que, al herirse con un objeto procedente de un antiguo yacimiento, se transforma en un enorme insecto.
Director: Jack Arnold
Producción: William Alland
Guión: Robert M. Fresco, Martin Berkeley, a partir de un argumento de Ray Bradbury
Reparto: John Agar, Mara Corday, Leo G. Carroll
Música: Herman Stein
Fotografía: George Robinson
Montaje: William Morgan
Distribución: Universal International Pictures
Fecha de estreno: 14 de diciembre de 1955
Duración: 81 min.
Idioma: Inglés
350 días atrás
376 días atrás
2329 días atrás
421 días atrás
1572 días atrás
431 días atrás
2351 días atrás
1908 días atrás
1558 días atrás
326 días atrás
475 días atrás
4866 días atrás
519 días atrás













































































