Impostación, lectura y respiración
El desarrollo de la voz implica tres materias a la hora de enfrentarse a cualquier texto: la impostación, la lectura y la respiración.
Comencemos por el primero: la impostación. La insistencia de la “colocación de la voz” pasa por fortalecer el diafragma con la finalidad de que la voz no se quede en la garganta o en la nariz.
Para ello, los profesores insisten en una serie de ejercicios que, para no alargarnos, podemos resumir en dos: la inspiración del aire por la nariz en cuatro pulsaciones, la retención en dos y la expulsión de ese mismo aire en doce pulsaciones por la boca. Todo ello con el fin de trabajar la retención y la expulsión del aire por el diafragma.
Y un segundo ejercicio, en el que caminando, se repiten los pasos anteriores, pero esta vez, soltando el aire con el sonido “mu”. Esto hace que el aire vibre y ayude a la colocación de la voz, a la vez que se trabaja la resonancia, entendida como esa prolongación del sonido tan útil a la hora de enfrentarse al doblaje de una escena.
Para saber que se está haciendo correctamente el ejercicio, la vibración no ha de sentirse en el pecho, sino en la nariz y en la punta de los labios.
Impostar la voz es situarla de forma perfecta, regular y fluida.
En cuanto a la lectura, todos los ejercicios están dirigidos hacia una clara articulación. Para ello se suele trabajar sobre un texto desde múltiples variantes. Desde su lectura sin emitir ningún sonido, ayudando así a forzar los movimientos faciales de los labios, lengua y mandíbula; hasta su lectura con los dientes apretados… algo preferible, desde mi punto de vista, al manido ejemplo de morder un lápiz mientras se lee. También se plantea una lectura que marque excesivamente las vocales, atendiendo a los signos de puntuación, o bien remarcando los sonidos consonantes.
Uno de los trucos más útiles consiste en comenzar con un buen bostezo cualquier lectura. Con ello se relaja la mandíbula y se está preparado para una óptima vocalización.
La respiración es otro punto esencial y su práctica requiere constancia y ritmo. La respiración, con la inspiración por la nariz y la espiración por la boca, es necesaria para el dominio del aire, a la vez que sirve como ejercicio de relajación.
Para saber que estamos realizando una correcta respiración, debemos tener los hombros totalmente quietos y notar cómo es el abdomen el que se contrae y se relaja.













































































