Los pioneros del cine de ciencia-ficción reflejaron los grandes temores de su tiempo. Por si no bastasen invasiones allende el océano, hubo quien soñó con catástrofes procedentes del espacio exterior.
El mismo año que el cometa Halley surcaba cielos cercanos a la tierra, una producción de la Kalem reflejaba los apocalípticos resultados que el impacto de un meteorito produciría sobre nuestro planeta.
The Comet (1910), que así se titulaba la película, bebía de dos fuentes: por un lado se inspiraba libremente en una novela de Camile Flammarion titulada La Fin du Monde, y por otro se basaba en fenómenos reales como la catástrofe ocurrida en Tunguska durante la alborada del 30 de junio de 1908, cuando una enorme bola incandescente arrasó 2000 kilómetros de bosque, causando una onda de choque que conmovió un vastísimo territorio de Rusia y aun de la Europa más occidental.
La moda del cine de catástrofes se extendió con rapidez, brindando la ocasión a los espectadores de la época de ver películas como The End of the World (1916) o The Comet's Come-Back (1916).
Tampoco escasearon las producciones en las que aparecían robots, por lo general creados por sabios de perversas intenciones.
La lista incluye títulos como Mechanical Mary Anne (1910), The Mechanical Husband (1910), The Mechanical Man (1915) o el serial The Master Mistery (1918), protagonizado por un autómata que lanza unos letales rayos eléctricos.
Entre tanta producción, destaca de cuando en cuando algún título magistral. Precisamente hacia 1920 se rodó en Alemania una obra de estas características, Algol, con Hans Werkmeister al otro lado de la cámara y Emil Jannings en la piel del terrícola que es tentado por Algol, el maléfico extraterrestre de la Estrella del Diablo que obsequia al humano una máquina capaz de concederle todo aquello que cruce por su imaginación.
Como resulta ya clásico en el género, el protagonista obtendrá del artefacto en cuestión más desgracias que beneficios.
Si las primeras sombras del nazismo teñían ya la obra de realizadores como Otto Rippert, otras cinematografías reflejaron igualmente los horrores que al cabo de unos años habrían de escenificarse en los campos de batalla de todo el mundo.
La desazón que en el americano medio imbuía el llamado peligro amarillo (el miedo racista a una invasión desde Oriente) fue aprovechada comercialmente por el magnate William Randolph Hearst, quien encargó a Louis Joseph Vance la escritura de Patria, un serial llevado en 1916 de la prensa a la pantalla grande.
El demencial argumento relataba la invasión de los Estados Unidos por un ejército formado por tropas japonesas y mejicanas al mando del pérfido Barón Huroki. La misma linea panfletaria habría de seguir The Yellow Menace (1916), aunque en esta ocasión el dictador oriental –interpretado por Edwin Stevens– se llamaba Ali Singh, un curioso hermano de sangre de Fu Manchú.
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